Un cuadro de tela extraña
Pintado con tus palabras
voces y susurros,
un retablo de lo que fuiste,
lleno de tus sentires,
un océano de emociones contenidas,
haciendo olas sobre el lienzo,
mientras el aire se tiñe de sombras.
Vacío por tus mentiras,
cada pincelada
un vacío que susurra,
mientras me pierdo en la bruma
de tus verdades distorsionadas.
De inexequible textura,
más un martirio,
el miedo se abriga en las fibras,
reviviendo cada rincón,
cada destello de lo que podrías ser.
El poder identificar sus colores,
dibuja monstruos y caricias
en la misma paleta.
De lejos, observo el rojo,
un rojo confundido
que escapa entre las manos,
de brillo lastimado,
Que grita en tus silencios
se oculta detrás de tu sonrisa
Quiere que lo vean,
un rojo lacerante,
urgente, visceral,
Se defiende,
quebrantando a los demás,
un grito que resuena,
y lo entiendo.
Fugaces brillos en sus rojos,
me llaman, me necesitan,
bailan donde la luz se fragmenta.
Mas cuando los enfrento, me hieren,
Fugaces heridas el rojo me ofrece,
y lo entiendo.
Amores amarillos con magenta
tejen esa tela extraña,
creando el rojo intenso,
ese rojo que me llama,
y me dice: «Esta soy yo.»
Para después irse púrpura,
y lo entiendo.
Mas ya no soporto el peso,
cada trazo es un sacrificio,
ya no estoy dispuesto a cargarlo.
Hermoso rojo fugaz,
te voy a querer ver siempre,
pero ya no estoy dispuesto.
Si pudieras querer entenderme,
si tan solo el matiz pudiera reconciliarse,
créeme que sería más fácil
seguir viéndote rojo intenso,
seguir escuchando tu voz,
rojo tierno.
Sería todo más fácil,
pero ya no estoy dispuesto.
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