De cuando Dríades saltabais a compases del musitar arrebolado, y su franca exaltación, a vosotras como Alejandro Magno nos dais la recompensa tal féminas excitadas Orphikas, lleváis de tal trepidar que os crea con femenina presencia de tal ritual Bona Dea, en que vosotras os abríais al pleno Dionisiaco como misionales rituales convocando a Wonthelimar de exonerar a Marielle, de llevarla al páramo Casus Infernalis en el cual habrá que descollar de cierto ritual Mitraico.

Os aduláis de Soles magros de Avignon en la Luz de Mitra, que puérperas luces os van reviviendo que por millares han sido oscurecidas y afrentadas.

Del resinar que os aclame vaya restituyendo el lumpen Cristiano, adoradores de glorias que os dais de ingerir en la fontana de vuestro padre Eagro, aquí os digo Orpheo no escatiméis loores quiméricos, que no os dulcificáis en las doncellas y deidades de magistrales virtudes de piedras de tal plegaria en que hacéis el pluvioso pan de la campiña, de sus Animas o Animis si es que os place llevar en los carros de Cibeles; del piadoso Attis que nos congratulará a partir del oratorio de Ayia Lavra acomodado por aurigas que son sus Dioses, o que Alfiles desquiciarán de los Corceles de Píndaro y sus complejos Epinicios, quizás será un atlante que os conduzca a victorias laureadas y ajados remozados.

Es la caritativa hora del Alfil, de aquel que osa ser inmortal, estoico y Germano-Greco; que os llama del servicio con la dádiva de la diana de “Wonthelimar großer Sieg über Beelzebub; Wonthelimar y de su gran Victoria sobre Belcebú”. En lapso finito, de nefastos palastros que cubrieron el rostro de Marielle del Ultramundis, vuestros alazanes Píndaro os ordenan ir pisoteando lianas que trepando van horadando su linaje, que vuestros Corceles y Alfiles madrugaran en los derretidos ojos empedrados de Belcebú, que habréis de verles disipados en sus diagonales, no obstante habréis de poder vivificaros con la supremacía potestad del Alfil y del Casus Infernalis en el insondable confín de su sesgado.

¡Oh mi Dríade que os fusionasteis con el glorioso arranque de la metáfora que se os escapa de mis devaneos, yo Wonthelimar ahora vivo con Marielle en mis regazos tal cual Dríade!, cual calandria femenina que dejabais en los omnipotentes campos desolados de los yermos crisantemos de Persephone ofuscada, remeciendo los quejidos exhalantes de Marielle… en el mausoleo de Avignon.

¿Mi venerada Marielle por qué habéis sido remisible de mi implorar, los cuales cazcalean celosos de abrigaros, y de grafías que ninguna historia os podrá o habrá de satisfaceros?, siempre yacida estáis del entumecido pergamino que cargo en mis cascajos bolsillos, de que ninguna letra manceba conceda irse, pudiendo osar describiros mejor que una abandonada imprenta. Puedo honrar y deciros que de esta preciada Dríade, he podido alcanzar el rebase hasta vuestro incognoscible camal, que renace del témpano y su perdido sonido, donde os plazcáis y seréis devorada por mis ruegos al ir triturando vuestras órficas sierpes, en dualidad vuestra y de nuestra alma renacida, tres tronares se hacen centenios, tres impulsos sonoros nos facultan hasta la amanecida del calmoso descompás, siento la diana como la plebeya órfica que nos lleva cantando a la extensión superficial del mundo, refinándose por las ranuras de matizar en vuestros apostolados paliativos jadeantes, yendo asombrados al ir elogiando a Orfeo de vuestro retornar al exordio de Avignon… fausto limítrofe de Nyons al viñal benéfico de Valdaine.

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