CARTA ESCRITA A MIS NIETOS

Hola, queridos polluelos.

¿Sabéis que al llamaros polluelos he hecho una metáfora? Claro, hay una semejanza figurada entre vosotros que sois niños y los polluelos que son crías. No es que “literalmente”, seáis polluelos. No, al compararos con polluelos esta metáfora está sugiriendo ternura, cuidado y protección, como un ave que cuida sus polluelos.

Cuando yo era pequeño, en mi pueblo había un hombre que le gustaba mucho la poesía. Escribía muchísimos poemas. En la poesía se utiliza mucho la metáfora y, como es lógico, él se inventaba muchas en sus versos. La gente decía: “Mira, se le caen las metáforas de los bolsillos”. La gente, a lo mejor sin saberlo, usaba una hipérbole, porque eso es una exageración.

La verdad es que tenía siempre la cabeza en las nubes, que, curiosamente, es una metáfora de uso común (está siempre distraído) y una hipérbole
porque es una exageración tenerla tan arriba.

¿Os habéis fijado en esa metáfora que habla de Tántalo? Es un personaje de la mitología griega. Algún día os contaré su historia.

Un amigo mío vio una película de Hércules, el héroe forzudo de la mitología griega, y se puso a hacer gimnasia y a levantar pesas todo el día porque decía que quería ser tan fuerte como Hércules (vaya eso es una comparación o, más finamente, símil) pero solo consiguió ser feo como un simio (no por la gimnasia, pues era feo de nacimiento), sino porque además al ensanchar se achaparró y el peso que levantaba terminó por curvarles las piernas. (¡Ah!, y fijaros que similitud
viene de símil).

A otro amigo le llamábamos Anti. Siempre se estaba inventando tonterías del tipo: “Ruge como una gacela” Nosotros nos reíamos y le decíamos: “¡Pero cómo va a rugir una gacela! ¡Estás ‘chalao’!” Y él nos replicaba, muy sabihondo: “Es una ANTÍTESIS”. Y se estiraba muy estirado, atusándose el bigote que no tenía, como hacía don Cipri, nuestro profesor de Lengua, lo que nos provocaba mucha risa.

Otras veces decía: “Se encendió el día en plena noche” y, antes que le dijéramos que estaba ‘chalao’, seguía: “Es una ANTÍTESIS”. Entonces encendía la luz del porche de su casa, donde estábamos jugando, porque ya había oscurecido. Esta broma la repetía siempre que íbamos a su casa, y siempre nos daba risa.

Es que ¡había que ver las imitaciones que hacía! Por ejemplo, cuando quería imitar al profesor de Matemáticas, siempre tronaba: “¡Súmame esa resta! ─una pausa y─ ¡Es una ANTÍTESIS!
Esas veces hacía una mezcla de imitación de los dos, literato y matemático, y nos partíamos de risa. La verdad es que don Seve, el de mates, tenía más bien la voz baja y monótona, y nunca gritaba. Pero ¿sabéis que era imitar su voz con un trueno? Pues ¡una Antítesis!

El mote se hizo popular y hasta los mayores al cruzarse con él le decían: “Adiós, Anti” y él podía replicar algo así como: “Me voy sin haber venido” y, en cuanto el mayor pasaba, se ponía a imitar su manera de andar. Pero estas imitaciones le valieron algún pescozón que otro.

Por cierto, ya que me ha dado hoy por las figuras literarias, ¿recordáis este párrafo?: “En seguida, se oyó un prolongado y ronco estruendo que hizo temblar los cristales y hasta parecía que retumbaban las paredes. “¡El trueno!”, dijo el profesor con voz profunda y cavernosa, como si quisiera imitar su ruido.” Es del cuento “El niño de los Cedros”. Os habéis fijado cuantas veces se repite el sonido erre, también la t y la m o n. Eso es una aliteración y con este truco yo imitaba el sonido de la tormenta. Vaya miedo daba el cuento, ¡eh!

                            ¡Relámpagos, truenos y nubarrones! →→→→→→ ALITERACIÓN

De pequeño tuvimos un profe que era un poco ‘cabrito’ (¡Uy! He dicho una palabrota, perdón, pero es que lo era. Pero vosotros no la repitáis). Nos ponía exámenes difíciles que duraban una hora, y cuando quedaba todavía un cuarto de hora empezaba a decir: Tictac, tictac…, para ponernos nerviosos. Anti, que era muy ingenioso como ya habéis visto, dijo un día: Pues yo le daba a don Tictac con el péndulo de un reloj de pared en toda la cocorota, ¡gong, gong! Así que en el siguiente examen que nos hizo, cuando empezó con sus tic-tac, tic-tac, toda la clase empezó gong, gong… Nos costó una expulsión y suspenso general ipso facto, ¡pero qué a gusto nos quedamos!

No hace falta deciros que esa fea palabra que antes he escrito es otra figura literaria: epíteto.

Incluso podríamos decir que ‘don Tictac’ es un epíteto irónico

¿Y que serán tictac y gong? ¡Lo habéis acertado! Onomatopeyas. De estas las hay a puñados y en los comics estaréis hartos de verlas.

Otro de mis amigos de niño era Nito. Era larguirucho y cabezón. Por eso algunos le llamaban ‘Cerillo’. Era tranquilo y afable, nunca se enfadaba por nada. Y tenía mucho sentido del humor, las personas inteligentes suelen tenerlo, y él lo era. Tenía muchas ocurrencias, por lo general juegos de palabras, que nos hacían reír, aunque a algunos les costaba entenderlas y se reían al rato, cuando ya estábamos hablando de otra cosa. En esas ocasiones, terminábamos riendo dos veces pues se nos contagiaba la risa tonta de los tontos. Una vez, don Cipri, el de Lengua, le preguntó en clase: “A ver, Nito, dime un ejemplo de paradoja”. Y él le contestó: “Yo”. “¿Cómo que tú?” saltó don Cipri, todo mosqueado. “Sí, yo, porque por mucho que me rasquen, nunca me enciendo. Y soy un cerillo. Es paradójico, ¿no?” Todos soltamos la risa, incluso don Cipri. La anécdota se corrió por todo el pueblo haciendo sonreír a todo Alcázar. Fue su ocurrencia más famosa y dejó constancia de su gran sentido del humor y su carácter, capaz de reírse hasta de sí mismo.

Por cierto, ahí hay escondida otra figura literaria muy importante. Sí, tiene un nombre raro: sinécdoque, pues se usa el nombre del pueblo, Alcázar, para referirse a la gente del pueblo. Toda Alcázar = toda la gente de Alcázar. Y ¡premio para quien encuentre un epíteto, o más!

Tiene un nombre raro, pero se usa muchísimo, aunque la mayor parte de la gente que lo escribe o lo lee no sabe cómo se llama. Y, en el fondo, sólo es el truco de llamar a una cosa por el nombre de otra con la que se relaciona. Pero, uf, que rollo, ¿no?

Y otra cosa, os voy a dar un truco para que sepáis cuándo se escribe ahí; cuándo, hay; y cuándo ¡ay!

Se me olvidaba. Un día vino a Alcázar un mago hipnotizador. Todos los chiquillos y los no tan chiquillos estábamos deseando ver la actuación. Empezó con sus números de magia. Mucho pase mágico por aquí, mucho pase mágico por allá, pero, la verdad, los trucos eran normalitos. A nosotros no nos importaba demasiado porque nos divertían y hacíamos ‘¡Ooooh!’, con un poco de guasa, aunque el mago no parecía notarla y no paraba de hacer reverencias cada vez que le aplaudíamos. Luego anunció, muy serio, que iba a comenzar la sesión de hipnosis, pidió un voluntario y Nito se ofreció el primero. Cuando subió al escenario, Mr. Mandrake soltó un ‘¡Vaya, qué gran cerebro!’ para burlarse del cabezón que tenía Nito, pero no sabía con quién se metía y Nito le replicó al instante: ‘Para llenar el vacío escenario’, con lo que le llamó tonto delante de todos. El teatro entero rompió a reír y a aplaudir, mientras Mandrake (¿qué otra cosa podía hacer?) no paraba de inclinarse saludando al público. Fue el momento más notable de toda la actuación teatral.

En el párrafo anterior tenemos una metonimia: Mr. Mandrake, el famoso personaje de tebeo, se utiliza para designar al mago, aunque con un toque de ironía. Ya veis, puede ocurrir que una figura literaria pueda ser de más de un tipo a la vez. También podemos encontrar en ese párrafo algunas sinécdoques. Por ejemplo, “¡Vaya, qué gran cerebro!”, en la que una parte, el cerebro está designando a toda la cabeza, o “El teatro entero
rompió a…”, en la que con teatro se dice público. Y aún hay otra sutil e irónica metonimia en “Para llenar el vacío escenario” en la que, con esa fórmula, Nito se refería a la falta de habilidad del mago. De nuevo dos figuras literarias a la vez: metonimia e ironía.

Ahora me he acordado una de las cosas que más le divertía decir a vuestro bisabuelo Esteban. A vosotros también os gustan este tipo de adivinanzas. La del bisabuelo era: “En este banco están sentados un padre con su hijo. El hijo se llama Juan y el padre ya os lo he dicho.” Si encontráis la solución es que habéis hecho un calambur, que es el nombre de una figura literaria que consiste precisamente en eso.

Hay otro montón de figuras literarias, pero ya no os aburro más. Sólo os digo un truco para no cometer la falta de ortografía de escribir “a” (la preposición) cuándo es “ha” (el verbo): cuando detrás viene un participio [(ado o ido (regulares); o ito o icho (irregulares)], se trata de un pretérito perfecto de un verbo y va con hache. Y lo mismo ocurre con “e” (conjunción) y “he” (verbo).

¡Ea!, ya os he escrito un rollo de carta, pero como la tita no la ha enviado, os la doy en la mano. Muchos besos del abuelito enrollado.

P. D.: Enrollado es una palabra polisémica, tiene más de un significado, o bien el abuelito es un tipo enrollado en el sentido de que es divertido, o es un tipo pesado que se enrolla al contar una cosa. A lo mejor, se puede ser las dos cosas a la vez, ¿no?

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS