Nací fascinada y afectada
por la flora y fauna desde la infancia
y quise mas que solo recolectar
su belleza y voracidad para homenajearla
así que figuré y figuro en mi mente
y en garabatos que datan de décadas,
conjunciones utópicas de plantas-personas
(la insignia de esto es la portada
de mi poemario »Enredadera»)
comparando sus morfologías,
a tal punto de revestirme de floripondios
para demostrar los puntos de encuentro
entre los distintos reinos (vegetal/animal).
Así como cotejar personas-animales
comparando sus cualidades básicas,
(los instintos de cada animal
alojados en nuestro Ello o mas bien
en la parte primitiva de nuestro cerebro)
y aflorando/despertando
en momentos de pasión/euforia
el instinto del animal que encaje
con nuestra personalidad.
En las utopías frutales fui notando
como la salvia se asemeja a la sangre
y que por lo tanto moras y personas
se desangran similares, viendo
los tallos como brazos,
y las raíces como piernas.
Percibiendo que vivimos
pisando cadáveres de la flora,
como las hojas otoñales,
con la misma sensibilidad
que una demoledora acabaría
con nosotros como hormigas,
así como aplastamos insectos
con la misma indulgencia
que un Nephilim (gigante)
tendría por nuestra existencia.
En mis observaciones fui notando
como raíces, ramas, rayos,
colas de galaxias, venas y dendritas
neuronales son iguales,
lo que para mi afirma que somos
solo un mini-recipiente (microcosmos)
de astrales magnitudes (macrocosmos)
y nos conforma polvo de estrella
dentro nuestro, yace en nosotros
todo lo que porta el universo.
Saben que veo los ámbares, ópalos
y obsidianas como taxidermias naturales
que a su vez funcionan de sarcófago
ambiental y resguardan especies
como bio-capsulas ecológicas.
Ellos son un contenedor de eternidad.
Saben que yo no soy la mae natura
y no he creado sus moras, sus hojas,
sus girasoles ni sus ámbares,
pero si cree un sub-mundo propio
en el que le di a todas sus ofrendas
un intimo significado,
un garabato lirico
de lo que aun no fue explorado…
La personalidad es un sello
que no puede ser adulterado,
y la usina de la creatividad
es una olla de la cual
su tesoro no puede ser hurtado.
Descubro las galaxias
tan solo mirando mis huellas dactilares.
Eso es para mi el arte.
Años más tarde, los científicos afirmaron
lo que para mi hasta ese entonces eran sueños,
lo que me hizo entender que no existe
nada más surrealista que la propia realidad
y que si se besa la evidencia con la clarividencia,
de toda imaginación surgirá su manifestación.
Todo esto quienes que me conocen ya lo saben,
y para los que no, les doy la bienvenida a mi planeta,
la única condición es abandonar
toda hipocresía enmascarada antes de entrar.
Julieta Iallorenzi
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