Hay un desorden de recuerdos.

Antes que el silencio me vuelva un extraño, quisiera decir que lo que pasa dentro de mí es mucho más ruidoso de lo que ves por fuera. Hay un desorden de recuerdos, miedos y preguntas que chocan entre sí como trenes en una estación abandonada. Desde afuera parezco quieto; por dentro, en cambio, hay un vendaval.

Tal vez la madurez consista en aprender a caminar llevando ese estruendo sin convertirlo en un espectáculo. Sonreír mientras el alma discute consigo misma. Seguir adelante aunque las grietas hagan ruido.

Porque las personas no siempre se rompen con un grito. A veces se quiebran en silencio, y el mundo, distraído, confunde esa calma aparente con fortaleza. Sin embargo, hay batallas que sólo se libran hacia adentro, donde nadie aplaude, nadie juzga y nadie alcanza a escuchar el verdadero ruido del corazón.

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