​El amor tiene formas distintas:

el corazón se divide en altares

y hay amigos que se vuelven alma.

​Adorarte fue un oficio hermoso,

pero nadie volverá a ser como nosotros.

Ni nosotros mismos,

porque el «somos» se volvió silencio

​Ya no queda compañia, ni la adoración.

Solo este nudo, esta yaga en la garganta

que intenta gritar que todavía te extraña,

que te «amodora» como el primer siempre.

​Pero el espejo no miente: ya no soy la misma.

Lloré tu ausencia como una pérdida irremediable,

un duelo que no termina de reconocer su fin.

Se rompió el lazo, se daño el centro;

​Queda la ceniza de la confianza y la armonía,

el eco de mirarte sonreír complice.

Hoy todo se ha vuelto gris.

Es puro dolor…

porque ya…. no somos.

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