Soy la encarnación
De la ternura en la tierra
Como un peluche viviente,
Un resorte andante
Por la alegría de vivir,
Por el gozo de existir.
Un faro fluorescente
En la noche de la imaginación,
Y por felpa tengo la hermosura
La lírica femenidad y la dulzura
En su más rara expresión.
Intentar dañar
A tal milagro de la creación
Que besa sin boca
Que baile sin sangre
Que respira aun sin aire
Que regala sus partes
-Ya todas faltantes-
Para que hagas tu canción,
Deberia ser un pecado mortal
Que se redima con la muerte
De quien el mal porte
Como bola y cadena a sus pies,
Y use sus manos para romper
Los huesos sacros
De los muñecos de carne
Como arpas para componer
La obertura de la destrucción.
Julieta Iallorenzi
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