Cuando unes la flor con su olor, existe también un susurro, algo que se escapa, que se va, como si así se llamara la distancia.
En el momento en que te diste cuenta, ya estaba lejos de ti; ya estabas sin mí…
Deseo un cielo donde se vea tu voz, para hacer el conjuro de dioses. Así podría abrigar al llanto, para que no apague la luz; para que exista en tus días mi canción…
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