El camino en invierno se llena de versos blancos,

«La nieve es tan grande que todos recuerdan su nombre»,

o, «La nieve es tan bella que nadie olvida cómo llamarla»,

o, «La nieve es tan fría que mata».

Uno mis dedos, hago un cuenco, y caen los copos,

el calor de mis manos y el silencio abovedado,

los transforman en agua verdadera.

Una estalactita de hielo pende en mi párpado,

mientras algo silencioso y gélido, se va posando en mi corazón.

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