SENTIR
Sentimos de formas únicas,
fugaces e inexplicables,
porque sentir es un colchón
al que nos lanzamos muchas veces
sin protección,
rumbo
ni proyección
¿Sentir… realmente sentiremos?
Nos sentimos vivos,
latentes,
especiales,
como si nuestros corazones
emitieran latidos sensoriales
que vibran activamente
a nuestro alrededor.
¿O será que esos latidos
solo existen
en la imaginación de nuestro ser?
¿O es el cerebro,
ese alquimista silencioso,
quien nos viste de emociones
que no existen,
quien dibuja con electricidad
lo que creemos
amor, miedo, alegría
o desilusión?
¿Sentir…
por qué debe ser como un sueño
al que caemos,
y aun con los mejores deseos…
nos cortamos?
Cada emoción parece única,
irrepetible,
como una huella en la niebla,
aunque el mundo siga,
aunque nosotros cambiemos.
¿Es real lo que sentimos,
o es solo una proyección del deseo
de sentirnos vivos?
Sentir
podría ser el hermano de la vigilia,
un ser cadente e inerte,
presente en nuestros días
sin sueños,
fugaz,
visionario,
cruzando como un suspiro la frontera
entre lo real y lo imaginado.
Algo capaz de traspasar la barrera
entre nuestro corazón
y lo irreal de sentir.
Capaz de borrar las mariposas
que muchas veces no existen,
pues son obra de la alquimia
de nuestra naturaleza humana:
esa que nos hace felices
sin importar
las reglas del universo
o de la vida.
Pero no siempre hay luz
en esa alquimia.
A veces,
nos vuelve oscuros,
inertes,
suspendidos en nosotros mismos,
capaces apenas de sentir…
lo suficiente
para no apagarnos,
pero no tanto
como para encendernos
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