Si siento que algo cambia en la energía, ya no voy a salir a preguntarte qué pasó.
Antes sí. Necesitaba entender, buscaba explicaciones, señales, trataba de sostener charlas que no llevaban a nada y forzaba lo que claramente ya no quería quedarse. Hoy no. Hoy elijo el silencio, y mi distancia ya es una respuesta.
Si dejo de estar, no hace falta que lo explique. Porque si cada vez que hablamos tengo que estar interpretando tu actitud, tu tono, tus idas y vueltas o tu frialdad de repente, entonces no es un vínculo sano, es una carga y yo ya no voy a hacerme cargo de eso.
Si todo se vuelve inestable, si la atención aparece y desaparece y la energía cambia sin razón, no voy a ir detrás de claridad. No voy a insistir ni a sostener algo que el otro ya dejó ir sin decirlo.
Quien realmente te quiere no te genera dudas. No cambia de un día para el otro ni te deja preguntándote qué hiciste mal. Lo verdadero es simple.
Cuando algo empieza a sentirse distinto, cuando deja de fluir, me aparto. Sin escándalos, sin reproches, sin explicaciones de más.
No es desaparecer para lastimar, es saber retirarme para cuidarme. Y eso, aunque duela, también es amor propio.
OPINIONES Y COMENTARIOS