Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma. C. Jung

Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma. C. Jung

Acaso toda negación no sea una forma secreta de obediencia. El hombre cree rechazar aquello que lo hiere, aquello que teme o aquello que no comprende; sin embargo, al negarlo, le concede una existencia más íntima y más obstinada. Lo expulsado de la conciencia desciende a los corredores invisibles del alma y desde allí gobierna, como esos dioses antiguos que exigían sacrificios precisamente porque nadie ya quería nombrarlos.

Negar es, quizás, construir un laberinto. Cada rechazo agrega un muro, y al final descubrimos que el prisionero no era aquello que combatíamos, sino nosotros mismos. Hay quienes niegan el dolor y terminan convertidos en dolor; otros niegan el tiempo y envejecen persiguiendo un espejo imposible; otros niegan su propia sombra y viven aterrados ante cualquier oscuridad.

La aceptación, en cambio, posee algo de los antiguos ritos. No implica resignación ni derrota. Aceptar no es inclinar la cabeza ante el destino, sino mirarlo de frente y reconocerlo como parte de la trama. El hombre que acepta su herida deja de ser únicamente herido; el que acepta su miedo descubre que el miedo también puede ser una puerta; el que acepta su finitud comprende, acaso demasiado tarde, que la eternidad no está en durar sino en comprender.

Sospecho que toda transformación verdadera nace de ese instante casi imperceptible en que dejamos de huir de nosotros mismos. Porque aquello que aceptamos deja de perseguirnos: se integra, cambia de forma, se vuelve memoria, símbolo o aprendizaje. Como si el universo exigiera primero reconocimiento antes de conceder sentido.

Tal vez por eso los antiguos imaginaron monstruos en los espejos y oráculos en las cavernas. Sabían —aunque no lo dijeran— que el hombre no es transformado por lo que conquista, sino por aquello que finalmente se atreve a admitir.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS