Lastre

Carcomida la mente, el recuerdo es un lastre,
un breve desborde que el pecho inundó;
la bestia, que antes no supo del desastre,
el llanto sin huellas por fin conoció.

Fueron pasos torcidos, andares errantes,
buscando la puerta que el alma entrevió;
mas frente a ese umbral de maderas distantes,
el ímpetu noble su fuerza perdió.

¡Qué peso tan leve, qué carga invisible!
Y el hombre, pequeño, no puede empujar;
se siente un insecto ante lo imperceptible,
sin aliento en los brazos .

Exceden las sombras, sobran las razones
para que el errante prefiera el final;
caminar por su cuenta, sin más condiciones,
hacia el lecho de muerte, su puerto natal.

Sin un titubeo, sin vuelta de hoja,
con el cuerpo vacío de toda intención,
se entrega el espíritu a lo que lo despoja,
hallando en la nada su última oración.

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