En la mitología greco-romana, el origen del mal no fue un episodio casuístico, fue el caballo de Trolla de los dioses. Pandora —la que Zeus moldeo con barro y los dioses restantes le dieron algunos dones; la belleza y curiosidad, entre otros— no es una casualidad: La jarra sellada y llena de males, era una trampa. Zeus sabía que la única manera de garantizar la apertura era prohibirla.

—No la habrás, le recalcó a la bella Pandora.

Ella abrió la jarra. Ese gesto es equivalente al primer acto de desobediencia. De la jarra se escaparon los males. La enfermedad como tragedia para cuerpo, el dolor para el alma, el tiempo como portador de la muerte.

El mundo, desde entonces, dejó de ser un paraíso.

Cuando Pandora cerró la jarra, —tarde—,quedó dentro la esperanza. Ese fenómeno ha sido interpretado como un don.

La esperanza es una promesa de aliento, un punto luminoso a tener presente.

Quizá el verdadero enigma sea: que la esperanza no quedó encerrada, sino que habita dentro de cada uno de nosotros, y es menester abrirnos para que nos auxilie.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS