
Hay noches en que el aire me habla de ti,
y en mis sueños un ser onírico tiene tu nombre.
No eres de este mundo, te mueves distinto,
siento estrellas, un cosquilleo dentro de mí
Oigo tu voz con devoción santa, me pierdo gustosa,
y cada palabra tuya abre mi santuario
Tu espalda, mi caída más dulce,
donde el tiempo se arrastra con calma.
Si fue mi delirio con sincronía divina,
porqué aún vibra tu frecuencia en mi pecho?
Tu respiración pesa, ¿te duele o me piensas?
Me pregunto si tus labios recuerdan los míos.
Te diría la verdad, confesando como un pecador
todo lo que no cabe en los días comunes.
Pero prefiero callar, sin herirte ser solo un observador.
Y si alguna vez piensas en mí,
hazlo como quien recuerda un cometa:
breve, intenso, imposible de olvidar,
y al fin no me puedas llegar alcanzar
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