por LeónRots.
Y vuelve la muerte, un miércoles cualquiera.
No descansa, insiste en volver una y otra vez.
Y la vida continúa, vacía, sin sentido, bajo el peso de su paciencia.
Después, el agua y el abismo hacen lo suyo.
Una chispa se extingue sin retorno en la profunda ausencia de lo infinito y a mí no me queda más que silencio, hasta quién sabe cuándo.
Y vuelve la lluvia o será el alma oyendo caer las lágrimas.
Una gota cae y una parte se diluye, se pierde en el marrón de sus ojos.
La otra mitad queda temblando en los ositos de su chaleco;
después se filtra bajo su pelaje, muerde, transforma, se revuelca, armoniza y finalmente se ahoga en el número nueve.
Ahora duerme entre pétalos de sal y plumas de tinta y de papel, donde crecen orquídeas desde el sol en un ritual claro de luz.
Sin embargo, desgarra la página del otro lado, dando pasos, correteando, sin saber si regresar o inaugurar un misterio de colores amarillos.
Ahora juega a que es un pájaro,
un puente, un salto al ocaso, una foto que se eterniza en la piel y en la memoria.
En tus años cachorros.
Ahora la ternura saborea una empanada, una tortilla frita, una porción de pizza y algún huesito.
Y una prueba de sentido común se vuelve tolerancia.
No hay violencia salvo la de los hombres. No hay amor salvo por los animales.
Si la mano que escribe erra el trazo, el olvido se abisma y se vuelve quimera.
Si alguien al despertar recuerda un poema, el concepto de muerte pierde peso y la vida amanece sobre la superficie de las cosas simples.
Si nacen flores amarillas, cielo y tierra, al fin, se equilibran.
Y esta grieta ya no es una herida.
Es una parte tuya todavía latiendo, babeando y mordiendo,
olfateando y destrozando el silencio…
Salvándome cada mañana.
OPINIONES Y COMENTARIOS