“Mexico Entre el Olvido y el Despertar”

“Mexico Entre el Olvido y el Despertar”

Aibun

08/05/2026

Actualmente mucha gente no se ha dado cuenta de que seguimos viviendo formas modernas de violencia estructural y desigualdad heredadas de sistemas de poder que históricamente privilegiaron a unos cuantos mientras el resto sobrevivía entre abusos, miedo e injusticias. Antes, en épocas coloniales, quien no se alineaba a los intereses de las altas cúpulas podía ser destruido social, política o incluso físicamente, mientras los privilegiados disfrutaban del poder, la riqueza y la gloria.

Hoy, aunque vivimos en otra época, muchas personas sienten que en México las leyes siguen sin aplicarse igual para todos. Existe una percepción de impunidad para funcionarios, corrupción en distintas instituciones, fiscalías ineficientes, abusos de poder y un sistema donde pareciera que el ciudadano común vale menos que quienes forman parte de las élites políticas o económicas. Mientras tanto, gran parte de la población termina normalizando la violencia, la desigualdad y el abandono social.

La memoria colectiva parece corta. Se olvidan rápidamente los atropellos, la falta de medicamentos en hospitales, las injusticias, las víctimas y los abusos, mientras el entretenimiento, las dádivas o los apoyos económicos temporales funcionan muchas veces como distractores que alivian necesidades inmediatas, pero no resuelven los problemas de fondo. Un pueblo cansado y acostumbrado a sobrevivir deja de exigir transformaciones reales y comienza a conformarse con lo mínimo.

Sin embargo, también existe otra realidad: la ciudadanía tiene más fuerza de la que cree. Un país no debería depender únicamente de figuras políticas para prosperar. La verdadera transformación ocurre cuando las personas despiertan conciencia, se organizan, participan, cuestionan al poder, exigen transparencia y trabajan colectivamente por el bienestar común. La apatía fortalece los abusos; la participación ciudadana los limita.

Imaginar un México donde la ciudadanía esté verdaderamente organizada, donde exista solidaridad, participación social, justicia igual para todos y gobiernos obligados a rendir cuentas, no debería verse como una utopía imposible, sino como una meta colectiva. Porque amar a la patria no es callar ante las injusticias, sino tener el valor de exigir un país más digno, más humano y más justo para todos.

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