Bajo el cielo se mueven las hojas que el viento atrapó. Viajeras en el tiempo, se llevan las memorias que la primavera trajo. Amantes de lo prohibido huyen sin rumbo hacia el destino, transformando los más grandes anhelos del corazón en tormentas de margaritas.
Danzantes aún en un cielo sin estrellas, se siente a flor de piel cómo son capaces de tocar el alma. Frágil existencia pendiente de un hilo; extiende, en su último suspiro, un aliento de vida que mantiene viva la llama de la luz en medio de la penumbra.
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