De un tiempo a esta parte, la palabra PAZ se ha identificado siempre como la ausencia de guerra, de confrontaciones y hoy en día, si cabe, está más presente: ¡NO A LA GUERRA! se grita, se escribe en las pancartas, se recogen firmas, se mueven flotillas con víveres y con personas hacia los diferentes frentes de guerra de conflictos.
No quiero referirme a este tipo de PAZ, ni siquiera quiero hablar de este tipo de GUERRA en la que estamos envueltos en estos momentos.
Quiero centrarme en la PAZ del espíritu, en la PAZ interior, que nos lleva a ir por la vida con una sonrisa o sin ella pero siempre dispuesto a tener un comportamiento pausado, sereno, tranquilo que además se transmite. Como decía aquel autor del siglo XX: «Tenemos que ser sembradores de PAZ y de ALEGRÏA». Para conseguirlo hace falta la GUERRA, la BATALLA interior de cada uno.
Algunos y algunas ya tenemos unos años y vemos las cosas desde otra perspectiva y al menos a mí, me llama poderosamente la atención ciertos comportamientos, el exceso de agresividad en algunas personas, en la forma de hablar, de exponer las ideas y de tratar de imponerlas.
No se escucha, antes de que termine alguien de explicar o argumentar sobre algún tema, el que sea, ya hay otra persona en la reunión o en el trabajo que le corta para contar lo suyo. La paciencia, la empatía, la escucha activa, a veces brilla por su ausencia.
No digamos si el tema es espinoso, porque tenga tintes políticos o religiosos o de otro tipo. Siempre se ha podido opinar, desde el respeto a las ideas de los demás y no hay por qué llegar a la confrontación, tú tienes tus ideas (son tuyas y deben ser respetadas, aunque a veces no compartidas) y los demás tienen las suyas igualmente respetables. Es una pena que tengamos que evitar en reuniones de amigos, compañeros o familiares algunos temas para que no se enfade nadie.
Se me viene a la cabeza esas tertulias que tenían los grandes pensadores de principios del siglo XX en una cafetería, se juntaban, hablaban, cada uno opinaba y aportaba su punto de vista y todos se enriquecían con cada aportación, tendrían sus más y sus menos pero no iba más allá. No me consta que hubiera discusiones acaloradas o que se fueran de la reunión por discrepancias. Gracias a ello tenemos un legado importante.
Iba a escribir sobre la IRA, pero me pareció más positivo hablar de PAZ y ALEGRIA, esta última es una consecuencia de la primera.
El sábado estuve con un grupo de amigos, nos reunimos una vez al año, nos conocemos desde hace cincuenta años, nos tomamos unas cervezas con sus tapitas y lo que más hicimos, al menos yo, fue hablar y escuchar a los que tenía al lado y noté que había mucha PAZ y mucha ALEGRÏA en ellos.
Está en nosotros dejarnos llevar por la corriente, ser uno más del montón, o ir contra corriente y revelarnos aportando nuestro granito de arena allá donde estemos, siendo sembradores de PAZ y de ALEGRÏA, que tanta falta hace.
Otro escritor famoso del siglo XX dejó una frase lapidaria y enriquecedora: «Siempre alegres para hacer felices a los demás».
PAZ y ALEGRÏA a los hombres y mujeres de buena voluntad.
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