Todo lo que siempre oigo es a mí mismo, derramándome de mí.
Voy destinándome con trozos de esfuerzos, a lugares inaccesibles,
donde no puedo llegar.
Y así cuando están mis sufrimientos artos y apretujados
es cuando comienzo a jurar, por alguien que ya no tengo,
por alguien que ya no está.
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