¿Qué es todo esto que me estás poniendo ahora mismo en el pecho?
Porque no es tristeza completa, y tampoco es calma. Es algo en el medio, algo que no sé nombrar, pero que insiste en quedarse. Tú sabes bien que yo no soy de estas cosas. Nunca lo fui. Yo era la que miraba desde afuera, la que veía a las demás romperse un poco cuando algo terminaba, y pensaba que exageraban y que eran unas dramáticas por ello, que al final todo seguía igual.
Y ahora vienes tú, con este nudo raro, casi discreto, pero constante… como si quisieras enseñarme algo que no pedí, pero que igual tengo que aprender.
Explícame, ¿por qué ahora?
¿Por qué justo cuando estoy a punto de irme, decides hacerme sentir lo que nunca sentí cuando aún estaba dentro?
Cinco días a la semana.
Ocho horas al día.
Y yo, tan tranquila, tan segura de que eso era rutina… que no significaba tanto. Qué fácil era llamarlo costumbre, qué difícil es ahora admitir que tal vez era más que eso… era hogar en cierto modo, aunque nunca lo dije en voz alta.
No me parece justo.
No me parece justo que me enseñes el valor de algo justo cuando lo estoy dejando atrás. Hay una parte de mí que sigue firme, que quiere mantenerse igual, que se repite que esto no es para tanto, que todo el mundo pasa por esto y sigue. Esa parte de mí no quiere ceder, no quiere sentir, no quiere darle importancia.
Pero hay otra… y tú lo sabes.
Esa que no habla mucho, pero que ahora no se calla.
Esa que se pregunta si voy a volver a coincidir con personas así, con momentos así de simples y tan llenos sin darme cuenta. Esa que se da cuenta de que tal vez no era indiferencia… tal vez era ignorancia.
Y aun así… creo que estoy empezando a entenderte. No porque de repente todo deje de doler, ni porque me vuelva más fuerte de lo que ya intenté ser, sino porque por primera vez esto me está importando de verdad. Me está alcanzando sin permiso, como si todo lo que ignoré antes ahora viniera junto, de golpe, recordándome que no era solo rutina, que no eran solo días pasando, que eran personas, momentos, risas que no repetí porque pensé que siempre iban a estar ahí. Y ahora que se van… ahora sí las siento.
Así que no te lo voy a prometer bonito. No voy a decir que estoy lista, ni que ya entendí todo esto de crecer, ni que voy a salir de aquí como si nada. Solo te pido algo sencillo, aunque me cueste admitirlo: déjame sentirlo de verdad. Déjame llevarme este nudo, esta mezcla rara de nostalgia y miedo y cariño, sin obligarme a ser fuerte otra vez. Y cuando llegue el último día… no me lo quites de golpe. Déjalo quedarse un poquito más en mí, para que pueda aprender, aunque sea despacio, a despedirme de algo que sin darme cuenta… me estaba construyendo.
OPINIONES Y COMENTARIOS