Decadente 

Fue un ataque voraz, un zarpazo certero

que halló la yugular de la débil mejora;

borró los vestigios del sol verdadero

y hundió al errante en su más baja hora.

Aquel arrebató de paz y de calma

se tornó en el parto de un genio sombrío;

una tenaz inspiración nace en el alma

para empujar al autor al vacío.

Se convence el poeta, en su afán fatalista,

de que el precipicio es su mejor opción;

borra del mundo cualquier otra pista

que no sea el eco de su propia extinción.

Se repite el mantra, se miente el cautivo:

«Así será mejor, así habrá de acabar»;

buscando en la muerte lo que no halló vivo,

mientras su propia pluma lo ayuda a bajar.

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