Te busco en cada silencio,
como el vagabundo de la
estación que persigue un milagro.
Tu ausencia me duele,
pero tu recuerdo me tiene de pie.

Un instante contigo es suficiente
para que mi mundo cambiara.
Tu risa aún tiembla en las
cuerdas hondas de mi pecho,
como melodía que nunca se apaga.

Si sigo de pie,
pese a tu ausencia,
es porque aprendí contigo
que la vida se justifica
cuando el amor deja huella.

El brillo de tu alma
se quedó grabado en mis pupilas,
y aunque el tiempo conspire al olvido,
tu luz me guía como al ciego su bastón.

No hay distancia que me aparte,
ni oscuridad que me venza.
Porque en la eternidad del instante
tu abrazo aún sobrevive en mí.

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