Recíbeme esta lágrima como tributo,
último pago por tus favores a ser extrañados.
Te despide con una larga letanía de humo amargo, de aliento espeso
consumido en el intervalo tembloroso entre un suspiro y el siguiente.
Palabras de labios apretados que nunca escucharás:
así no habrá angustia por lo que hay o no hubo.
De dientes abrazados aprisionando la lengua
que quizás alguna vez saboreó la vibración de tu piel que ondulaba el aire en traslúcidas sábanas.
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