Grito a la antigüedad perfecta:
La Historia genuina, no cree en atajos.
No se muere, sigue viva.
Sus mentiras son un flujo de aires grises y amortizados,
y sus verdades a secas, apenas se asoman, mueren decapitadas.
Estoy arrodillado arrogantemente ante ella,
me habla de átomos, guerras y techos agujereados.
No soy un fanático de los silencios que la siguen, aunque ella,
amansando adictos, es casi perfecta.
Cuando habla con remotos símbolos fracasados,
sus alaridos estremecen … son señales
que solo alarman para no decir nada.
¡Allá ella!, ¡pobre de nosotros!
¡En cada siglo que pasa,
La Historia se juega su reputación!
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