
“La diversidad no es un valor: es una ventaja… o una excusa.
Decide cuál estás usando hoy.”
La ventaja que muchas organizaciones no ven
En todos los mercados, las organizaciones luchan de diferentes maneras para tener una ventaja competitiva, pero lo que muchas no toman en cuenta es que su ventaja podría residir en la diversidad de su fuerza laboral.
Las iniciativas relacionadas con la diversidad organizacional permiten aprovechar una gama más amplia de habilidades, y como resultado se puede entender y atender mejor a los clientes, por lo que es importante elevar el tema de la diversidad a la dirección, dándole prioridad corporativa.
Cuando el cliente habla otro idioma… cultural
Si el universo de clientes dista mucho en cultura de la de los empleados de la organización que los atiende, la comunicación se hace difícil porque se está en distintos planos y con diferentes paradigmas, y seguramente se están perdiendo oportunidades.
Por ello, la diversidad y la inclusión han sido aceptadas en todo el mundo como un tema de negocio.
De lo moral a lo estratégico
En general, las razones de la aceptación de este tema como un eje de negocio van desde las consideraciones morales hasta la rentabilidad.
Sin embargo, una razón de peso casi universal es la necesidad de expandir los límites del talento para satisfacer las necesidades de crecimiento de las organizaciones, algo profundamente vinculado con la globalización.
El foco (y el riesgo) de simplificar la diversidad e inclusión
Aunque en lo personal las considero pares y no una minoría, las mujeres siguen siendo el punto focal de las iniciativas de diversidad, y los esfuerzos de las organizaciones están fuertemente dirigidos hacia la creación de una mayor paridad de género en el lugar de trabajo.
Lamentablemente, estos “esfuerzos” muchas veces son puestas en escena para el cumplimiento de formalidades, o un mero elemento más de marketing que no se transforma en una mayor participación femenina.
Lejos, en cuanto a esfuerzos para hacer desaparecer la exclusión, están los efectuados con las minorías étnicas, los trabajadores mayores de 45/50 años, personas con discapacidad y otros grupos que quedan rezagados.
De la intención a la práctica real
Si bien las prácticas para fomentar la cohesión y la no discriminación están determinadas en gran medida por la cultura de la organización, hay enfoques que son comunes a todas y están considerados mejores prácticas:
- El trabajo conjunto planificado de empleados con diferentes antecedentes y orígenes
- Talleres de concientización
- Charlas periódicas a todo el personal sobre lo inadecuado e inútil de la discriminación de cualquier tipo (sexo, raza, nacionalidad, religión, características personales, etc.)
El rol crítico del área de Capital Humano
En esta movida, es fundamental que el área de capital humano haya internalizado el tema de la diversidad y la inclusión, se prepare para llevarlo adelante contra viento y marea, maneje la comunicación interna y tenga peso real en la organización, evitando ser una mera área de servicios.
De no ser así, será muy difícil la coordinación de esfuerzos, la coherencia de comportamientos entre áreas y, sobre todo, el convencimiento general sobre la importancia del tema y la necesidad de tomar acción.
Preguntas para diagnosticar el estado real en tu organización
- ¿La diversidad está en el discurso… o en los indicadores de gestión?
- ¿Existen métricas claras de inclusión o solo acciones aisladas?
- ¿Qué porcentaje de los equipos de liderazgo refleja la diversidad del mercado al que sirven?
- ¿Se promueve el disenso constructivo o se castiga lo diferente?
- ¿Las decisiones estratégicas incorporan múltiples miradas o siempre ganan las mismas voces?
- ¿Capital Humano lidera este tema o lo ejecuta como un checklist?
- ¿Qué colectivos están sistemáticamente subrepresentados en la organización?
- ¿Se mide el impacto de la diversidad en resultados de negocio?
Cierre: donde termina el discurso y empieza el liderazgo
La diversidad no necesita más campañas… necesita decisiones.
No necesita más slogans… necesita incomodidad productiva.
Porque cuando una organización se abre de verdad a lo distinto, no solo se vuelve más justa: se vuelve más inteligente, más adaptable y más competitiva.
El desafío no es “incluir” por cumplir.
El desafío es integrar para evolucionar.
Y ahí es donde aparece la pregunta que incomoda —y transforma—:
¿Estás gestionando diversidad… o simplemente conviviendo con ella sin aprovecharla?
El próximo paso no es un workshop.
Es una decisión de liderazgo.
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