La vuelta del verdugo

La vuelta del verdugo

LeónRots

10/06/2026

por LeónRots.

¿Estás escribiendo o estoy escribiendo?

Alguien escribe. Suena mejor.

¿No creen?

El mate se enfría. Eso sí que es posta.

Uno dice que empieza, pero ya empezó hace rato. El otro dice que no, que esta vez es distinto.

Yo digo que es mentira.

Uno siempre dice lo mismo, incluso antes de decir algo importante, como si anunciarlo lo hiciera más real o más verdadero.

El otro busca el hilo y lo encuentra, pero no lo sigue. Después dice «Lo perdí».

Yo digo que eso le gusta, porque es más trágico, más limpio, pero no es verdad.

Está enroscado. Lo está pisando. Lo tiene ahí, entre las manos, mientras escribe que no está y que se perdió.

¿Eso también es escribir o no? 

No estoy seguro.

La ciudad sigue igual o peor. O mejor, dice uno. Depende de cómo se la mire, responde el otro.

Yo digo que la frase es bastante correcta, pero inútil.

Uno la deja. El otro no sabe si suma o si resta, por eso la deja.

Yo digo que la saque. Nadie responde.

Y se queda como casi todo.

Uno acumula y acumula. El otro habla de edición y de autocrítica.

Yo digo que no es contradicción. 

Es demora. Es tiempo, para qué; no sé y lo peor es que tampoco sé, si ellos lo saben.

La planta de maracuyá se estaba muriendo y ninguno la vió.

Yo tampoco.

Las flores amarillas que nacieron, el día que murió su perro, en cambio. 

Eso sí lo vi.

Ellos lo escriben igual, porque suena bien, porque puede que haya belleza en todo eso.

Y tal vez sí la hay, porque fue verdad.

O porque quizá alguien lo habrá dicho mejor alguna vez.

«Eso no es nuestro, dice uno»

«Nada es mío, dice el otro».

Yo hago silencio.

Y ahí, empiezan a dudar, pero no por la frase, por lo que eso implica.

Igual siguen y siguen.

Uno se ceba otro mate. Dice que ese gesto lo calma, por eso lo escribe.

Yo no veo que lo calme. Le da algo de tiempo, que es distinto.

El otro pensó en morirse una vez. Piensa y lo seguirá pensando. Eso no cambia mucho.

Yo le digo que no dramatice.

«No estoy dramatizando, responde».

Está escribiendo sobre eso.

¿Es lo mismo o no?

El chiste aparece siempre en el mismo lugar. Un segundo de más, como si alguien lo soltara desde otro lado.

¿Ese chiste no es suyo o sí?

No importa. Igual funciona.

Entonces lo dejan.

Uno corrige una frase. La da vuelta y vuelta, varias veces. Después la vuelve a poner como al principio, y después de un rato la borra.

O mejor aún, le prende fuego sin transcribirla.

Le gusta ese error y le dice estilo.

Yo también…

A veces. Otras no.

El gato negro los observa, eso es seguro. Siempre lo hace. No opina, por eso nos sirve. El Buda de resina, en cambio, hace silencio. 

No dice nada.

Ellos tampoco, en realidad.

Todo lo estoy diciendo yo.

Ellos dicen que no es así.

«Yo estoy escribiendo, dice uno».

El otro lo repite, enfatizando ese «yo» como si fuera importante, y sin embargo le pone comillas.

Y puede ser que importe…

Entonces dejo que sigan.

Uno dice que es demasiado viejo para morir joven. Esa frase le gusta y se nota.

El otro la lee, una y otra, y otra vez. Después la acomoda, la borra y finalmente la vuelve a escribir. 

Y funciona.

Yo digo que la dejen. 

Ellos responden: «Bueno, entonces la dejamos».

Ahí coincidimos, y eso es raro, che. Algo no está bien cuando los tres coincidimos y ellos lo saben.

Cuidado…

La última parte siempre les cuesta. Uno quiere cerrar, pero no sabe cómo. Nunca lo supo, en realidad.

El otro prueba con una verdad a medias. O al menos eso dice. No lo convence del todo, por eso intenta con una imagen. Tampoco. Finalmente prueba una frase fuerte.

Ninguna alcanza, ninguna es digna. Ninguna es suficiente.

Yo le digo que terminen de una puta vez. Algo aburrido y cansado.

Uno responde que no quiere. O que no puede, en realidad.

Entonces le digo que continúe, pero hace varias líneas atrás que ya terminaron, sin darse cuenta, como siempre.

¿Ya no hay laberinto o sí?

Pero no es ese; el que ellos creen, eso es seguro.

Mejor, sigan ustedes.

Yo miro, yo observo…

O escribo.

Ya no estoy muy seguro de eso.

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