A veces siento que me estoy deshaciendo en silencio,
como algo que se rompe sin hacer ruido,
como si por dentro todo se estuviera cayendo
y nadie, ni siquiera yo, pudiera detenerlo.
Me miro y no me reconozco.
Hay un vacío que pesa demasiado,
pero al mismo tiempo es tan ligero
que parece que no significa nada.
Y duele…
duele existir así.
Él no solo se fue,
se llevó conmigo una parte que no sabía que tenía.
Se llevó mi forma de sentir,
mi refugio,
esa versión de mí que creía en algo bonito.
Y ahora me cuesta creer
que alguna vez fui suficiente para alguien,
porque el silencio que dejó
se siente más real que todo lo que dijo.
Lo di todo sin saber cómo detenerme.
Me olvidé de mí,
de los que estaban antes,
de lo que era correcto…
pero en ese momento,
él era todo lo que podía ver.
Y no me arrepiento de haber sentido,
pero sí me duele en lo que me convertí después.
Me duele haber aprendido a amar
solo para aprender también a perderme.
Hay una parte de mí
que le agradece haber llegado,
porque despertó algo que creía muerto.
Pero hay otra parte…
que aún recoge los pedazos.
Y a veces me pregunto
si en algún rincón de su día
existo aunque sea un segundo,
o si todo lo que fuimos
vive solo en mí.
Porque para él terminó…
pero para mí,
todavía duele como si no hubiera acabado.
OPINIONES Y COMENTARIOS