Sin los buenos momentos

Sin los buenos momentos

Luis Medina Parra

21/04/2026

“Debo ir a trabajar” es la única frase que Augusto escucha en su mente al despertar cada mañana. Lo dice para motivarse cuando el cuerpo ya se encuentra en la reserva de combustible a mitad de la semana. Toma una ducha acelerada y en un parpadeo se ve frente al espejo vestido de saco y corbata sin saber en qué minuto se rasuró, colgó la toalla mojada, se despidió de su hijita con el acostumbrado beso en la punta de la nariz y de su esposa con un agarrón de nalgas agregando siempre ese te quiero coloreado de honestidad.

Antes de terminar el primer café ya está siendo zarandeado en un vagón del metro, colgado de una sola mano porque en la otra lleva la carpeta con asuntos que serán tratados en una reunión urgente. Dos segundos después está en la oficina sin recordar cuándo saludó al portero en la planta baja o el instante de haber tomado el ascensor hasta el piso 16 de la torre oeste con el infaltable repertorio de tufos y ceños fruncidos.

Lo más infame es que al otro día todo el ciclo se repite sin cambio alguno y con las mismas lagunas mentales. Ya está harto de esta rutina aplastante que solo le causa migrañas y mala digestión. Le hiere no recordar nada de los buenos momentos, si acaso los hay, en los cuales (posiblemente) ha disfrutado con su familia en algún viaje o salida de fin de semana. No puede acordarse de si el sueldo devengado le ha ofrecido algún goce o bienestar en todos estos años. No tiene la menor idea de que un aneurisma estalló en su cráneo hace 10 meses, tiempo durante el cual ha permanecido en un coma profundo.

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