cuadro jarrón de flores, relación poética con Hamlet , la historia de Ofelia y otros conceptos.
Informativo Primario .: la obra & Breve explicacion del significado de las flores.
en primer lugar de esta explicacion veremos una breve explicacion del artista que desarrollo esta obra en general,posiblemente y aceptando correcciones futuras el artista al que podemos llegar a adjudicar tal obra es a Juan de Arellano;su origen esta dentro de los años 1895, debemos mencionar que se origina o le pertenecia al legado de Adriano.E. Rossi, Podemos colocar tal obra dentro del periodo de Arte barroco, mejor dicho desde el siglo XII al siglo XVIII. La escuela a la que pertenece en base al analisis de obra del MNBA (Museo Nacional de Bellas Artes) esla conocida escuela española del siglo XVIII, la tecnica consta en oleo sobre tela (Forma de pintar clasica en gran tipo de cuadros).
el objeto como su nombre lo dice es un florero y una simple pintura a plena vista, con historias profundas que veremos a continuacion en este analisis, de genero floral o bodegon barroco.
SINOPSIS:
El cuadro “El jarrón de flores” se inscribe dentro de la tradición del bodegón barroco, caracterizado por la representación detallada y simbólica de elementos naturales. En la obra se observa un exuberante ramo que emerge desde un fondo oscuro, donde el fuerte contraste de luces y sombras resalta la vitalidad de las flores y la mortandad de estas. La composición reúne especies que pertenecen a distintas estaciones del año, algo imposible en la naturaleza si lo preguntan, lo que indica que no se trata de una simple copia de lo real, sino de una construcción intencional del artista que se encuentra cargada de significado religiosos, sacros y miticos. El jarrón, ricamente ornamentado y con relieves de inspiración clásica de la epoca griega o greco romana, con esto podemos decir que se refuerza la idea de belleza idealizada, mientras que la disposición abundante y ligeramente desordenada de las flores transmite tanto plenitud como fragilidad.
Este tipo de pintura no debe entenderse solo como decorativa, sino como una vanitas, es decir, una representación simbólica que reflexiona sobre la fugacidad de la vida. Las flores aparecen en distintos estados: algunas en plena floración, otras marchitas o a punto de caer. Esta variedad sugiere el paso del tiempo y funciona como una metáfora de la existencia humana, donde la juventud, la belleza y la vida misma son efímeras. Así, la obra invita a pensar en la inevitable decadencia y en la temporalidad de todo lo vivo. Esta lectura simbólica se puede relacionar con el uso de las flores en Hamlet que es lo que veremos aqui, especialmente en la escena de Ofelia. En ese momento de la obra, Ofelia se encuentra en un arrollo o zona lacustre con miles de flores, construyendo un lenguaje simbólico que expresa emociones y verdades ocultas. Por ejemplo, el romero representa la memoria, los pensamientos (pansies) aluden al amor y la reflexión, el hinojo y la aquilegia simbolizan el engaño y la infidelidad, la ruda refiere al arrepentimiento y las margaritas a la inocencia perdida etc. Las flores, entonces, dejan de ser simples adornos para convertirse en portadoras de sentido.
Tanto en el cuadro como en Hamlet, las flores cumplen una función similar: detrás de su belleza aparente esconden significados profundos vinculados con la vida, la muerte y las emociones humanas. En la pintura, esta idea se manifiesta a través del contraste entre flores frescas y marchitas; en la obra de Shakespeare, mediante el discurso fragmentado y cargado de simbolismo de Ofelia, que refleja su estado de locura y su cercanía a la muerte. En ambos casos se genera una tensión entre lo bello y lo trágico, entre lo vital y lo efímero.
1.1- OFELIA Y LAS FLORES: Análisis Comparativo
(Ensayo de Pacheco Enzo)
La conexion fundamental en esta breve relacion que haremos de las flores con el cuadro de bodegon barroco en base a hamlet y la tragica historia de ofelia es que comparten el mismo lenguaje simbólico: las flores como representación de la belleza, locura, muerte y femineidad tragada por el tiempo.
Ofelia.: la mujer y las flores.
Su Muerte Icónica, Ofelia muere ahogada rodeada de flores, flotando en el agua como un arreglo floral viviente. Su muerte es descrita por Gertrudis con un lenguaje casi pictórico:
«Hay un sauce que crece junto al arroyo… allí con coronas fantásticas de ranúnculos, ortigas, margaritas y esas flores purpúreas de largos dedos…»
1.2 Las Flores de su Locura (Acto IV, Escena V)
Cuando Ofelia enloquece, reparte flores con significados específicos:
Romero: "Para el recuerdo" (memoria, fidelidad)
Pensamientos: "Para los pensamientos" (reflexión, amor)
Hinojo: Adulación, falsedad (para Claudio)
Aquilegia: Infidelidad, traición (para Gertrudis)
Ruda: Arrepentimiento, dolor
Margaritas: Inocencia perdida
Violetas: Fidelidad, amor verdadero (todas marchitas - como su padre muerto)
1.3 Paralelismos simbolicos, Belleza Destruida.
En la Pintura:
Flores en su máximo esplendor cayendo y marchitándose
Belleza contenida pero condenada a morir
En Ofelia:
Joven hermosa y pura destruida por las circunstancias
Su belleza física intacta en la muerte (como flores flotantes)
«Demasiado hermosa para este mundo»
1.4 PUREZA CORROMPIDA
En la Pintura:
Lirios blancos (pureza) junto a rosas rojas (pasión/sangre)
Flores virginales mezcladas con símbolos eróticos
El jarrón ornamental con escenas mitológicas sensuales
En Ofelia:
Virgen inocente atrapada en un mundo de:
Incesto (Gertrudis y Claudio)
Asesinato (su padre Polonio)
Manipulación sexual (Hamlet la usa y rechaza)
Pureza destruida por la corrupción de Elsinor
1.5 LA MUJER COMO OBJETO DECORATIVO
En la Pintura:
Flores cortadas, arrancadas de su raíz
Dispuestas artificialmente para el placer visual
Poseídas, controladas, exhibidas
En Ofelia:
Cortada de su agencia y voluntad
Usada como espía por su padre
Usada como prueba de locura por Hamlet
Exhibida en su locura para espectáculo de la corte
No tiene voz propia, solo repite flores y canciones
1.6. LOCURA Y FRAGMENTACIÓN
En la Pintura:
Composición imposible: flores de diferentes estaciones juntas
Desorden dentro del orden aparente
Naturaleza violentada y reorganizada artificialmente
En Ofelia:
Su mente fragmentada tras el trauma
Mezcla canciones obscenas con oraciones
Su lenguaje se vuelve un jardín caótico de símbolos florales
Desconexión de la realidad (como el jardín imposible)
1.7. AGUA Y MUERTE
En la Pintura:
Flores que necesitan agua para vivir, pero cortadas mueren
El jarrón las contiene artificialmente
En Ofelia:
Muere en el agua (elemento vital convertido en tumba)
Flotando como un ramo funerario
El agua la preserva momentáneamente hermosa antes de hundirse
Su cuerpo se vuelve parte del paisaje acuático-floral
SIGNIFICADO DE LAS FLORES.
Conclusion de las flores(Ensayo de Nahuel valenzuela)
El significado de las flores en el arte y la literatura trasciende su función decorativa para convertirse en un lenguaje simbólico complejo, capaz de expresar ideas sobre la vida, la muerte, la pureza, el deseo y la fragilidad humana. Desde la tradición de la pintura barroca hasta la literatura dramática, las flores han sido utilizadas como signos cargados de sentido, cuya interpretación depende tanto de su especie como de su contexto. En la pintura de bodegones, especialmente en obras como “El jarrón de flores”, cada flor puede leerse como un símbolo específico. Los lirios blancos suelen representar la pureza y la inocencia, mientras que las rosas rojas aluden al amor, la pasión o incluso la sangre. Otras flores, como las margaritas, evocan la sencillez o la inocencia, y aquellas que aparecen marchitas o caídas remiten directamente al paso del tiempo y a la muerte. La coexistencia de flores en distintos estados dentro de una misma composición genera una narrativa visual sobre la fugacidad de la vida, transformando el cuadro en una reflexión silenciosa sobre la existencia humana. Este lenguaje simbólico también se desarrolla en la literatura, como en Hamlet, donde Ofelia utiliza las flores como medio de expresión. En su discurso, cada planta adquiere un significado preciso: el romero se asocia con la memoria, los pensamientos con el amor y la reflexión, la ruda con el arrepentimiento y las margaritas con la inocencia perdida. A través de este sistema simbólico, Ofelia logra comunicar aquello que no puede decir de manera directa, especialmente en su estado de locura. Las flores se convierten así en una forma de lenguaje alternativo, donde lo natural expresa lo emocional y lo moral. En ambos casos, las flores funcionan como una metáfora de la condición humana. Su belleza efímera refleja la fragilidad de la vida, su crecimiento y marchitamiento evocan el paso del tiempo, y su diversidad simbólica permite representar tanto lo puro como lo corrupto. Además, su uso reiterado en contextos de muerte o tragedia refuerza la idea de que lo bello está inevitablemente ligado a lo perecedero.
En conclusión, las flores, tanto en la pintura como en la literatura, operan como un sistema simbólico que permite explorar las tensiones fundamentales de la existencia: vida y muerte, inocencia y corrupción, belleza y decadencia. Lejos de ser simples adornos, se convierten en portadoras de significado, capaces de transmitir, de manera sutil pero profunda, las emociones y conflictos que atraviesan al ser humano.
Informativo Secundario:
2.1- Hamlet, estudios de analisis sobre la endogamia y breves historia de la europa del S.XVII.
Hamlet y La Endogamia (Juan Vicencio)
Sabemos que Hamlet fue escrito a comienzos de Siglo XVII, en una cultura monárquica donde la endogamia tomaba gran protagonismo. Esto se ve reflejado en la unión entre Gertrudis y Claudio (la reina con el cuñado), unión calificada como traicionera e incestiva por parte del protagonista (hijo de Gertrudis).Durante el Siglo XVII, el incesto se percibía de formas drásticamente opuestas dependiendo del estrato social de donde provenía la unión: mientras que para la población general era un delito grave y un pecado condenatorio por parte de la iglesia, para las elites y las monarquías era utilizado como una herramienta política para seguir conservando tanto el poder como el patrimonio (entre tíos y sobrinas o primos hermanos).Un gran ejemplo es el retrato de Carlos II “El Hechizado”. Carlos II, heredero de Felipe IV y su sobrina Mariana de Austria, fue el último monarca de la casa de los Habsburgo, dando paso a una guerra de sucesión y el advenimiento de la casa de los Borbones, debido a su incapacidad para fertilizar. Consecuencias del incesto, Carlos poseía la “mandíbula del Habsburgo”, malformación heredada de la dinastía que daba problemas al comer, hablar y genero un retraso en el desarrollo, además de infertilidad y problemas internos que hicieron de su vida un calvario.Para concluir, ciertos críticos de la obra encontraron también, en las relaciones de Gertrudis-Hamlet y Laertes-Ofelia ciertos tintes incestivos: Sigmund Freud y otros estudiosos han interpretado la reacción extrema de Hamlet (hacia su madre por la relación) como una manifestación del «complejo de Edipo», donde el hijo se obsesiona con la sexualidad de su madre. De forma similar, Laertes cumple un cierto rol del protector obsesivo en cuanto a la castidad de su hermana y su relación con Hamlet, además tambien del abrazo a su hermana en su funeral, dando indicios de un amor reprimido más allá de la relación fraternal (pide ser enterrado con ella).De esta forma, Shakespeare introduce el incesto como una enfermedad que corroe a la familia real y da muestras de la fragilidad del estado. También el simbolismo botánico es utilizado para sugerir relaciones prohibidas intrafamiliares.
CONCLUSIONES FINALES sobre el jarron y el analisis de las flores
A partir del análisis del cuadro “El jarrón de flores” y su relación con Hamlet, se puede concluir que tanto la pintura barroca como la obra literaria construyen un mismo sistema simbólico en torno a las flores, donde la belleza no es un fin en sí mismo, sino un medio para reflexionar sobre la fragilidad de la existencia humana. En ambos casos, las flores funcionan como metáforas visuales y discursivas que condensan ideas sobre la vida, la muerte, la pureza, la corrupción y el paso del tiempo. En primer lugar, se evidencia que la estética de la belleza está profundamente ligada a su destrucción. Las flores del bodegón, en su máximo esplendor, ya contienen el germen de su marchitamiento, del mismo modo que Ofelia encarna una belleza pura que no logra sobrevivir al contexto de violencia, traición y corrupción en el que se encuentra. Así, lo bello aparece como algo efímero, condenado a desaparecer.
En segundo lugar, la tensión entre pureza y corrupción atraviesa tanto la pintura como la obra. Las flores que simbolizan inocencia conviven con aquellas asociadas a la pasión o la muerte, generando una ambigüedad que también se refleja en la figura de Ofelia, quien, pese a representar valores cercanos a lo sagrado —en paralelo con la figura de la Virgen María—, se ve inmersa en un entorno profundamente degradado. Desde la perspectiva de lo sagrado y lo profano, como plantea Mircea Eliade, su figura puede interpretarse como una manifestación de pureza dentro de un mundo corrompido, lo que refuerza su carácter simbólico.
Por otra parte, el análisis permite comprender cómo tanto las flores como el personaje de Ofelia son construidos como objetos dentro de un sistema que los excede. Las flores, arrancadas de su entorno natural, son organizadas para la contemplación; Ofelia, despojada de su autonomía, es utilizada por los demás personajes y reducida a un rol pasivo. Esta objetualización refuerza la idea de control, fragilidad y pérdida de identidad.
Asimismo, la fragmentación y la locura aparecen como elementos centrales. La composición artificial del bodegón, que reúne flores de distintas estaciones, puede entenderse como un reflejo visual de la ruptura del orden natural. De manera paralela, el discurso de Ofelia, cargado de símbolos florales, se presenta como un lenguaje fragmentado que expresa su desintegración psicológica. En ambos casos, lo que parece armonía esconde una profunda inestabilidad.
Finalmente, el vínculo entre agua y muerte refuerza la dimensión trágica de este análisis. Mientras que en la pintura el agua sostiene artificialmente la vida de las flores cortadas, en Hamlet se convierte en el espacio donde Ofelia encuentra la muerte, transformándose ella misma en una imagen floral. Esta relación cierra el círculo simbólico entre naturaleza, vida y desaparición.
En síntesis, el estudio conjunto de la obra pictórica y la literaria permite afirmar que las flores constituyen un lenguaje universal que atraviesa distintas formas artísticas, funcionando como símbolos de la condición humana. A través de ellas se expresan las tensiones fundamentales de la existencia: lo efímero y lo eterno, lo puro y lo corrupto, lo bello y lo trágico. Tanto el jarrón de flores como la figura de Ofelia revelan, en última instancia, una misma verdad: que la belleza, lejos de ser permanente, es precisamente valiosa por su inevitable transitoriedad.
Informativo terciario.:
3.1.Significado del jarron & Leyendas miticas.
DIVINIDADES DEL JARRON
Dios Jano: Lo vemos en las asas del jarrón, con su clásica representación, tratándose de un guardián de las entradas, quien protege el “contenido” (en este caso las flores) simbolizado el inicio de la vida o el ciclo del tiempo. Al estar iluminado el sector izquierdo de la pintura, refleja una intención hacia el pasado.
Historia Mitica del dios jano.
Jano (en latín Janus, Ianus), en la mitología romana, es uno de los dioses más antiguos del panteón romano. Era venerado como un dios de los comienzos y los umbrales.Se trata de un dios liminal y creador,[3] que es reconocido por su epíteto principal de «dios de dioses» (en latín dioum deo).A él se le consagra el mes de enero, siendo invocado en la antigua Roma públicamente el primer día de enero. Este mes derivó de su nombre, que en español pasó del latín Ianuarius a Janeiro y Janero y de ahí derivó a enero. Jano, como Bifronte (Bifrons) o Gémino (Geminus), es representado con dos caras, y, al ser el líder de los di indigetes, no se hizo equivalencia por medio de la interpretatio graeca.[5] El Janículo, colina ubicada en Roma, debe su nombre a este dios. Jano era uno de los di selecti o veinte dioses ‘elegidos’ más importantes de Roma.
Dios de los comienzos
Los hombres se referían a Jano como un dios ‘de lo que empieza’ y a Término como uno ‘de lo que acaba’. Se atribuye a Jano el poder de todos los principios, precisamente es el que abre la puerta a la concepción.A Jano se le invocaba cuando se pretendía tener hijos: «cuando se concibe la prole es de Jano donde toman principio todas las obras». Varrón, enumerando a los dioses, dice que Jano es el primero de todos los númenes que asisten a los hombres, ya desde su concepción. El último de ellos es Nenia, a quien se invoca en los entierros de los ancianos. Jano era invocado en todos los sacrificios. Una de sus caras mira hacia atrás y otra hacia delante, así observa los acontecimientos pasados y mira hacia el futuro. Algunos lo llaman dios del día, y a causa de la salida y puesta del sol se le representa en el cielo; su salida y puesta se le representa con dos caras. Así Horacio lo llama Padre de la mañana. A este mismo dios se consagra todo comienzo, y se le llama Jano porque abre la puerta a la vida o la puerta (janua) del año.
Orígenes y ascendencia
Jano ya existía al principio de todo, como dios de los orígenes, y por lo tanto no tuvo progenitores. Ovidio y Festo lo idenfican con el Caos, es llamado «dios de dioses» en el canto de los Salios y el «más antiguo de los dioses». Otros lo imaginaron como hijo del Cielo y Trivia, según Arnobio, y hermano de Saturno y Ops. Se dice que Jano procede de la Perrebia tesalia o del mar Jónico.Cuando los sabinos intentaron tomar el Capitolio, Jano hizo brotar aguas hirvientes sobre los enemigos, repeliéndolos. Por ello se le invocaba al comenzar una guerra, y mientras ésta durara, las puertas de su templo permanecían siempre abiertas, con el fin de que acudiera en ayuda de la ciudad; cuando Roma estaba en paz, las puertas se cerraban.
Jano y Saturno
Macrobio, hablando del origen de las Saturnales, dice que Italia fue gobernada por primera vez por Jano, que había llegado por primera vez al Lacio. Compartía el poder de estas tierras junto con un rey nativo, Cameses. La región era llamada Camesina y la colina Janículo. Tras la muerte de Cameses Jano se convirtió en el rey exclusivo. Los romanos honraban a Jano porque con su doble rostro conoce el pasado y el futuro. Las compañeras en el culto apropiadas para Jano eran Antevorta y Postuerta. Jano como hubiera acogido en hospitalidad a Saturno, llegado por mar, y, habiendo aprendido de él la técnica de la agricultura, hubiera mejorado aquella forma de vida que antes de conocer las cosechas era agreste y ruda, le recompensó asociándole al trono. Es más, como quiera que fuera el primero en acuñar moneda, también en esto observó deferencia hacia Saturno.
Consortes y descendencia
En cuanto a la consorte y descendencia de Jano no hay ninguna tradición establecia. Con Juturna fue padre de Fonto y con Venilia de Canente. A Tíber (Tiberino) se lo imagina como un hijo de Jano y de Camasena.Otros dicen que Jano y Camasena era hermanos. Ateneo, citando a un tal Dracón de Corcira, escribe que Jano tuvo con su hermana Camese un hijo llamado Étex (Aithex) y una hija llamada Olistene. De ellos nada más se sabe. Otras versiones dicen que la paredra de Jano era Jana, una pareja de divinidades adoradas como el sol y la luna. Se decía que Jano recibía los sacrificios antes que los demás porque, a través de él, se hacía evidente la vía de acceso a la deidad deseada. Y también se dice que Jano amó a otra ninfa, Carna o Crane, y que, como gratitud, la hizo diosa tutelar de los quicios de las puertas.
Los Fastos
Dentro de los muchos apelativos que recibe el dios, vale la pena destacar dos: Patulcio (de patere, ‘el abridor’) y Clusio (de claudere, ‘el que cierra’). Patulcio era usado para invocar la cara del dios que se ubicaba delante de la puerta por quien deseaba atravesarla (para entrar o salir). Como complemento, la cara que se le opone a ésta del otro lado de la puerta, es invocada como Clusio. Ambos nombres declaran la doble funcionalidad del dios.
Al igual que Prometeo, Jano es una clase de héroe cultural, ya que se le atribuye entre otras cosas la invención del dinero, la navegación y la agricultura. Según los romanos, este dios aseguraba buenos finales. En su tratado sobre los Fastos, Ovidio caracteriza a Jano como aquel que en compañía de las Horas custodia las puertas del cielo. El propio dios relata que toda puerta tiene dos frentes gemelas, a un lado y a otra, de las cuales, la una mira a la gente y la otra, en cambio, al dios-lar. Y de la misma manera que un portero, sentado junto al umbral de la entrada principal, ve las salidas y las entradas, así Jano, portero de la corte celestial, alcanza a ver a un tiempo la parte de Levante y la parte de Poniente. Ve las caras de Hécate, orientadas en tres direcciones para guardar las encrucijadas que dan a tres caminos; Jano, para no perder el tiempo torciendo el cuello, tiene licencia para mirar a dos de ellos a la vez, sin mover el cuerpo.
Historia Mitica del dios Pan.
Dios Pan: En el arte barroco, al igual que el Dios Jano, su utilización es muy particular. Reflejado en el cuerpo del jarrón, representa la abundancia, fertilidad y energía de la naturaleza (flores). Pan es el dios de la Naturaleza Salvaje. Su posición en la base del jarrón simboliza que la belleza refinada de las flores y la elegancia de Venus descansan sobre una fuerza instintiva, terrestre y rústica. Es la «raíz» mitológica de todo lo que vemos.
Pan (en griego antiguo: Πάν, Pán) era un dios rústico de la naturaleza salvaje.Era el dios de los pastores y el rebaño en la mitología griega, asociado a cumbres, montes y senderos.Era especialmente venerado en Arcadia, a pesar de no contar con grandes santuarios en su honor en dicha región ni formar parte de los doce dioses olímpicos principales. Pan fue feo al nacer y tiene la piel de sátiro: tiene el aspecto de un hombre con cuernos, barba, cola y patas de cabra. También era un dios venerado por cazadores y que llevaba una jauría de sabuesos. Al igual que las gentes rurales y sencillas de Pan se dice que tiene una vida simple, amando las risas, el baile y la música, pero también podía ser solemne y conocía el arte de la profecía.
«Háblame, musa, del amado vástago de Hermes, el caprípedo, bicorne, amante del ruido, que va y viene por las arboradas praderas junto con las ninfas, habituadas a las danzas. Caminan ellas por las cumbres de la roca, camino de cabras, invocando a Pan, el dios pastoral de espléndida cabellera, desgreñado, bajo cuya tutela se hallan todas las nevosas colinas, así como las cimas de los montes y los senderos pedregosos».
En la religión y la mitología romana, Pan se identificaba con frecuencia con Fauno, un dios de la naturaleza que era el padre de Bona Dea, a veces identificada como Fauna; también estaba estrechamente relacionado con Silvano, debido a sus relaciones similares con los bosques, y con Inuus o Inuo, una deidad vagamente definida que a veces también se identificaba con Fauno.
A partir de la Edad Media la imagen tradicional de Pan estuvo asociada con el culto del macho cabrío y por ende los padres de la iglesia, para desacreditarlo, lo asociaron con el aspecto caprino y terrenal del diablo.Más tarde, en los siglos XVIII y XIX, Pan se convirtió en una figura importante del Romanticismo en Europa occidental y también del movimiento neopagano del siglo XX.
Características y atributos
Atributos y epítetos
Los atributos ordinarios de Pan son una siringa (cf. flauta de pan), un cayado de pastor, una corona de pino o un ramo, también de pino, en la mano. Sus mitos son raros y las leyendas en las que aparece son generalmente producto de la imaginación de los poetas helenísticos que lo asocian con idilios rústicos (cf. la Arcadia poética, ‘tierra del buen pastor’). Entre los epítetos asociados a Pan están Egócero (Αἰγόκερως, «de cuernos de cabra»), Literio (Λυτήριος, «liberador», porque salvó Trecén de una plaga hablando a través de los sueños)y Menalio (Μαινάλιος, «del monte Ménalo», consagrado a él).
Etimología
Ya en los Himnos homéricos su nombre tenía una intención etimológica: «solían llamarlo Pan porque a todos les alegró el ánimo»; un juego de palabras entre Πάν («Pan») y πᾶν («todo»). La conexión entre Pan y Pushán, ambos asociados con las cabras, fue identificada por primera vez en 1924 por el erudito alemán Hermann Collitz. La forma familiar del nombre Pan es una contracción del antiguo Πάων, derivado de la raíz *peh₂- (guardar, vigilar). Según Edwin L. Brown, el nombre Pan probablemente sea un cognado de la palabra griega ὀπάων «compañero». Las especulaciones posteriores cuentan que Pan es el «todo», esto es, el universo, un dios cuyo símbolo del universo, y el más antiguo de los dioses. En el mito órfico Zeus devora a Fanes y el universo queda entonces dentro de él. Entonces a Zeus se le conoce como Pan («todo»).Platón, disertando acerca del nombre de los dioses, deriva el nombre de Pan a partir de «discurso», alegando que las palabras pueden ser verdaderas o falsas y que son todo lo que circula de boca a boca; las palabras construyen el mundo entero con sus definiciones. El filósofo también parece conectar a Pan con la tragedia y la cabra (tragôidia, ‘canto de cabra’).
Siesta
Filóstrato nos describe una escena cómica en la que las ninfas se burlan y vengan de Pan a la hora de su siesta. Dicen las ninfas que Pan danza muy mal, que más bien brinca pegando saltos y retozando a la manera insolente de los machos cabríos; ellas querrían enseñarle una danza mucho más placentera que las habituales, aunque él no les hace ningún caso sino que, desplegando sus encantos, intenta lanzarse sobre su seno cuando ellas se acercan a él al mediodía, a la hora en que, se dice, Pan abandona la caza y se va a acostar. Antes dormía en paz, con la nariz relajada y amansando su cólera con el sueño, pero hoy está muy enfadado: las ninfas se le han echado encima, le han atado las manos a la espalda y teme por sus piernas ya que quieren agarrarlas. Además su barba, de la que está tan orgulloso, resulta trasquilada bajo el hierro de la navaja de afeitar, mientras le dicen que van a persuadir a Eco para que lo desprecie y ya no conteste más a su llamada.
Pánico
Pan era un ser sencillo, en general tranquilo y perezoso pero se vengaba de quienes perturbaban su siesta lanzando un fuerte y súbito grito desde un bosque o una gruta, que les erizaba el cabello. Pan, pues, ha dado la voz «pánico»: se dice que los miedos que no tienen ninguna causa vienen del dios Pan, como los terrores nocturnos o bien la confusión que se forma entre un ejército.Pan puso en fuga a los titanes emitiendo un alarido que causó un terror súbito.En este caso, Pan se aproxima a la noción de Demonium Meridianum (δαιμονίου μεσημβρινοῦ, demonio del mediodía).
El Pan lascivo
Pan era también el dios de la fertilidad. Los poetas helenísticos eran especialmente pródigos contando sus hazañas eróticas; se dedicaba a perseguir por los bosques, en busca de sus favores, a ninfas, muchachas y muchachitos. Así unos dicen que «Pan es un dios galanteador e infiel: se enamoró de Pitis, se enamoró de Siringa, y jamás deja de perturbar a las dríades y de enredar a las ninfas epimélides». Luciano, narrando una charla entre Hermes y Pan hace que este último se jacte: «Te burlas de mí, yo me acuesto con Eco, Pitis y todas las ménades de Dioniso, y se me rifan». En muchos aspectos, el dios Pan tiene cierta similitud con Príapo. Diógenes, bromeando acerca del carácter lascivo de Pan, elabora un jocoso mito según el cual Pan aprendió la masturbación de su padre Hermes, y gratamente complacido decidió entonces enseñar el hábito a los pastores.
Los panes
Los poetas helenísticos ya hablaban de la multiplicación de Pan, los panes: «En cuanto a los Panes, los que había engendrado Hermes, tras unirse en oculto amor con dos ninfas gemelas. Por un lado, en el lecho de Sose, la agreste adivina, engendró un hijo inspirado con facultades adivinatorias, Agreo, que se adiestraba con habilidad en la caza de bestias salvajes. Por otro lado estaba Nomio, amado por los rebaños, que se afanaba en hacer sonar la pastoril siringe, al cual engendró cuando se introdujo en el lecho de la montaraz Penélope».
Orígenes y genealogía
Mosaico romano con el rostro del dios Pan.
Las leyendas más antiguas son las que disertan acerca de su nacimiento. En su primera aparición en la literatura, de manos de Píndaro, Pan se asocia con una diosa madre. Píndaro se refiere a las doncellas que adoraban a Cibeles y Pan cerca de la casa del poeta en Beocia. Algunos llaman a Pan como Sinois, y dicen que le viene de la ninfa Sinoe, y que ésta y otras ninfas, pero particularmente ella, fueron nodrizas de Pan.
Pan no posee una ascendencia unánime, pero en general se considera que Hermes había sido su padre. «Unos dicen que Pan es hijo de Penélope y Odiseo o Hermes otros que de Zeus y Calisto, otros de Éter y Eneide o Enéis, y algunos de Urano y Gea». El escoliasta a Teócrito se refiere a los padres de Pan como Hermes y Enéis o Timbris, que parecen ser ninfas. En un escolio se diferencian dos Panes, el hijo de Zeus y el hijo de Crono. Que se lo imagine hijo de Éter o Crono habla de una naturaleza más antigua o primordial. Heródoto, no en vano, dice que Pan es el más antiguo de los dioses.En la poesía sobre catasterismos se dice que Zeus y Egipán — el «Pan cabruno»— fueron criados por las mismas nodrizas y que incluso Pan, apoyando más adelante a Zeus, puso en fuga a los titanes emitiendo un alarido terrible.
La Biblioteca mitológica nos dice que «Apolo había aprendido de Pan, hijo de Zeus y de Hibris, el arte adivinatoria». Esta tal Hibris, de la que nada más se sabe, parece guardar relación con la dríade Erato. Pausanias nos dice que «Pan antiguamente profetizaba y que la profetisa era la ninfa Érato, la que se casó con Árcade, hijo de Calisto». Epiménides refiere, siguiendo los pasos del anterior, que es hijo de Zeus y Calisto y hermano gemelo de Árcade.
En el Himno homérico a Pan se dice que es hijo de Hermes y de una hija innominada de Dríope. Cuando Hermes pastoreaba los rebaños de Dríope, tuvo una relación amorosa con una de las hijas de este, de la que nació el dios Pan. Según esta versión, cuando nació, presentaba sus miembros inferiores en forma de macho cabrío y el resto del cuerpo con apariencia de hombre. En la cabeza tenía dos cuernos y su cara era arrugada, con una barbilla prominente, con todo el cuerpo cubierto por una espesa capa de pelo. Se dice que, apenas nacido, escapó a las montañas, donde Hermes tuvo que buscarlo para llevarlo al Olimpo envuelto en una piel de liebre. Una vez allí, lo llamaron Pan, puesto que era la diversión de todos.Píndaro y Hecateo opinan que nació de Apolo y Penélope. Muchos autores alegaron que Pan había nacido de Hermes y Penélope, aparentemente la esposa de Odiseo. Heródoto asegura que esa es la versión que creen la mayoría de los griegos. Algunos autores romanos dicen que nació de Mercurio (Hermes) y Penélope.Pausanias añade que Penélope había sido infiel a su marido, y éste la había desterrado a Mantinea a su regreso. O bien Penélope se acostó con los ciento ocho pretendientes en ausencia de Odiseo, y como resultado dio a luz a Pan, nombre que significa hijo de todos.
Amoríos, desamoríos y descendencia
Dafnis: según algunas tradiciones, Pan enseñó a tocar la zampoña a Dafnis, el hijo de Hermes, y también se enamoró del muchacho.
Eco: una ninfa que cantaba y bailaba muy bien y despreciaba el amor de cualquier hombre. Esto enfureció a Pan, un dios lascivo, y ordenó a sus seguidores que la mataran. Eco fue despedazada y esparcida por toda la tierra. La diosa de la Tierra, Gea, recibió los pedazos de Eco, cuya voz permanece repitiendo las últimas palabras de otros. En algunas versiones, Eco y Pan tuvieron dos hijos: Yambe e Iinge. En otras versiones, Pan se había enamorado de Eco, pero ella despreció el amor de cualquier hombre y se dejó embelesar por Narciso. Como Eco había sido maldecida por Hera y sólo era capaz de repetir palabras dichas por otra persona, no podía hablar por sí misma. Siguió a Narciso hasta un estanque, donde él se enamoró de su propio reflejo y se transformó en una flor de narciso. Eco se extinguió, pero su voz aún podía oírse en cuevas y otros lugares similares. Otros dicen que Afrodita maldijo a Pan con el amor imposible de Eco por haber juzgado a Aquiles, hijo de Zeus y Lamia, más hermoso que la propia Afodita.
Ega: según una fuente Ega era la esposa de Pan pero Zeus tuvo unión con ella y he aquí que nació Egipán.
Eufeme: se dice que Croto, hijo de Pan y Eufeme, y hermano de leche de las musas, fue convertido en la constelación de Sagitario.
Isménide o Ismenis: descrita solo en la Tebaida, se dice que «el joven hijo de Fauno (Pan) y la ninfa Isménide, Creneo, que vio por primera vez la luz en el arroyo — el Ismeno— fue acunado en las verdes orillas de su río natal».
Ónfale: un episodio cómico nos dice que para celebrar su noche de bodas Heracles y Ónfale viajaron al bosque de Dioniso y planearon celebrar los ritos de Dioniso al amanecer. Heracles durmió solo en una cama cubierto con las ropas de Ónfale. Pan esperaba tener su oportunidad con Ónfale y se deslizó desnudo en la cama de Heracles, quien lo tiró al suelo y se echó a reír.
Pitis: que también era pretendida por Bóreas. Este último, arrastrado por los celos, arrojó a Pitis desde lo alto de una roca. Sintiendo pena, la diosa Gea la transformó en pino, siendo Pan, desde entonces, coronado con las hojas del pino. También existe la creencia de que el pino gime cuando sopla Bóreas.
Selene: según poetas tardíos, también tuvo una unión amorosa con Pan. Éste, ofreciéndose envuelto en un vellón de lana blanca, sedujo a Selene llamándola desde las profundidades del bosque. Desde entonces, ambos fueron venerados en una caverna del monte Liceo.
Simetis o Simétide: Ovidio narra que «Acis había sido de Fauno (Pan) y de la ninfa Simétide engendrado, gran placer ciertamente del padre suyo y madre».
Siringa: de quien Pan estaba intensamente enamorado, a pesar de que no le correspondía. Se dice que una vez, mientras huía de Pan, se lanzó al río Ladón. Quedó acorralada y pidió ayuda a sus hermanas las ninfas quienes, conmovidas, la convirtieron en un cañaveral. Se cuenta que, cuando Pan llegó, sólo pudo abrazar las cañas que se mecían por el viento y el rumor que producían le causó tal agrado que decidió construir un nuevo instrumento musical con ellas. Así, creó la flauta siringa, en recuerdo de la ninfa de igual nombre.
Hijos de Pan y de consorte desconocida
Eurimedonte era un soldado que participó en la expedición de los siete contra Tebas: «Eurimedonte persigue, con armadura rústica y tosca y armas rústicas en la mano; también tiene la habilidad natural para despertar terrores de pánico, pues su padre era Pan».
«Los Panes, a su forma humana, añadían un rostro de cabra de espesa pelambrera. Y con esta extraña apariencia, los doce Panes de bien astada cabeza, llegaban moviendo su cornamenta. Todos ellos nacieron de un único padre, de Pan, el que vaga por los montes». Estos Panes son multiplicaciones poéticas de Pan — sátiros menores— , cuya onomástica tiene una nomina significantia. Los panes son: Celaines, Argeno, Egícoro, Eugenio, Dafoineo, Omestes, Fobo, Filamno, Janto, Glauco, Argo y Forbas.
Afranio le hace decir a Príapo que «… Pues todo el mundo va diciendo que nací de padre orejudo y no es así». Probablemente se refiera a Pan o a uno de los sátiros.
Culto
El culto a Pan comenzó en Arcadia, que siempre fue la sede principal de su culto. Arcadia era una región montañosa, culturalmente separada del resto de Grecia. Los cazadores arcadios solían azotar la estatua del dios si no tenían éxito en la caza.En los cultos mistéricos de época helenística, altamente sincréticos, Pan se comenzó a identificar con Fanes o Protogono, Zeus, Dioniso y Eros. Según cuenta Heródoto, unos días antes de la batalla de Maratón, un mensajero ateniense que volvía de pedir ayuda a Esparta encontró al dios y este le prometió que vencerían a los persas. Por ello, tras ganar efectivamente la batalla a causa de un súbito pánico en las filas enemigas, fue incluido entre los grandes dioses reconocidos por el estado. En la propia ciudad de Atenas se le consagró una de las grutas de la vertiente norte de la Acrópolis y se decretó en su honor una fiesta anual donde se realizaban carreras de antorchas.
También estaban consagrados a Pan los montes Ménalo, Lampea y Nomia, todos ellos en Arcadia. Por otra parte, en Licosura existía un santuario oracular de Pan. Los ritos de fertilidad originales fueron asumidos a partir del siglo V por las bacantes, que duraron hasta bien entrada la Edad Media. Desde entonces, y hasta nuestros días, la imagen tradicional de Pan se asocia con la imagen del diablo y los aquelarres.
Muerte de Pan
Así narra Plutarco en De defectu oraculorum (Sobre la desaparición de los oráculos):
«Tamo era un piloto egipcio, desconocido incluso para muchos a bordo. Le llamaron dos veces y no respondió, pero a la tercera contestó; y el que llamaba, alzando la voz, dijo: «Cuando llegues frente a Palodes, anuncia que el gran Pan ha muerto». Al oír esto, todos, dijo Epiterses, quedaron estupefactos y razonaron entre sí si era mejor cumplir la orden o negarse a entrometerse y dejar pasar el asunto. Dadas las circunstancias, Tamo decidió que, si soplaba una brisa, pasaría navegando y guardaría silencio, pero que, si no había viento y el mar estaba en calma, anunciaría lo que había oído. Así que, cuando llegó frente a Palodes, y no había ni viento ni olas, Tamo, desde la popa, mirando hacia tierra, dijo las palabras tal como las había oído: «El gran Pan ha muerto». Incluso antes de que hubiera terminado se oyó un gran grito de lamento, no de una persona, sino de muchas, mezclado con exclamaciones de asombro. Como había muchas personas en el barco, la historia pronto se difundió por Roma, y Tamo fue llamado por Tiberio César. Tiberio se convenció tanto de la veracidad de la historia que ordenó que se hicieran averiguaciones e investigaciones sobre Pan; y los eruditos, que eran numerosos en su corte, conjeturaron que era el hijo nacido de Hermes y Penélope»
Boccaccio
Boccaccio, realizando una interpretación filosófica y mitológica, presenta a Pan como el segundo hijo de Demogorgón, con una fábula rica en simbolismo, tomada de Teodoncio y otros poetas. Pan («todo») representa la naturaleza organizada y armoniosa, capaz de generar música y vida. Su historia combina mito, cosmología y simbolismo: desde el placer de la creación hasta la regulación del mundo físico, integrando elementos celestes y terrestres en un solo cuerpo universal. Pan era adorado en Arcadia, tanto en rituales de la naturaleza como en sacrificios humanos y animales, recibiendo diversos nombres según tradiciones locales: Pan, Liceo o incluso vinculado a Júpiter por los efectos protectores de su acción sobre los lobos y los rebaños. Algunos interpretan la transformación de humanos en lobos en Arcadia como un milagro de Pan, explicando su culto y su denominación. Macrobio identifica a Pan no con Júpiter, sino con el sol, fuente de vida de todos los mortales. Boccaccio nos da una identidad cosmológica. La imagen de Pan representa la totalidad del cuerpo universal, tanto de los cuerpos activos (sol, luna, estrellas) como de los pacientes (tierra, agua, aire, fuego). Sus cuernos indican la extensión hacia el cielo y la conexión con los cuerpos celestes. Su cara purpúrea y barba larga aluden a los movimientos solares y la irradiación de la luz sobre la tierra. La piel manchada representa la belleza del cosmos, decorado por los astros. La vara simboliza la dirección y regulación de la naturaleza. La flauta refleja la armonía cósmica derivada del movimiento de los cuerpos celestes. Sus pies caprinos y pelo hirsuto simbolizan la superficie terrestre y la vegetación.
Venus y Cupido: La escena se encuentra en ele centro del jarron. Venus recostada junto a Cupido sugiere un momento íntimo y sensual, asociado al placer amoroso. Al estar integrada en el jarrón de un bodegón floral, funciona como un contraste simbólico: las flores representan la belleza natural que se marchita, la escena mitológica alude al amor carnal y el deseo, también transitorios.
Historia Mitica de Venus.
Venus (latín: Vĕnus; italiano: Venere; griego: Βένους) es la diosa del amor, la belleza y el deseo de la mitología romana, asociada con la fertilidad, la sexualidad y los jardines. En el culto era adorada y festejaba en muchas fiestas y mitos religiosos romanos y en la poesía era la más hermosa de las deidades. Desde el siglo III a. C., la creciente helenización de las clases altas romanas la identificó con la diosa griega Afrodita. Era la esposa de Vulcano. Julio César la adoptó como su protectora y Virgilio, como halago a su patrón Augusto y a la gens Julia, señaló que Venus era el ancestro femenino del pueblo romano a través de su legendario fundador Eneas y su hijo Ascanio. A Venus le estaban consagrados el mirto, la rosa, la paloma y la concha. Era uno de los dioses Consentes y también uno de los dioses elegidos (di selecti) de Varrón. Este también dice que Venus es la protectora de los jardines.
Venus era identificada con la diosa griega Afrodita y la etrusca Turan, tomando aspectos prestados de ambas. Como con la mayoría de las demás deidades del panteón romano, el concepto literario de Venus está cubierto por las ropas tomadas de los mitos griegos literarios de su equivalente, Afrodita. La anterior diosa etrusca o latina de la vegetación y los jardines pasó a ser relacionada deliberadamente con la griega Afrodita. Según la Eneida de Virgilio, como equivalente romano de Afrodita, Venus no llegó a tener una personalidad tan marcada en su sensualidad o crueldad como la griega, aunque conservara sus atributos y símbolos, como la manzana dorada de la discordia. Lucrecio dedica a Venus su De la naturaleza de las cosas (De rerum natura), su famoso poema, en las primeras líneas, donde ella trae a la humanidad por azar, una visión que, a nivel molecular, y despojado de su antropomorfismo, es equivalente a lo descubierto por la ciencia moderna.
Mitos
Según Cicerón, en su De Natura deorum, existieron hasta cuatro diosas Venus. La primera Venus, cuyo santuario está en Élide, nació de Cielo (Caelus) y Día (Dies). La segunda Venus fue procreada de la espuma, y tenemos entendido que de ella y de Mercurio nació el segundo Cupido. O bien esta Venus nació de Éter y Océano. La tercera Venus nació de Júpiter y de Dione, y es la que se desposó con Vulcano, mientras que de ella y de Marte se dice que nació Anteros o Cupido. La cuarta Venus fue concebida por Siria y Chipre; es la llamada Astarté, que, según la tradición, se desposó con Adonis.
Se dice que hubo caído un huevo de magníficas proporciones en el río Éufrates, el cual fue depositado por los peces en un lecho. Las palomas se situaron sobre él, y cuando obtuvo el suficiente calor emergió de él Venus, quien más tarde fue conocida como la diosa Siria (Atargatis). Como ella sobresalía del resto por su justicia y honradez, gracias a un favor otorgado por Júpiter los peces fueron puestos entre las estrellas; debido a esto los sirios no comen peces ni palomas, pues los consideran divinidades.
Saturno estaba enfadado con su padre Cielo (Caelus) y le cortó su miembro viril con una hoz. Venus había nacido de la sangre de su herida en contacto con la espuma del mar. O bien fue Júpiter quien cortó los testículos de su padre Saturno. Venus primero se desposó con Vulcano pero luego cometió adulterio con Marte hasta que el Sol denunció esta infidelidad. La unión entre Marte y Venus es más común entre poetas y filósofos que en la religión, obviamente influenciados por el mito griego. Tuvieron dos hijas: Harmonía y Formido.De Cupido algunos dicen que era hijo de Venus sin padre, pero otros dicen que el amante de Venus y padre de Cupido era ora Marte, ora Vulcano.Otros añaden que Anteros, identificado como Cupido, nació de Venus y Marte. Venus y Mercurio fueron los padres de Cupido y Atlantio.Virgilio dice que Cupido es hijo de Júpiter y de su propia hija Venus, de modo que Júpiter era a la vez su padre y su abuelo. Cuando Neptuno observó a Venus paseando por las orillas del mar de Sicilia tuvo relaciones con ella. Embarazada por él, tuvo un hijo al que llamó llamó Érice.
El mirto estaba consagrado a Venus. Se dice que cierta Mirina, una doncella muy hermosa, estaba prometida a cierto hombre. Fue secuestrada por unos bandidos pero consiguió escaparar y consagrada como sacerdotisa de Venus. Cuando su prometido se estaba desposando con ella Venus la mató y la convirtió en un arbusto de aroma agradable. La paloma también estaba consagrada a Venus y otro mito nos lo hace saber. Una día Venus y Cupido bajaron a cierto prado para divertirse y ver quién era capaz de recoger más flores en una competición amistosa. Resulta que Cupido, por tener la rapidez de sus alas, consiguió reunir más flores. Pero cierta ninfa, llamada Perístera, corrió a auxiliar a Venus, la ayudó a recoger flores y además la declaró vencedora de la competición. Cupido, irritado, transformó a la ninfa en paloma, que los griegos dicen peristerá (περιστερά), pero desde entonces Venus acogió a ese ave bajo su protección.
Las Fábulas de Higino nos hablan de diversos episodios mitológicos en los que interviene Venus. Para este autor Venus era hija de Júpiter y Dione. Cuando Vulcano supo que Venus había yacido secretamente con Marte, y que no se podía oponer a su fuerza, construyó una cadena inquebrantable y la puso alrededor del tálamo para capturar a Marte con su astucia. Cuando Marte acudió a la cita, cayó junto con Venus en la trampa y de esta manera ambos no se podían separar. De su abrazo nació Harmonía, a quien Minerva y Vulcano entregaron una túnica «habida del oprobio» como presente. Debido a esto sus descendientes quedaron marcados profundamente por el infortunio. Sin embargo Venus, debido a su falta de discreción, fue siempre hostil a Sol y a su estirpe. Pasífae, hija de Sol y esposa de Minos, no había hecho ofrendas a la diosa Venus a lo largo de muchos años. Debido a esto, Venus le inspiró un deseo antinatural hacia un toro. Cuando Minos, hijo de Júpiter, se presentó para atacar a Niso, Escila, hija de Niso, se enamoró de él por mediación de Venus y traicionó a su padre.
Durante la expedición de los argonautas Venus salvó a Butes del mar y lo mantuvo a salvo llevándoselo al Lilibeo. En la isla de Lemnos las mujeres no había hecho sacrificios en honor de Venus durante unos cuantos años y Venus se encolerizó con ellas y sus maridos se casaron con mujeres tracias y repudiaron a las primeras. Las lemníades se conjuraron, instigadas por la propia Venus, y mataron a todos los hombres que había allí, salvo Hipsípila, salvó a su padre Toante. Jasón no podía salir victorioso de la expedición sin la sabiduría de Medea, por lo que Juno le pidió a Venus que infundiese amor por Medea. Por instigación de Venus, Jasón fue amado por Medea y, gracias a ella, quedó libre de todo peligro.
Mientras Proserpina estaba recogiendo flores con Venus, Diana y Minerva, Plutón apareció en su carro tirado por cuatro caballos, y entonces la raptó.[30] Esmirna era la hija de Cíniras y Cencreide; esta alardeó orgullosamente que su hija excedía a Venus en belleza. Venus, para castigar a la madre, insufló un amor prohibido a Esmirna, quien se enamoró de su padre. Más tarde Venus se apiadó de ella, y la convirtió en un tipo de árbol del cual florece la mirra; Adonis, nacido de él, buscó venganza por causa de su madre hacia Venus. Juno y Venus se burlaron de Minerva porque era ojizarca e inflaba los carrillos cuando usaba la flauta. Minerva arrojó la flauta y esta fue recogida por Marsias. Apoyó a Hipómenes cuando se disponía a competir para ganarse la mano de Atalanta. Había recibido de Venus tres manzanas de insigne belleza, y había aprendido cómo hacer uso de ellas. Como Hipómenes no fue agradecido la diosa se vengó: mientras él ofrecía sacrificios en el monte Parnaso en honor a Júpiter Victorioso, se encendió el de pasión y yació con Atalanta en el santuario. Por este hecho Júpiter los convirtió en león y leona, a los que los dioses les niegan los placeres de Venus.
Venus como madre del héroe Eneas, está vinculada con el pueblo troyano y romano. Se dice que Venus amaba a Anquises y así yació con él. Por este concibió a Eneas, pero le previno de divurgarlo entre los hombres.[34] Venus salvó a Eneas de morir a manos de Diomedes. Se dice que Juno, Venus y Minerva se atribuyeron el premio de belleza para cada una. Júpiter ordenó a Mercurio que llevase a Paris Alejandro al monte Ida, y que le diese la potestad de ser juez. Venus le prometió darle en matrimonio a Helena, hija de Tindáreo, la más bella de entre todas las mujeres. Paris juzgó a Venus como la más agraciada. Alejandro, con la connivencia de Venus, tomó a Helena de su anfitrión Menelao, desde Lacedemonia hasta Troya, y se casó con ella.Venus rescató a Alejandro de morir a manos de Menelao. Érice, hijo de Venus y de Butes, fue muerto por Hércules. A partir de su sepultura dio nombre al monte, monte en el que Eneas erigió un templo a Venus. Se dice que en este monte fue sepultado asimismo Anquises, aunque según Catón había llegado a Italia.
Culto
Su culto empezó en Ardea y Lavinio (Lacio). El 15 de agosto de 293 a. C. le fue dedicado su templo más antiguo del que se tiene constancia, y el 18 de agosto se instituyó la fiesta llamada Vinalia Rustica. El 25 de abril de 215 a. C. le fue dedicado un templo fuera de la Porta Colina en la colina Capitolina para conmemorar la derrota romana en la batalla del Lago Trasimeno.
Epítetos
Como otras deidades romanas importantes, a Venus se le atribuyen varios epítetos para aludir a sus diferentes aspectos o roles.
Venus Acidalia, que procedía según Servio de la fuente Acidalia cerca de Orcómeno, en la que Venus solía bañarse con las Gracias, si bien otros relacionan el nombre con el término άκιδες acides, ‘cuidados’ o ‘problemas’.
Venus Armata, en Lacedemonia por la victoria que las mujeres alcanzaron sobre los Mesenios: su templo situado sobre una colina, estaba con otro dedicado a Venus Morpho, que algunos han creído sin razón ser el de Venus Armata: en la Anthologia hay muchos epigramas en su honor y César llevaba la figura en su sello.
Venus Aurea, dorada: según Elieno las palabras aurea y purpurea se han de tomar en sentido propio; otros autores las consideran por el figurado y algunos el epíteto aurea le entienden por la riqueza de sus templos o porque las jóvenes gustan mucho de llevar oro y joyas de oro o porque este metal sirve mucho en el amor o finalmente porque el color amarillo era el preferido entre los antiguos para la cabellera de las damas.
Venus Barbata, por su estatua con barba en la isla de Chipre: los hombres que celebraban su culto iban con trajes de mujeres y estas con los de aquellos.
Venus Basilea, Basilis o Basilisa, esto es, reina del amor, adorada en los Tarentinos.
Venus Butias o Butis, por el templo que en el promontorio Lilibeo, hoy cabo Boro, la erigió Butes o Boutés cuando la hizo madre de Erix.
Venus Byblia, por el magnífico templo en Biblos, villa de Fenicia, en el cual se adoraba a Adonis o Thamnuz.
Venus Calva, por su templo en Roma en el Capitolio o en la región VIII. Cuando los Galos pusieron sitio a Roma y se apoderaron de la población, el Capitolio fue el único punto de defensa que necesitó cordajes para las máquinas de guerra: las mujeres entonces se cortaron sus largas cabelleras y por recuerdo erigieron dos templos a Venus Calva. Otros autores atribuyen este rasgo patriótico a las mujeres de Aquilea que en el sitio de esta villa se cortaron el cabello para las cuerdas de los arcos de sus maridos.
Venus Calipigia (‘de las bellas nalgas’), Callipygos, Callipyga, por el templo que la dedicaron dos jóvenes de Siracusa. De Venus Callipyga, llamada también Calliglutos o Pulchriclunia, hay un grabado en la Racolta de Maffei del palacio Farnesio; en el jardín de las Tullerías en un hueco practicado cerca del estanque octógono se ve una linda estatua hecha por Thierry a imitación de la anterior. Otra hermosa Venus Callipyga se ve en el jardín de Dresde, aunque fue destrozada cuando el sitio de esta villa por los Prusianos; en muchas piedras grabadas figura también esta Venus.
Venus Cloacina (‘purificadora’), una fusión de Venus con la diosa del agua etrusca Cloacina, probablemente el resultado de una estatua de Venus prominentemente ubicada cerca de la Cloaca Máxima, el sistema de alcantarillado de Roma. La estatua se erigía sobre el punto donde se selló la paz entre los romanos y los sabinos.
Venus Ericina (‘del brezo’), por el monte Erice (oeste de Sicilia), uno de los centros de su culto. Se le dedicaron templos en la colina Capitolina y fuera de la Porta Collina. Personifica el amor «impuro» y era la diosa patrona de las prostitutas.
Venus Felix (‘favorable’), un epíteto usado para un templo en el monte Esquilino y para otro construido por Adriano dedicado a Venus Felix et Roma Aeterna (‘Venus favorable y Roma eterna’) en el lado norte de la Vía Sacra. Este epíteto también se usa para una escultura concreta de los Museos Vaticanos.
Venus Genetrix (‘madre’), en su papel como ancestro del pueblo romano, una diosa de la maternidad y la vida doméstica. Se celebraba una fiesta en su honor el 26 de septiembre. Como Venus era considerada en concreto la madre de la gens julia, Julio César le dedicó un templo en Roma. Este nombre también se aplica a un tipo iconológico de estatua de Afrodita/Venus.
Venus Libertina (‘de los libertos’), un epíteto que probablemente surgió de un error, con los romanos confundiendo lubentina (posiblemente ‘placentera’ o ‘apasionada’) con libertina. Puede estar relacionado con Venus Libitina, también llamada Libentina, Libentia, Lubentina o Lubentia, un epíteto que posiblemente proceda de la confusión entre Libitina, una diosa funeraria y la antes mencionada lubentina, llevando a una amalgama de Libitina y Venus. Se dedicó un templo a Venus Libitina en el monte Esquilino.
Venus Murcia (‘del mirto’), epíteto que fusionaba a la diosa con la poco conocida deidad Murcia o Murtia, que estaba asociada al árbol de mirto, si bien en otras fuentes era considerada diosa de la pereza y la holgazanería.
Venus Obsequens (‘cortés’ o ‘indulgente’), epíteto al que se dedicó un templo a finales del siglo III a. C. durante la tercera guerra samnita por Quinto Fabio Máximo Gurges. Se construyó con el dinero de las multas que pagaban las mujeres a las que se hallaba culpables de adulterio. Era el templo más antiguo de Venus en Roma y se ubicaba probablemente a los pies del monte Aventino cerca del Circo Máximo. El día de su dedicación, el 19 de agosto, se celebraba la Vinalia Rustica.
Venus Urania (‘celestial’), epíteto que fue usado como título de un libro por Basilius von Ramdohr, de un relieve por Pompeo Marchesi y de un cuadro por Christian Griepenkerl. (Véase Afrodita Urania.)
Venus Verticordia (‘transformadora de corazones’), la protectora contra el vicio, en cuyo honor se celebraba el 1 de abril. Se le construyó un tempo en Roma en 114 a. C. que le fue dedicado el 1 de abril, con la instrucción de los Libros Sibilinos para compensar por la infracción de la castidad de tres vírgenes vestales.
Venus Victrix (‘victoriosa’), un aspecto de la Afrodita armada que los griegos habían heredado de Oriente, donde la diosa Ishtar «seguía siendo una diosa de la guerra, y Venus podía llevar la victoria a Sila o a César.» Esta fue la Venus a la que Pompeya dedicó un templo en la cima del teatro en el Campo de Marte en el 55 a. C. También había un altar dedicado a Venus Victrix en la colina Capitolina, y festivales el 12 de agosto y 9 de octubre, ofrendándosele en este último un sacrificio anualmente. En el arte neoclásico, este título se usa a menudo en el sentido de «Venus Victoriosa sobre los corazones de los hombres» o en el contexto del juicio de Paris (por ejemplo, la Venus Victrix de Antonio Canova, un retrato reclinado semidesnudo de Paulina Bonaparte).
Otros epítetos significativos para Venus son: Amica (‘amiga’), Caelestis (‘celestial’).
En el arte
Véase también: Categoría:Afrodita y Venus en el arte
El arte helenístico y romano produjo muchas variaciones sobre la diosa, a menudo basadas en el tipo praxiteliano de la Afrodita de Cnido. Muchos desnudos femeninos de esta época de escultura cuyos temas son desconocidos se suelen llamar en la moderna historia del arte «Venus», incluso si originalmente pudieran haber sido el retrato de una mujer mortal más que una imagen de culto de la diosa.
El arte helenístico y romano produjo muchas variaciones sobre la diosa, a menudo basadas en el tipo praxiteliano de la Afrodita de Cnido. Muchos desnudos femeninos de esta época de escultura cuyos temas son desconocidos se suelen llamar en la moderna historia del arte «Venus», incluso si originalmente pudieran haber sido el retrato de una mujer mortal más que una imagen de culto de la diosa.
Algunos ejemplos son:
Venus de Milo (130 a. C.)
Venus de Médici
Venus Capitolina
Venus Esquilina
Venus de Itálica
Venus Felix
Venus de Arlés
Venus Anadiómena
Venus, Pan y Eros
Venus Genetrix
Venus de Capua
Venus Calipigia
Venus Púdica
Arte posclásico
Venus se convirtió mucho después, con la recuperación del arte grecorromano como modelo, en un tema popular en la pintura y escultura del Renacimiento europeo. Como una figura «clásica» cuyo estado natural era la desnudez, era socialmente aceptable representarla sin ropas. Como diosa de la salud sexual, estaba justificado cierto grado de belleza erótica en sus retratos, lo que resultaba atractivo para muchos artistas y sus mecenas. Con el tiempo, «Venus» llegó a aludir a cualquier representación artística de una bella mujer desnuda en el arte posclásico, incluso si no había indicios de que se tratase de la diosa.
Algunas obras famosas son:
El Baño de Venus
El nacimiento de Venus de Botticelli (c. 1482-1484)
Venus dormida de Giorgione (c. 1507)
Venus de Urbino de Tiziano (1538)
Venus del espejo de Velázquez (c. 1644)
El nacimiento de Venus de François Boucher (1740).
Venus Anadyomene de Théodore Chassériau (1838)
Venus Anadiómena de Jean-Auguste-Dominique Ingres (1848)
El Nacimiento de Venus de Eugène Emmanuel Amaury-Duval (1862)
Olympia de Manet (1863)
El nacimiento de Venus de Alexandre Cabanel (1863)
El nacimiento de Venus de Bouguereau (1879)
Venus Victrix de Canova (c. 1805)
Venus en el baño de John William Godward (1901)
En el arte prehistórico, desde el descubrimiento en 1908 de la llamada Venus de Willendorf, se suele llamar «Venus paleolíticas» a las pequeñas esculturas de formas femeninas redondeadas. Aunque se desconoce el nombre de la deidad realmente representada, el evidente contraste entre estas figuras de culto obesas y fértiles y la concepción clásica de Venus ha supuesto mayor resistencia para la terminología.
El nacimiento de Venus de Botticelli (c. 1482-1484)
Venus dormida de Giorgione (c. 1507)
Venus de Urbino de Tiziano (1538)
Venus del espejo de Velázquez (c. 1644)
El nacimiento de Venus de François Boucher (1740).
Venus Anadyomene de Théodore Chassériau (1838)
Venus Anadiómena de Jean-Auguste-Dominique Ingres (1848)
El Nacimiento de Venus de Eugène Emmanuel Amaury-Duval (1862)
Olympia de Manet (1863)
El nacimiento de Venus de Alexandre Cabanel (1863)
El nacimiento de Venus de Bouguereau (1879)
Venus Victrix de Canova (c. 1805)
Venus en el baño de John William Godward (1901)
En el arte prehistórico, desde el descubrimiento en 1908 de la llamada Venus de Willendorf, se suele llamar «Venus paleolíticas» a las pequeñas esculturas de formas femeninas redondeadas. Aunque se desconoce el nombre de la deidad realmente representada, el evidente contraste entre estas figuras de culto obesas y fértiles y la concepción clásica de Venus ha supuesto mayor resistencia para la terminología.
Tannhäuser
La leyenda medieval alemana de Tannhäuser conservó el mito de Venus mucho después de que su culto fuera desterrado por el cristianismo.
La historia alemana cuenta que el caballero y poeta Tannhäuser halló el Venusberg, una montaña con cuevas que contenían el hogar subterráneo de Venus, y pasó un año adorando allí a la diosa. Tras abandonar el Venusberg, Tannhäuser tuvo remordimientos y viajó a Roma para preguntar al papa Urbano IV si era posible que le absolvieran sus pecados.
Urbano contestó que el perdón era tan imposible como lo sería que su báculo floreciese. Tres días después de que Tannhäuser se marchara, el báculo de Urbano floreció. Se enviaron mensajeros a buscar al caballero, pero este ya había regresado al Venusberg y nunca volvió a ser visto.
Mitología comparada
Los mitógrafos clásicos, como ya se ha dicho, asociaron a Venus, en total, con Afrodita, Venilia, Astarté, Atargatis y Turan. Adicionalmente, Venus ha sido comparada con otras diosas del amor: Rembha (hindú), Milda (lituana), Frigg y Freyja (nórdica), Ishtar (mesopotámica), Isis (egipcia), Inanna (sumeria), Reitia (de los vénetos), Uni-Astre (láminas de Pyrgi), Suadela, Oxúm (yoruba) y Ushás en la religión védica y Afrodita (Griega). Ushás también está vinculada con Venus mediante un epíteto sánscrito que se le aplica, vanas- (‘adorabilidad’, ‘deseo’, ‘anhelo’), que es un cognado de Venus, sugiriendo una relación protoindoeuropea mediante la raíz reconstruida *wen-, ‘desear’.
Otra interesante asociación con Venus es el dios letón Auseklis (personificación de su cuerpo celestial), cuyo nombre procede de la raíz aus-, ‘aurora’. Tanto Auseklis como Mēness (‘luna’) son Dieva dēli (‘hijos del dios’).
Historia Mitica de Cupido.
Cupido (en latín: Cupīdo, ‘Deseo’; en italiano: Cupido; en griego Κούπιντο; llamado también Amor, -ris en la poesía latina) es, en la mitología romana, el dios del amor y el deseo amoroso.Fue precisamente el nombre que el poeta Virgilio, en la Eneida, dio al hijo de Venus. Es representado como un muchacho desnudo y alado; las representaciones plásticas de Cupido como un angelote se hicieron proverbiales en el acervo cultural. A Cupido o el Amor se lo representa con alas, antorcha, aljaba, arco y flechas. Es un niño tierno, regordete, gracioso, travieso y malicioso. O bien un efebo audaz sin piedad, desnudo, con ojos vendados y una vista penetrante. Su equivalente en la mitología griega es Eros. Los Mitógrafos Vaticanos nos dicen que Cupido era hijo de Venus sin padre, pero otros dicen que el amante de Venus y padre de Cupido era Marte o Vulcano, o incluso Cupido pudiera ser hijo del Caos y una de las fuerzas fundamentales del mundo. También dicen que hay dos Amores, el casto y el impuro.
Etimología
«Cupido» es una palabra latina emparentada con otras cuya etimología gira en torno al «deseo». Cupiditas: Deseo vehemente, apetito, ansia, pasión. Cupidus: Deseoso, ansioso, apasionado, el que ama y desea con pasión.Como nombre propio, Cupido pasó sin variación del latín al español, tomándolo del nominativo y no del acusativo, como es costumbre.
Mito, Ascendencia y naturaleza
Existen varias versiones acerca del nacimiento de Cupido. Según Séneca, es hijo de Venus y de Vulcano. Virgilio dice que Cupido es hijo de Júpiter y de su propia hija Venus, de modo que Júpiter era a la vez su padre y su abuelo.[10] Cicerón, en el tercer libro de De natura deorum, nos habla de hasta tres dioses Cupido. El primer nació de Mercurio y Diana, el segundo de Mercurio y Venus, y el tercero, que se identifica con Anteros, nació de Marte y Venus. Higino y Cicerón dicen que el Amor había nacido de la Noche y el Érebo. Bajo una lectura helenizante dice que el Amor es el ‘que afloja los miembros’, el ‘sensato’ y el de ‘dulces miembros’.Cupido, como un dios joven hijo de Venus es violento y caprichoso; el Amor, como una fuerza primordial, es suave y deleitoso. Los poetas alternaban ambas facetas libremente.
Cupido y Venus
Cupido nació en Chipre, como su madre, quien tuvo que esconderle en los bosques y dejar que fuera amamantado por fieras que solo con él eran piadosas. Venus no osaba tenerle consigo, temiendo el rigor de Júpiter, quien, previendo todo el mal que el niño haría al universo, pretendía fulminarlo al nacer. El destino, sin embargo, permitió que Cupido se mantuviera a salvo. Se formó hermoso como su madre, y audaz como su padre, e incapaz de ser guiado por la razón, a la manera de sus selváticas nodrizas. En el bosque fabricó un arco con madera de fresno, y flechas de ciprés. Tiempo después, Venus le regaló arco y flechas de oro. Además, se le concedió el poder de que ni los hombres ni los dioses, ni su propia madre ni aun su propio pecho fuesen inmunes a las heridas que produjeran sus flechas, como prueba el amor hacia Psique, al que él mismo se vio sometido. La nereida Tetis, el día de sus bodas con Peleo, obtuvo para Cupido el perdón de Júpiter, y la gracia de ser admitido entre los dioses patricios.
La paloma estaba consagrada a Venus y un mito nos lo hace saber. Una día Venus y Cupido bajaron a cierto prado para divertirse y ver quién era capaz de recoger más flores en una competición amistosa. Resulta que Cupido, por tener la rapidez de sus alas, consiguió reunir más flores. Pero cierta ninfa, llamada Perístera, corrió a auxiliar a Venus, la ayudó a recoger flores y además la declaró vencedora de la competición. Cupido, irritado, transformó a la ninfa en paloma, que los griegos dicen peristerá (περιστερά), pero desde entonces Venus acogió a ese ave bajo su protección.
Miguel de Cervantes, en el Capítulo XX de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, pone estos versos descriptivos en boca de Cupido:
«Yo soy el dios poderoso
en el aire y en la tierra y en el ancho mar undoso y en cuanto el abismo encierra en su báratro espantoso. Nunca conocí qué es miedo; todo cuanto quiero puedo, aunque quiera lo imposible, y en todo lo que es posible
mando, quito, pongo y vedo.»
Venus se preocupaba porque su hijo no maduraba y no crecía, así que consultó con el oráculo de Temis, que le dijo: «El amor no puede crecer sin pasión». Venus no entendió estas palabras hasta que nació su otro hijo, Anteros, que es el dios del amor correspondido y la pasión, o amor que corresponde al primero, y con el que Cupido no siempre está unido. Por eso se representa a Cupido como un niño con alas, para indicar que el amor suele pasar pronto, y con los ojos vendados para probar que el amor no ve el mérito o demérito de la persona a quien se dirige, ni sus defectos, mientras se fija en ella. Cupido además va armado con arco, carcaj y flechas.[15] Cuando Anteros y Cupido andaban unidos, este se transformaba en un joven hermoso, pero cuando se separaban volvía a ser un niño con los ojos vendados, un amor «travieso y ciego», como era representado.
Las flechas de Cupido
Cupido lleva dos tipos de flechas o dardos: una con una punta de oro afilada y la otra con una punta roma de plomo. La persona herida por la flecha de oro se llena de un deseo incontrolable pero la alcanzada por la de plomo siente aversión y solo desea huir. El poeta latino Ovidio describe el uso de estas flechas en el primer libro de Las metamorfosis. Cuando Apolo se burla de Cupido por ser un arquero menos diestro, Cupido le dispara con la flecha de oro, pero alcanza al objeto de su deseo, la ninfa Dafne, con la de plomo. Atrapada por las insinuaciones de Apolo, Dafne reza a su padre, el dios del río Peneo, que la convierte en laurel, el árbol sagrado de Apolo. Es la primera de varias aventuras amorosas infructuosas o trágicas de Apolo. Este tema se refleja de algún modo en la historia de Eco y Narciso, en la que la diosa Juno impone el amor de la ninfa Eco a Narciso, que está maldito por la diosa Némesis por ser egocéntrico e insensible a sus deseos. En The Kingis Quair (‘El libro del rey’) un poema del siglo XV atribuido a Jacobo I de Escocia, Cupido ya tiene hasta tres flechas: la de oro para un «golpe» suave que se cura fácilmente, plata para otro más contundente, y acero para una herida de amor que nunca cicatriza.
Cupido e Himeneo
Himeneo, dios del matrimonio, es, de acuerdo a una de las versiones de su nacimiento, hijo de Venus y de Baco, y por tanto, medio hermano de Cupido, a quien se le representa avivando la antorcha de Himeneo; es decir que el Amor aviva la pasión del matrimonio.
José Agustín Ibáñez de la Rentería, en sus Fábulas en verso castellano, narró así esta leyenda:
Cupido e Himeneo
En los poetas leo que Cupido riñó con Himeneo: Venus, que a sus dos hijos bien quería, en paz siempre ponerlos pretendía; pero era empresa vana: si paz tenían hoy, guerra mañana. Al fin Venus cansada de quimeras con harto sentimiento en separarlos consintió de veras: A los dioses dio cuenta de su intento, que viendo de Himeneo la cordura, y de Cupido la fatal locura, al postrero en su ciego devaneo a soledad perpetua condenaron, y a la amistad sagrada destinaron
para fiel compañera de Himeneo.
Cupido y Ninfea
Étienne Louis Geoffroy escribió La Higiene o El arte de conservar la salud, un poema en latín en el que reinventa el papel de Cupido. Se dice que este, irritado de los desprecios de la diosa Diana, tomó un día sus flechas, montó su arco, cogió una de ellas y la apuntó al corazón de Diana. La flecha voló a su blanco, pero no hirió a Diana, quien en un rápido movimiento logró esquivarla. Sin embargo, la flecha atravesó el seno de Ninfea, una de las ninfas de Diana.
Ninfea quedó así enamorada, y su corazón experimentó lo que nunca antes había sentido; un ardor desconocido la consumía. Se debatió entonces entre un deseo ciego y el pudor. Maldijo las leyes austeras, y amargamente se quejó del yugo que le imponía la necesidad. Trató dentro de sí de arrancar la flecha, pero no pudo. Lanzando gemidos y quejas se lanzó a los bosques. «¡Oh, pudor! -exclamó-; tú, el más precioso y más bello adorno de una ninfa sagrada; si mi espíritu es culpable para contigo de un sentimiento vivo que te ofende, mi cuerpo todavía está inocente; que sea suficiente esta víctima para tu cólera excelsa; que esta pura onda me lave de un crimen que concebí para mi pena, y que mi voluntad con horror detesta.» Así dijo, y levantando al cielo sus ojos, anegados de lágrimas, se precipitó a las aguas. Sus compañeras mientras tanto la buscaban. Las dríades finalmente la encontraron. Diana deploró el horrible destino de Ninfea, pero no permitió que su cuerpo se sumergiera. Sobre las ondas del agua, lo hizo flotar, y lo convirtió en la flor que lleva por nombre nenúfar, de una blancura brillante, con un tallo majestuoso de anchas hojas verdes. Desde entonces, las aguas que rodean al nenúfar son tranquilas y calmas.
Quiso Diana que, puesto que Ninfea había calmado los fuegos de la pasión del hijo de Venus en el frío elemento del agua, así mismo el nenúfar tuviera la propiedad de calmar, y de embotar los sentidos para no entregarse a los ardores de la voluptuosidad. Desde ese tiempo, las ninfas no temen ya a las flechas de Cupido, pues el humilde nenúfar las protege y les sirve como antídoto a los ataques del Amor.
Cupido y Psique
El escritor romano Apuleyo narró la historia de Cupido y Psique en su obra El asno de oro.
Cuenta Apuleyo que en cierta tierra remota hubo un rey y una reina, padres de tres hijas. La menor y más bella de todas se llamaba Psique (representación del alma). Su hermosura era tal que le dio renombre de ser una segunda Venus. Su padre, a través del Oráculo de Delfos, intentó conseguirle un esposo. El Oráculo le dijo que ella no estaba destinada a ningún mortal, «porque el amor del alma siempre es inmortal», sino a un dios deforme y temible para los otros dioses y hasta al mismo Plutón. Añadió también que debían abandonar a la princesa en un monte al borde de un precipicio, pero vestida con su traje de bodas.
Venus, celosa de la belleza de Psique, pidió a Cupido que usara sus flechas doradas para hacer que Psique se enamorase del hombre más feo del mundo; Cupido accedió. Mientras eso pasaba, Psique fue a la cima de la montaña. Céfiro, el dios del viento del Oeste, llegó, la arrebató, y la condujo flotando suavemente en medio de un bosque, donde había un magnífico palacio, al parecer deshabitado. En ese momento apareció Cupido, quien al ver a Psique quedó prendado de su belleza.
Al entrar Psique al palacio, se sorprendió de hallarlo lleno de joyas y adornos. Llegada la noche, Cupido se unía a ella, y la dejaba antes de que amaneciera, recelando ser visto: muchas noches duró esto. Cupido pidió a Psique que no encendiese jamás ninguna lámpara porque no quería ser visto. La princesa se sentía muy segura cuando él la visitaba por las noches, aunque no viese su rostro, pues sentía que era el esposo anhelado.
El rey y la reina, preocupados después de un tiempo, enviaron a sus hijas en busca de Psique. Cupido prohibió a Psique que se dejara ver, pero viéndola entristecida y melancólica, consintió al fin que les hablase, a condición de que no siguiera sus consejos. Céfiro condujo al castillo a las hermanas de Psique, quien después de contarles las dichas que gozaba, les dio ricos presentes. En una segunda visita las hermanas descubrieron que Psique nunca veía a su marido, y celosas como estaban de que su hermana menor viviera tan bien en tan hermoso palacio, le dijeron que el Oráculo de Apolo había dicho que su esposo era un monstruo, seguramente una gran serpiente que acabaría con su vida de una manera horrible.
Psique, aterrada por la funesta noticia, admitió el pérfido consejo de sus hermanas: a la noche siguiente, cuando su esposo dormía, se salió del lecho para tomar una espada con que darle muerte; mas en el instante en que tomó la lámpara, observó que en lugar de un monstruo era el dios Cupido el que dormía sobre el lecho. En el despecho de haber dudado de su felicidad, Psique toma la espada e intenta clavársela en el pecho, pero la espada se le cae de las manos; considera entonces usar el arco y las flechas de Cupido, pero se hiere un dedo al tocar una punta de flecha. Se vuelve para mirar de nuevo a su esposo, que le genera inmensa pasión, pero una gota de aceite de la lámpara cae en la espalda de Cupido; este despierta, y al instante emprende el vuelo. Psique intenta detenerlo tomándolo por un pie, pero la fuerza de Cupido es superior, y eleva a Psique.
Acercándose a un ciprés, Cupido deja caer a Psique, reprochándole su desconfianza. Psique, desesperada, se precipita a un río, pero el agua la arroja en seguida a sus márgenes. Se encuentra con el dios Pan, que trata de consolarla. Errando por el bosque, Psique llega al fin a casa de una de sus hermanas, y le dice, para vengarse, que Cupido la ha amenazado con casarse con una de ellas. Ilusionada, la hermana de Psique, corre al precipicio desde donde esperaba que apareciese Céfiro para conducirla, como había hecho con Psique, al palacio de Cupido. Cuando sintió un extraño viento sobre su rostro, la muchacha se lanzó al precipicio creyendo que Céfiro la sostendría, pero pereció miserablemente. Psique se vengó de la misma manera con su otra hermana.
Venus, al enterarse de que su hijo sufría un cruel dolor, creyó su deber ir en busca de Psique para hacerla sufrir por su temeridad. Psique, desde hacía días, caminaba por el bosque en busca del palacio de su amado Cupido. Habiendo llegado cerca de un templo, hizo un manojo de espigas que encontró esparcidas en el suelo, y las ofreció a Ceres, rogándole le dispensara su protección; pero la diosa le respondió que la única gracia que le podía hacer era no entregarla en manos de su enemigo. Juno, a quien también halló en uno de sus templos, le dio la misma respuesta en casi iguales términos.
Psique decidió ir entonces en busca de Venus, en cuya compañía estaría Cupido. Encuentra, en efecto, a Venus, pero la diosa, indignada, no presta atención a sus súplicas y sube al Olimpo. Ruega entonces a Júpiter que envíe a Mercurio en busca de Psique, que estaba en el templo en ademán suplicante. Cuando Psique es presentada a Venus, la diosa, irritada, le arranca el cabello, le hace trizas la ropa, le da golpes en la cabeza, y habiendo en seguida formado un montón de granos mezclados de trigo, cebada, mijo, adormideras, guisantes, lentejas y habas, le mandó separar todos estos granos antes de que llegara la noche, y la dejó en compañía de la Tristeza y la Solicitud.
Psique, desolada, permaneció sin articular palabra e inmóvil, pero las oficiosas hormigas separaron los granos y la sacaron del compromiso. Venus la mandó luego a que le llevase una vedija de lana dorada de ciertos carneros que pacían en la margen opuesta de un río en sitios inaccesibles. Psique, en vez de tratar de cumplir la orden, intentó precipitarse a las aguas del río, pero una cañavera, articulando unos sonidos extraños, le enseñó el medio de tomar la vedija, que en seguida llevó a Venus.
Venus, a quien una obediencia tan eficaz no apaciguaba, ordenó entonces a Psique que le llevase una vasija llena de una agua de color negro que corría de una fuente custodiada por dragones. Un águila coge la vasija, la llena de dicha agua y la pone en manos de Psique para que la presente a Venus. Una nueva tarea, más difícil que las anteriores, se le ocurrió entonces a Venus. Como la diosa lamentaba que a causa de la preocupación por su hijo su belleza había menguado, mandó a Psique que descendiera al Inframundo y pidiera a Proserpina un cofre que contuviese algunas de sus gracias.
Psique, creyendo no encontrar otro medio de llegar al reino de Plutón que darse muerte, fue a precipitarse de lo alto de una torre, cuando una voz le dijo que el camino a los infiernos era por el Tenaro, cerca de Lacedemonia, pero que debía ir provista de dos tortas, una en cada mano, y dos monedas, que llevaría en la boca; que hallaría a Caronte, que la pasaría en su barca, dando a este una de las monedas, que él tomaría de su boca. Caronte la pasaría en su barca. Que cuando encontrase al Cancerbero, que guarda la corte de Proserpina, le diese una de las tortas, y que así hallaría a Proserpina, la cual después de acogerla favorablemente, la convidaría a un festín que estaba próxima a dar, pero que debía ser modesta y aceptar solo sentarse en el suelo y comer pan moreno. Por último, la diosa le daría el cofre, que debería cuidar de mantener cerrado.
Psique cumplió con las indicaciones que la voz le dio, y recibió de Proserpina lo que Venus le pedía. Después que hubo salido de los infiernos, tuvo curiosidad de abrir la caja con el objeto de tomar para sí alguna cosa de la belleza que encerraba, mas solo halló un vapor infernal y soporífero que la hizo caer en tierra, aletargada.
No hubiera despertado jamás si Cupido, curado de su despecho, no hubiese escapado del palacio de su madre en busca de su querida Psique. La encontró dormida, la despertó con un beso, volvió el vapor a la caja y le dijo a Psique que la llevara a su madre. Cupido voló hacia el Olimpo, se presentó ante Júpiter, que reunió a los dioses, prometiendo a Cupido que él mismo guardaría a su querida Psique, y que Venus no haría más oposición a su enlace con ella. Previno al mismo tiempo a Mercurio que condujera a Psique al Olimpo.
Psique, admitida entre los dioses, bebió ambrosía y se hizo inmortal. Se preparó el festín nupcial. Hasta la misma Venus tuvo que danzar. Cupido y Psique fueron cubiertos con un velo transparente. Cupido sostenía una paloma, símbolo del amor conyugal. Los dos tenían las manos ligadas con una cadena de perlas. Himeneo los condujo, y en tanto un amorcillo coloca un cesto de frutas en la cabeza de los esposos, otro prepara el lecho.
Desde ese momento, Psique adquirió alas de mariposa, emblema ordinario del alma entre los antiguos, por lo común replegadas y en forma de concha. Celebradas las bodas, Psique dio a luz pasado poco tiempo a la Voluptuosidad (Voluptas). El poeta español Juan de Arguijo escribió un soneto sobre la leyenda de Psique y Cupido:
Las bodas de Cupido y Psique, óleo de François Boucher, 1744.
Psique a Cupido
A tu divina frente, oh poderoso niño, una venda con trabajo y arte tejí de oro y colores, donde parte retraté de tu triunfo glorioso. Allí se muestra atado al victorioso carro el gran Febo, que la luz reparte, preso Mercurio, encadenado Marte, y Vulcano con muestras de celoso. Ni se pudo librar con las reales insignias Jove: mal pudiera Psique resistir, si a estos rinde tu fiereza. Agravan mi prisión mayores males, siendo fuerza que a un niño sacrifique
mi firme amor, y a un ciego mi belleza.
Cupido como Ascanio
En el Libro I de la Eneida, el poeta Virgilio cuenta que Venus, buscando que Dido trate bien a Eneas, pide a su hijo Cupido que reemplace a Ascanio y produzca en Dido amor por Eneas:
Pero la Citerea nuevas mañas, nuevos planes urde
en su pecho, para que con la cara y el cuerpo del dulce Ascanio Cupido se presente y encienda con sus regalos
la pasión de la reina, y meta el fuego en sus huesos. (…)
Así que con estas palabras se dirige al alígero Amor:
«Hijo mío, mi fuerza, mi gran poder, el único que despreciar puede los dardos tifeos de tu excelso padre, en ti me refugio y suplicante tu ayuda reclamo. Que tu hermano Eneas anda en el mar sacudido por todas las costas a causa del odio de la acerba Juno, lo sabes muy bien y a menudo de nuestro dolor te doliste. Ahora lo retiene la fenicia Dido y lo entretiene con blandas palabras, y me temo a dónde puede conducirle
la hospitalidad de Juno: no dejará pasar ocasión como esta. (…)
Por orden de su querido padre se dispone a acudir a la ciudad
sidonia el niño real, el objeto mayor de mis cuitas, llevando consigo los presentes rescatados al mar y a las llamas de Troya; voy a ocultarlo, profundamente dormido, en las cumbres de Citera o en la sagrada morada de la Idalia, para que enterarse no pueda de mis engaños o interponerse. Tú, por no más de una noche, toma su aspecto con engaño, y, niño, como eres, viste los conocidos rasgos del niño de modo que, cuando te tome en su regazo felicísima Dido entre las mesas reales y el licor llieo, cuando te dé sus abrazos y te llene de dulces besos,
le insufles sin que lo advierta tu fuego y la engañes con tu droga.»
Epítetos
Cupido (Amor), como otras deidades romanas, tenía algunos epítetos que le eran aplicados para reflejar la diversidad de atributos adscritos a él. Entre sus epítetos se cuentan los siguientes:
Amphitalés, Magus, Sophista, Tyrannus: porque el amor debe ser recíproco (aunque no siempre lo es).
Geminus: porque habita en el Cielo y en la Tierra.
Ommateius Oculeus: porque el amor tiene su origen en el sentido de la vista.
Pandemos: porque lo domina todo.
Phaleratus y Toxotes: por llevar carcaj.
Pothos e Himeros: por el deseo.
Pteros, Pterotos, Alatus, Aliger, Pennatus: por ser un dios alado.
Toxalcés: poderoso por su carcaj.
Typhlós y Caecus: por ser un dios ciego, o cegado.
Repercusión en la cultura
Representación moderna.
En el idioma
El nombre de este dios ha pasado como sustantivo común al español para referirse a un hombre enamoradizo y galanteador, así como a la representación de los niños alados armados con arco y flechas, también llamados «amorcillos». También es conocido como el dios de la vida.
La flecha de Cupido también posee orígenes grecolatinos, y su influencia se hizo notar claramente en la poesía española desde la época medieval, aun sin la aparición del dios Amor. Bajo múltiples nombres (vira, asta, flecha, saeta, tiros, arpón, dardo, espina…), aparece en la literatura medieval, renacentista y posrenacentista con un sentido amoroso que se repite indefinidamente con pocos matices diferentes y mucha retórica.
De manera temprana en la literatura española, Cupido es mencionado por Alfonso X de Castilla, llamado El sabio:
«Porque te ruego yo por el alma de to padre e por las armas de Cupido, to ermano, e por los omnes buenos que andan conmigo fuyendo por las tierras, e por los dios de Troya de quien tú tras las reliquias.»[4]
El tema de la flecha alcanza un plano más elevado, teñido de toques conceptuales nuevos con dimensión trascendente y expresión paradójica, cuando se desarrolla en versiones a lo divino. De estas, es significativa la narración de Santa Teresa de Jesús en un pasaje del Libro de su vida, en el que cuenta su transverberación en presencia de un Serafín:[24]
«Rápido, hermoso, celestial Cupido,
en la hoguera del Sol la hacha encendiendo, de dardo breve en oro armó bruñido la asta, plumas de llama sacudiendo: dejaba el golpe el corazón herido, y repetía el golpe, pretendiendo de codicioso el serafín gallardo
tirarlo para sí, al sacar el dardo.»
Del período barroco también se destacan obras como la comedia Ni amor se libra de amor, escrita sobre el tema de Psique y Cupido por Pedro Calderón de la Barca, así como sus dos autos sacramentales, también sobre el mismo tema, Psiquis y Cupido, para Toledo y para Madrid respectivamente.[25]
En literatura española son múltiples y recurrentes las apariciones de Cupido como personaje destacado y como representación alegórica del Amor. Un ejemplo es el Epigrama CXLVI de León de Arroyal:
A Cupido[26]
Traspasar mi empedernido corazón con tus harpones intentas, rapaz Cupido: Si me tiraras doblones,
ya lo hubieras conseguido.
Iconografía
Categoría principal: Cupido en la pintura
A Cupido se le representa generalmente como a un niño desnudo, alado y armado de arco, flecha y carcaj, con los ojos cubiertos por una venda, que significa lo alejado del razonamiento que se encuentra el amor, y que, mientras dura la pasión, no se ven los defectos del ser amado. William Shakespeare escribió al respecto:
«El amor no ve con los ojos, sino con el alma, y por eso pintan ciego al alado Cupido. Ni en la mente de Amor se ha registrado señal alguna de discernimiento. Alas sin ojos son emblema de imprudente premura, y a causa de ello se dice que el amor es un niño, porque en la elección yerra frecuentemente. Así como se ve a los niños traviesos infringir en los juegos sus juramentos, así el rapaz Amor es perjuro en todas partes.» Sueño de una noche de verano. Acto I, Escena Primera.
Algunas veces se le muestra portando una antorcha encendida; también, coronado de rosas, o sosteniendo una rosa en una mano, como emblema de los placeres deliciosos pero fugaces que procura. De la fugacidad de la pasión que Cupido inspira también son símbolo sus alas, que pueden ser doradas o azules.[13]
La figura de Cupido en forma de putto es una imagen recurrente. En el caso del amor romántico, suele representarse con un arco y unas flechas, las cuales, a menudo con los ojos vendados, dispara sobre las personas, produciéndoles así el enamoramiento.
A partir del Renacimiento, la figura de los putti llegó a confundirse con los querubines, confusión que perdura en la actualidad. Tanto los putti como los cupidos y ángeles pueden encontrarse en el arte religioso y secular desde la década de 1420 en Italia, desde finales del siglo XVI en los Países Bajos y Alemania, desde el período manierista y el Renacimiento tardío en Francia, y a lo largo del Barroco en frescos de techos. Los han representado tantos artistas que presentar la lista de estos sería poco útil, aunque entre los más conocidos se encuentran el escultor Donatello y el pintor Rafael; dos putti en actitud curiosa y relajada que aparecen a los pies de su Madonna Sixtina son reproducidos con frecuencia.
Experimentaron una revitalización importante en el siglo XIX, y comenzaron a aparecer retozando en obras de pintores académicos, desde las ilustraciones de Gustave Doré para Orlando Furioso, hasta anuncios. Actualmente son un motivo muy utilizado como representación del amor en imágenes destinadas a la mercadotecnia; tal es el caso de muchas postales de San Valentín.
Conclusion final de la obra estudiada.
El jarrón de flores se presenta como una obra barroca donde la belleza no es un fin en sí mismo, sino un medio para reflexionar sobre la fragilidad de la existencia. La composición, cuidadosamente organizada sobre un fondo oscuro, reúne una gran variedad de flores en distintos estados —algunas abiertas y luminosas, otras marchitas o caídas— creando una escena que, aunque parece natural, es en realidad una construcción artificial que condensa distintos tiempos en un mismo instante. Esta acumulación imposible de especies y estaciones refuerza su carácter simbólico: no representa la realidad tal cual es, sino una idea sobre ella. En este sentido, la pintura funciona como una vanitas, donde la vida y la muerte conviven en tensión permanente.Las flores vivas, en su esplendor, simbolizan la juventud, la belleza y la plenitud vital, mientras que las flores marchitas introducen la dimensión del deterioro, recordando que todo lo que florece está destinado a desaparecer. Esta oposición no es decorativa, sino conceptual: señala que la belleza está atravesada por el tiempo y que su destino es inevitablemente la corrupción. En este punto, la obra puede vincularse con la figura de Ofelia en Hamlet, ya que, al igual que en el caso del personaje, las flores funcionan como un lenguaje simbólico que expresa fragilidad, transitoriedad y tragedia. Ofelia, rodeada de flores en su muerte, encarna esa misma tensión entre belleza y descomposición, convirtiéndose en una especie de equivalente literario de esta naturaleza muerta: una imagen detenida en el umbral entre la vida y la desaparición.El jarrón que contiene el ramo introduce, además, un segundo nivel de lectura a través de sus relieves mitológicos, donde aparecen Juno, Pan, Venus y Cupido. Estas figuras condensan distintas dimensiones del amor: Juno representa el matrimonio y la institución social, Pan lo instintivo y natural, Venus la belleza ideal y Cupido el deseo como fuerza impulsora. Sin embargo, el hecho de que estas deidades estén representadas en un objeto que sostiene flores efímeras sugiere que incluso el amor —en todas sus formas— está sometido al paso del tiempo y a la decadencia. Lo que parece eterno (el amor, la belleza, el orden social) se revela tan frágil como los pétalos que comienzan a caer.Finalmente, esta lectura puede profundizarse si se la vincula con la endogamia de las monarquías europeas, particularmente en el caso del llamado “Príncipe Hechizado”, Carlos II. La insistencia en la pureza de sangre, asociada al orden matrimonial que simboliza Juno, entra en contradicción con la naturaleza diversa y vital representada por Pan. A su vez, el ideal de belleza y perfección encarnado por Venus se ve desmentido por la degeneración física producto de estas prácticas, mientras que el deseo (Cupido) queda subordinado a intereses políticos y dinásticos. De este modo, el jarrón puede interpretarse como una metáfora de ese proceso: así como el ramo aparenta una perfección armónica pero contiene en sí mismo la marca de su deterioro, las dinastías cerradas sobre sí mismas construyen una imagen de esplendor que oculta su propia decadencia interna.En síntesis, la obra articula en una sola imagen naturaleza, mito, literatura y política para construir una reflexión compleja sobre la condición humana: todo lo que parece pleno, bello y estable —la vida, el amor, el poder— lleva en sí mismo el germen de su desaparición.
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