Abro los ojos.
Es familiar, es extraño.
Estoy en el umbral de la puerta, pero no pienso en salir.
Lo que veo afuera me llena de indecisión.
Podría volver a la cama, y olvidarme de todo, sentirme seguro en mi falso confort.
Es tan fácil engañarme… ¿Aun sigo dudando?
Vuelvo la mirada atrás, a ese hogar donde la mentira me saluda desde la mesa.
Ahi esta, esperándome, una silla, un taza caliente, un aroma fresco, un luz tibia…
Todo limpio, todo ordenado, todo preparado incluso para invitados.
Es una bienvenida cálida …
Pero no es para mi, no es para nadie. Quiza fue… para alguien que estuvo.
Aun asi, ya no pienso en volver la mirada.
Cierro la puerta.
Al dirigirme a mi asiento en la mesa pienso en un circulo.
Ya conozco la entrada, ya conozco la salida, tantas veces las he recorrido y vuelto al principio…
Las paredes son testigos de la verdad de mis pensamientos, de mi creciente rendición, de la tranquilidad en mis pasos.
Quiza ya estoy aceptándolo…
Este lugar es mi refugio, mi nuevo hogar, todos los presentes … mi nueva familia.
Tomo el pan de la mesa, donde no ahi nadie mas sentado a parte de mi.
Y sonrió …
El cuarto detrás de mi
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liminal
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