Capítulo 1: El Eco de los Olvidados
EL FUTURO (Fragmento: «La Ciudad de Cristal»)
El cielo no es azul; es un sudario de ceniza y estática eléctrica. En el centro de lo que alguna vez fue una metrópolis, un ser camina con una pesadez divina. No es un hombre, es una presencia. Su cuerpo vibra en una frecuencia que agrieta el suelo a cada paso.
A su alrededor, los cuerpos de héroes que alguna vez fueron portadas de revista yacen como juguetes rotos. Una voz surge de la criatura, pero no es una voz humana. Es un coro disonante: tres tonos superpuestos que discuten entre sí.
—¿Ya es suficiente? —pregunta la voz de Jason, cargada de odio. —Mira sus caras… por fin nos están mirando —susurra la voz de Nexon, con una tristeza infinita. —Silencio —sentencia la tercera voz, la de Meryon, más profunda y fría—. Esto es solo el inicio del orden.
EL PRESENTE (La Academia del Consejo de Héroes)
Jason apretó los puños hasta que sus nudillos se pusieron blancos. Frente a él, un héroe de «Clase B» con una capa impecable se reía mientras le lanzaba un vaso de café vacío.
—Limpiadlo, aspirantes —dijo el héroe con una sonrisa de superioridad—. Tal vez si aprenden a abrillantar suelos, Aether les dedique un segundo de su tiempo la próxima semana.
Nexon bajó la mirada, sintiendo ese nudo familiar en el estómago. El deseo de ser aceptado peleaba contra una rabia negra que empezaba a hervir en su pecho. Miró hacia el balcón principal, donde la figura imponente de Aether
observaba el entrenamiento. Aether no los miraba a ellos; miraba al horizonte, como si el resto del mundo fuera una hormiga bajo su bota.
Aether, el héroe más grande de la historia, tenía una mirada que no buscaba salvar al mundo, sino poseerlo.
EL PASADO (Flashback: El Orfanato de San Judas, 10 años atrás)
Dos niños pequeños lloran en un rincón de un cuarto oscuro. Afuera, se escuchan los gritos de otros niños y el sonido de la lluvia golpeando el techo de zinc.
—Tengo miedo, Jason —dice el pequeño Nexon, abrazando sus rodillas. —No tengas miedo. Algún día seremos tan fuertes que nadie volverá a dejarnos solos.
En ese momento, sin saberlo, sus manos se rozaron. Una chispa de energía azul y roja saltó entre sus dedos. Por un segundo, el aire de la habitación se volvió pesado y el llanto se detuvo. El instinto estaba ahí, dormido en su ADN, esperando el día en que la ira fuera lo suficientemente grande como para despertarlo.
EL PRESENTE (El Anuncio)
El sistema de megafonía de la academia tronó con una voz metálica:
«Atención a todos los miembros del Consejo. Por orden del Gobierno Federal, se convoca a una sesión de emergencia en el Búnker Subterráneo ‘Génesis’. La asistencia de todos los héroes registrados, incluidos los aspirantes en prueba, es obligatoria. El tema: La Seguridad Nacional y el futuro de la jerarquía heroica.»
Jason miró a Nexon. Por primera vez en mucho tiempo, una sonrisa amarga cruzó su rostro. —Es nuestra oportunidad, hermano. En ese búnker vamos a demostrarles que no somos simples novatos.
Nexon asintió, pero en su mente, la voz de la ira empezaba a susurrarle algo que todavía no podía entender. No sabían que el búnker no era una oficina de reuniones, sino el matadero donde sus vidas cambiarían para siempre.
Capítulo 2: Protocolo de Exterminio
EL FUTURO (Fragmento: «El Trono de Huesos»)
Meryon está sentado en lo que queda del podio del Consejo. Sus manos, ahora cubiertas por una piel que parece obsidiana líquida, sostienen un casco destrozado. Es el casco de un héroe que solía ser el símbolo de la justicia. —¿Sienten eso? —pregunta Meryon. Su voz es un terremoto—. Es el silencio. El mundo por fin está en paz porque ya no hay nadie que finja ser un dios. De repente, Meryon tose sangre. Una sangre dorada y brillante. La sangre de Aether.
EL PRESENTE (El Búnker «Génesis»)
El búnker era una obra maestra de la ingeniería: paredes de tres metros de plomo y emisores de frecuencias diseñados para anular habilidades. Los 67 héroes estaban en una gran sala circular. En el centro, una pantalla gigante mostraba al Presidente.
—Héroes —dijo la pantalla—. Durante años han sido un mal necesario. Pero su arrogancia ha superado su utilidad. El mundo ya no los necesita… el mundo les teme.
Un gas de color violeta empezó a filtrarse por las rejillas de ventilación. Jason sintió que sus pulmones ardían. A su lado, Nexon
cayó de rodillas.
—¡Es una trampa! —gritó un héroe de la Clase A, lanzando un rayo de energía contra la puerta. Pero la energía fue absorbida por las paredes.
Fue entonces cuando ocurrió. Aether, que había estado en silencio, caminó hacia el general que custodiaba la puerta de salida. Con un movimiento tan rápido que el ojo humano no pudo seguir, Aether atravesó el pecho del hombre con su mano desnuda.
—¿Trampa? —dijo Aether, limpiándose la sangre en su capa blanca con una indiferencia que helaba la sangre—. Yo solo veo una oportunidad para limpiar la basura de este gobierno.
EL PASADO (Flashback: La primera vez)
Jason y Nexon tienen 12 años. Unos matones de la calle los han acorralado en un callejón. Están golpeando a Nexon. Jason siente que algo dentro de él se rompe. No es miedo, es una presión insoportable detrás de sus ojos.
—¡Déjalo! —grita Jason.
Al tocar el hombro de su hermano, sus cuerpos no solo se unieron; se desvanecieron en un estallido de luz blanca. Lo que quedó en el callejón no eran dos niños, sino un adolescente alto de ojos vacíos que, con un solo movimiento, mandó a los matones al hospital. Al separarse, Jason y Nexon no recordaban nada, solo un hambre voraz y un eco en sus mentes: «Somos uno».
EL PRESENTE (El Caos en el Búnker)
Con las defensas del búnker dañadas por el ataque inicial de Aether, el resto de los héroes perdió la cordura. Al verse acorralados por el gas y los soldados que empezaron a disparar desde las galerías superiores, los «protectores de la humanidad» mostraron quiénes eran realmente.
—¡Quítate de mi camino, niño! —gritó una heroína, lanzando a Nexon contra una pared para usarlo como escudo humano contra las balas de los soldados.
Jason vio cómo su hermano sangraba mientras los héroes que él admiraba se pisoteaban unos a otros para escapar. Aether, en medio de la masacre, solo reía. Estaba disfrutando el espectáculo de ver a sus «colegas» comportarse como animales.
—Nexon… —susurró Jason, gateando hacia su hermano. —Ya no quiero ser como ellos, Jason —respondió Nexon con los ojos inyectados en sangre—. Quiero que desaparezcan.
Sus manos se encontraron en medio de un charco de sangre y aceite. El búnker entero vibró. Un pulso electromagnético apagó todas las luces. En la oscuridad total, un nuevo par de ojos se abrió. Unos ojos que brillaban con el odio de dos hijos traicionados y la ambición de un ser que acababa de despertar.
Meryon había nacido.
Capítulo 3: La Carnicería de Evolución
EL FUTURO (Fragmento: «La Anatomía del Caos»)
Meryon se observa las manos. Ya no son piel; son una amalgama de tejidos superpuestos. Puede sentir los nervios de un héroe de velocidad disparándose en su brazo, y el calcio reforzado de un titán endureciendo su torso. —Siento sus gritos en mis poros —dice Meryon, mientras un ojo extra se abre y se cierra en su hombro, parpadeando con el terror de alguien que murió hace meses.
EL PRESENTE (Interior del Búnker – La masacre de los 67)
La oscuridad del búnker fue rota por el estallido de la fusión. Donde antes estaban los gemelos, ahora se alzaba Meryon. Su cuerpo emanaba un calor que hacía que la sangre en el suelo comenzara a burbujear.
—¡Miren esa cosa! —gritó «Ícaro», un héroe con alas metálicas—. ¡Es un monstruo! ¡Mátenlo!
Ícaro se lanzó en picada, sus alas afiladas como bisturíes. Meryon no se movió. Cuando el héroe estuvo a centímetros, Meryon extendió una mano y le rodeó el cuello. El sonido fue como una rama seca rompiéndose; la tráquea de Ícaro se colapsó instantáneamente.
Pero no se detuvo ahí.
De las palmas de Meryon brotaron unos filamentos negros y húmedos, similares a raíces nerviosas, que se clavaron en los ojos y la boca de Ícaro. El héroe ni siquiera pudo gritar. Sus músculos se derritieron, convirtiéndose en una masa gelatinosa que fue succionada hacia el interior del cuerpo de Meryon. Las alas metálicas se desprendieron con un sonido chirriante de carne arrancada y se integraron a la espalda de Meryon, soldándose a su columna vertebral entre chorros de sangre negra.
—Uno —dijo el coro de voces de Meryon. Su voz ahora tenía un matiz metálico.
EL PASADO (Flashback: La disección del alma)
Jason y Nexon están en una clase de biología. Deben diseccionar una rana. Nexon no puede hacerlo, sus manos tiemblan. Jason toma el escalpelo y, con una precisión quirúrgica que asusta al profesor, abre al animal. —Mira, Nexon —susurra Jason—. Por dentro todos somos iguales. Solo somos carne y electricidad. Lo de afuera es mentira. Ese día, ambos comprendieron que la individualidad es una debilidad. La unión es la única verdad.
EL PRESENTE (El festín de los «Dioses»)
El Consejo entró en pánico. Sesenta y seis héroes, los más poderosos del mundo, atacaron a la vez. El búnker se convirtió en un matadero.
«Vulkana» lanzó una llamarada de 2000°C. Meryon caminó a través del fuego, sintiendo cómo su piel se ampollaba y se regeneraba al instante, absorbiendo el calor. Agarró a Vulkana por la cabeza. Sus dedos se hundieron en el cráneo de la mujer como si fuera barro. La absorción fue más violenta esta vez: el sistema nervioso de la heroína fue extraído a través de sus oídos. Meryon bebió su piroquinesis.
De repente, los brazos de Meryon se encendieron en llamas vivas. —Gracias por el fuego… perra —rugió la voz de Jason desde el interior.
Aether observaba desde una esquina, con una sonrisa de satisfacción sádica. Vio cómo un héroe tras otro intentaba huir, solo para ser alcanzados por los filamentos de Meryon. Vio extremidades siendo arrancadas, torsos partidos a la mitad para que Meryon pudiera devorar las glándulas que generaban los poderes. El búnker apestaba a ozono, carne quemada y fluidos internos.
Meryon ya no tenía forma humana. Era una quimera de músculos hipertrofiados, escamas óseas y múltiples ojos que lloraban sangre de diferentes colores. Con cada héroe que asimilaba, su mente se volvía más inestable.
—¡Detente, duele! —gritaba la voz de Nexon en su interior. —¡Cállate! ¡Míralos morir! ¡Míralos pedir clemencia como nosotros la pedimos!
—respondía Jason.
Meryon se detuvo frente a un grupo de diez héroes que temblaban en un rincón. Su boca se abrió más de lo físicamente posible, revelando hileras de dientes que no eran suyos. —¿Quién sigue?
Capítulo 4: El Manicomio de Carne
EL FUTURO (Fragmento: «La Voz del Vacío»)
Meryon está de pie frente a un espejo roto en las ruinas del búnker. Su reflejo no es uno solo; cientos de rostros minúsculos se agitan bajo su piel, como parásitos intentando salir. —Ya no recuerdo el sabor del agua —dice Meryon, y de su boca gotea una bilis negra y espesa—. Solo recuerdo el sabor del miedo de sesenta y seis personas. Es dulce… y me está pudriendo por dentro.
EL PRESENTE (Interior del Búnker – El final de los 66)
El búnker ya no es una estructura de plomo; es el interior de un estómago. La biomasa de los héroes absorbidos ha cubierto las paredes con una capa de mucosa y tendones. Meryon se mueve de forma errática, sus huesos crujen y se rompen para reconfigurarse en cada segundo.
Solo quedaban tres héroes de la élite. Intentaban cubrirse tras un generador destrozado. «Titanium», cuya piel era de metal orgánico, sollozaba. Meryon apareció detrás de él, no caminando, sino deslizándose como una sombra líquida.
Meryon clavó sus dedos —ahora convertidos en garras de hueso serrado— en la espalda de Titanium. El metal orgánico chilló. Meryon no lo absorbió de inmediato; lo abrió. Con una fuerza bruta inhumana, separó las costillas metálicas del héroe, exponiendo sus órganos brillantes. Meryon hundió su rostro en la cavidad abierta y succionó.
Se escuchó el sonido de algo viscoso pasando por una garganta estrecha. El cuerpo de Titanium se colapsó como un traje vacío. Meryon se irguió, su piel ahora tenía un brillo metálico impenetrable, pero su rostro… su rostro era una máscara de agonía.
—¡SALGAN DE MI CABEZA! —bramó Meryon. Su voz ya no era un coro, era una cacofonía de sesenta voces gritando nombres de esposas, hijos y pecados ocultos.
EL PASADO (Flashback: La mascota)
Jason y Nexon tienen 14 años. Encontraron un perro herido. Nexon quería curarlo; Jason sabía que iba a morir. Para evitarle el sufrimiento, Jason apretó el cuello del animal. Nexon lloró, pero mientras sostenía el cuerpo inerte, sintió una extraña paz. —¿Ves? —dijo Jason—. Ahora el perro es parte de nosotros. Su recuerdo no morirá porque nosotros lo guardamos. En ese momento, la línea entre la compasión y la psicopatía se borró para siempre.
EL PRESENTE (La Psique Rota)
Meryon cayó de rodillas, convulsionando. La absorción de Titanium fue el punto de quiebre. En su mente, el espacio que antes compartían Jason, Nexon y Meryon ahora estaba infestado.
- Nexon: —»¡Para, por favor! Siento cómo Titanium extraña a su hija, me duele el pecho, ¡sácame de aquí!»
- Jason: —»¡Cállate! ¡Usa su fuerza! ¡Somos dioses ahora! ¡Mira a Aether, nos está mirando, nos desea!»
- MERYON: —»Ustedes son solo ruido. Yo soy la suma de todo. Yo soy el hambre.»
Meryon comenzó a vomitar. Pero no era comida; eran trozos de recuerdos. Fragmentos de luz que mostraban las vidas de los héroes que acababa de devorar. El búnker se llenó de proyecciones fantasmales de las víctimas.
Aether caminó lentamente hacia el centro de la sala, pasando por encima de un brazo amputado que aún se movía. Se detuvo a tres metros de la masa de carne y furia que era Meryon.
—Impresionante —dijo Aether. Su voz era tan calmada que cortaba el aire como un cuchillo—. Sesenta y seis «dioses» servidos en una bandeja de plata. Has hecho una limpieza excelente, criatura. Pero tienes un problema de digestión… te falta voluntad para controlar tanto poder.
Meryon levantó la vista. Sus ojos eran ahora seis orbes amarillos repartidos por su cara. —Tú… serás el último —dijo Meryon, y de su espalda brotaron decenas de tentáculos hechos de nervios y tendones que se lanzaron hacia Aether.
Aether ni siquiera se movió. Con un solo dedo, detuvo el ataque, causando una onda de choque que desintegró la biomasa de las paredes cercanas. —No me absorbas todavía, «hijo» —susurró Aether con una sonrisa malvada—. Primero, déjame enseñarte cómo pelea un verdadero monstruo.
Capítulo 5: Sangre del Tirano
EL FUTURO (Fragmento: «La Herencia de las Sombras»)
Meryon está de pie frente a una cuna vacía en los restos de un apartamento de lujo. Su cuerpo ha dejado de ser una masa deforme y ha tomado una forma escultural, casi idéntica a la de Aether, pero con la piel grisácea y venas que laten con una luz negra. —Él no quería hijos —dice Meryon, y su voz suena como el cristal rompiéndose—. Él quería piezas de repuesto. No nacimos de un acto de amor, nacimos de un laboratorio de ego.
EL PRESENTE (El duelo en el epicentro)
El choque entre Aether y Meryon no produjo sonido, sino una onda de vacío que pulverizó el concreto restante del búnker. Aether sostenía el puño de Meryon con una mano, mientras con la otra le hundía los dedos en el hombro, arrancando tiras de músculo asimilado como si fuera papel.
—¿Sientes eso? —susurró Aether al oído de la criatura—. Es tu cuerpo rechazando lo que no le pertenece. Estás intentando digerir basura, cuando en tus venas corre el néctar de un rey.
Meryon rugió, y de su pecho brotó una mandíbula adicional que intentó morder el cuello de Aether. El tirano lo apartó con un cabezazo que le partió el cráneo a Meryon en dos, revelando por un segundo los cerebros palpitantes de los gemelos entrelazados.
—Te preguntarás por qué eres tan «volátil» —continuó Aether, pateando a Meryon contra un pilar de acero—. ¿Por qué Jason tiene tanta ira? ¿Por qué Nexon tiene tanta hambre de amor? Yo te lo diré. Porque son mis desechos.
EL PASADO (Flashback: El Archivo «Vexter-Alpha»)
Un joven Aether, años antes de ser el símbolo del Consejo, observa dos tubos de ensayo. En ellos, pequeñas células se devoran entre sí. Un científico tiembla a su lado. —Señor, el embrión se ha dividido. Son gemelos. Tienen su ADN, pero la inestabilidad emocional es… extrema. Si crecen, podrían intentar reemplazarlo. Aether observa los tubos con desprecio. —No los maten. Tírenlos en algún lugar donde sufran. El sufrimiento templa el poder. Algún día volveré por ellos… cuando necesite un recipiente nuevo que pueda contener mi evolución.
EL PRESENTE (La verdad que quema)
Meryon se regeneró, pero su forma era inestable. Las voces de Jason y Nexon gritaban en una agonía de comprensión.
—¿Tirados…? —la voz de Jason era un sollozo de rabia—. ¿Nos dejaste en ese infierno… porque éramos experimentos? —¿Nunca nos quisiste? —susurró Nexon—. ¿Ni un solo segundo?
Aether soltó una carcajada que resonó en todo el búnker. —El amor es para los débiles que no pueden gobernar. Ustedes son mi «Efecto Vexter» personal. Son el resultado de mi ADN mezclado con la capacidad de absorber lo que yo desprecio. Los dejé sufrir para que desarrollaran ese hambre. Y ahora… —Aether extendió sus brazos, y su aura dorada se volvió roja como la sangre—. Ahora son un plato delicioso.
Aether se lanzó sobre Meryon, pero esta vez no para golpear. Metió sus manos dentro de la masa corporal de Meryon y empezó a desgarrar la fusión desde adentro. La absorción de Meryon estaba funcionando a la inversa: Aether estaba empezando a reclamar la biomasa de los gemelos.
—¡NO! —gritó Meryon.
En un acto de pura desesperación, Meryon hundió sus garras en su propio pecho y extrajo una médula brillante, inyectándola directamente en el cuello de Aether. No era un ataque, era una transferencia forzada de traumas. Meryon le obligó a Aether a sentir cada segundo del orfanato, cada golpe de los héroes del Consejo, cada lágrima de Nexon.
Aether retrocedió, aturdido por la «suciedad» emocional que nunca había permitido en su mente.
—Si somos tus hijos… —dijo Meryon, poniéndose de pie mientras su cuerpo empezaba a brillar con una intensidad nuclear—, entonces heredarás nuestra agonía antes de morir.
La realidad alrededor de ellos empezó a agrietarse. El búnker ya no era suficiente para contener la energía. El suelo se desvaneció, dejando a ambos flotando en un vacío gris donde los ecos del universo de Daniel comenzaban a filtrarse.
Capítulo 6: El Trono de Cenizas y la Fisura del Destino
EL PRESENTE (El Fin del «Dios»)
El búnker ya no existía. Solo quedaba un cráter de cristal fundido de tres kilómetros de diámetro. En el centro, Aether estaba de rodillas. Su capa blanca era un harapo quemado; su rostro, antes perfecto, estaba desfigurado por las venas negras que la infección emocional de Meryon le había inyectado.
Meryon descendió lentamente. Ya no era una quimera de órganos; el odio puro lo había moldeado en un ser de simetría perfecta y aterradora. Sus tres voces se habían fundido en una sola nota vibrante y absoluta.
—¿Cómo… cómo pueden ser más fuertes? —escupió Aether, con sangre dorada manchando sus labios—. Yo les di la vida… yo soy el origen…
Meryon le tomó la cabeza con una mano. Esta vez no hubo filamentos. Hubo una implosión. —Tú no nos diste la vida —dijo Meryon—. Nos diste un propósito: matarte.
Meryon cerró el puño. El cráneo de Aether no se rompió, se desvaneció, absorbido átomo por átomo por el hambre existencial de sus hijos. No quedó ni una gota de ADN, ni un recuerdo. Aether, el hombre que quería gobernar todo lo que existe, fue borrado de la existencia por los «desechos» que él mismo creó.
EL ÚLTIMO FLASHBACK (La unión definitiva)
En el momento de la muerte de Aether, por un milisegundo, Jason y Nexon se vieron a sí mismos en un espacio blanco. —Se acabó, Nexon —dijo Jason. —¿Somos libres? —preguntó Nexon. Meryon apareció entre ellos, envolviéndolos con sus alas de sombra. —No hay libertad para nosotros. Solo el trono. Las dos conciencias de los gemelos se disolvieron voluntariamente dentro de Meryon. Ya no había voces. Solo había un Rey.
EL CIERRE (La Cima del Mundo)
Meryon se elevó. Atravesó las nubes de ceniza hasta llegar a la estratosfera. Desde allí, el mundo se veía pequeño, una esfera de barro llena de seres insignificantes que ahora le pertenecían. El silencio del espacio era su única compañía.
Se quedó allí, suspendido, observando la curvatura de la Tierra. El poder de los 67 héroes y de Aether rugía en sus venas, dándole una percepción que iba más allá de la materia. Podía sentir el latido de cada humano, el giro de cada planeta. Él estaba en la cima. Era el punto final de la evolución.
Pero entonces, el silencio se rompió.
No fue un sonido, fue una vibración en la estructura misma de la realidad. Un escalofrío que no provenía de sus nervios, sino de su ADN. Meryon se tensó. Sus seis ojos se dilataron al unísono.
Lentamente, con una cautela que nunca había sentido, Meryon giró sobre su propio eje.
Detrás de él, el espacio mismo había sido profanado. Una franja inmensa, un corte violento y sangriento desgarraba el tejido del universo, como si una mano invisible hubiera pasado un escalpelo por el cielo. A través de esa herida en la realidad, no había estrellas, sino una negrura absoluta que palpitaba.
Y en medio de ese corte, suspendidas en la nada del vacío interdimensional, se alzaban quince figuras oscuras.
No se movían. No respiraban. Eran siluetas de una negrura tan profunda que hacían que el espacio exterior pareciera brillante. Emitían una energía que hacía que el poder absorbido de Aether se sintiera como el de un insecto. Sus miradas, ocultas tras la sombra, estaban fijas en él.
Meryon no dudó. No había miedo en él, solo una curiosidad letal y el hambre que nunca se saciaba. Sus alas se extendieron, rasgando la atmósfera, y con un estallido sónico que se escuchó en todo el planeta, se lanzó a toda velocidad hacia la fisura. Hacia ellas.
Hacia el universo de Vexter.
Escrito por: Daniel Useche.
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