No soy poeta, pero algo tengo de ello.
No sé escribir muy bien literariamente hablando, a lo mejor soy más sentidora que poeta, y eso tiene más sentido. Me gustan los juegos de palabras.
Lo que tengo es la profunda capacidad de percibirlo todo. Siempre tan sensible, siempre viviendo con el corazón y los ojos encharcados.
Y la melancolía, esa también la llevo bien dentro, sale siempre a toda hora, desmedida, no sabe de lugares, fechas, momentos, circunstancias, sólo quiere exisitir y la fuerzo a la oscuridad, la llevo al adentro. Quizá por eso no puedo ser poeta, porque no me dejo ser.
A veces digo que tengo algo de artista, pero lucho por mantenerme cuerda, y entonces tampoco soy mucho de ellos.
Yo siento.
Siento lo que leo, se me impregna, me veo cual espejo en muchas letras.
Siento la música, la necesito para vivir, la que cuenta experiencias, la que llega hasta el fondo, la que habla de algo, a veces me encuentro ahí y yo la siento, me recorre las venas y las baila, las mueve y las conmueve.
Siento el cielo, siempre cambiante y me pierdo en él, en sus formas, en sus colores, es lo que inspira.
Yo siento la naturaleza, el aire me toca la cara, me habla y me dice respira. Las plantas, flores y árboles me rozan la piel y me piden ser inmersa en ellos, que me adentre y me deje ahí.
Yo siento el arte, tanto como cuando lloré la primera vez que vi un Van Gogh en vivo, algún día de noviembre del 24. Quizá él fue tan incomprendido porque aún no nacía yo para decirle que lo siento, lo siento a él y sus cartas.
Yo siento a las personas, sus dolores me duelen y sólo mi abrazo es lo único que tengo para ofrecer.
Yo siento las risas, la familia, el tiempo, los espacios, las estrellas, los amigos, la comida, el suelo frío, las frutas, los perros, los gatos, los pinceles, los lienzos, los pasos, los paisajes.
Por eso quizá no soy artista, por eso quizá no soy poeta. Soy sentidora.
OPINIONES Y COMENTARIOS