Cuento del escorpión
(Una pequeña fábula interactiva)
A
Eres un escorpión.
Desde que tienes memoria, toda tu vida se ha regido por el aguijón al término de tu cola: Gracias a él consigues dar caza a tu alimento y mantener a raya tus amigos.
Este mismo aguijón te ha permitido adueñarte de la madriguera de un viejo ratón de campo, que convertiste por un tiempo en una trampa mortal para numerosos insectos, e inclusive una que otra lagartija…Más toda esa bonanza hubo de llegar a su fin la noche en que se presentó una horrible zarigüeya en tu guarida, consiguiendo tú a duras penas escapar de aquella bestia terrible.
Por primera vez en tu vida, el aguijón te ha fallado, siendo esa zarigüeya totalmente inmune a su veneno.
Ahora mismo te encuentras huyendo a toda prisa de este terrible enemigo, llegando así hasta orillas de un río, encontrando allí a una rana y a una vieja tortuga, que conversan alegremente a la sombra de unos juncos.
Si decides pedirle ayuda a la rana, lee la parte B.
Si le pides ayuda a la tortuga, lee la parte C.
Si intentas encontrar otra vía de escape, lee la parte D.
B
En cuanto se percata de tu presencia en el lugar, la rana salta inmediatamente al agua.
—¡Cielos! —exclama por su parte la tortuga de río, apresurándose a esconder su cabeza dentro de su caparazón.
—¡Querida amiga rana! —dices, en tono casi suplicante—. ¡Me están persiguiendo! ¡Debes ayudarme a cruzar el río para que pueda salvarme!
—¿Crees que soy tonta? —te pregunta la rana, asomando su cabeza por encima de la superficie del agua—. ¡Yo sé cómo son los escorpiones! ¡Apenas tengas la oportunidad, vas a clavarme ese horrible aguijón tuyo!
Si intentas convencer a la rana de que no la picarás, lee la parte E.
Si intentas buscar otra vía de escape, lee la parte D.
C
—Amiga tortuga, —dices al quelonio—. ¡Necesito tu ayuda!
—¿Y qué puedo hacer por ti, pequeño escorpión? —respondida la aludida, fijando en ti sus adormilados ojos.
—¡Ayúdame a cruzar el río, para que pueda escapar de una horrible zarigüeya! ¡Date prisa, por favor!
—Bueno…
Te subes al caparazón de la tortuga, quien entonces se zambulle, y por fortuna parece ser mucho veloz en agua que en tierra: Para cuando la zarigüeya se aparece, tú ya te encuentras bastante lejos ya.
—Pronto llegaremos a la otra orilla… —anuncia la tortuga, dando un gran bostezo—. Aunque, a decir verdad, esto de tener que nadar así de rápido no es mi estilo…Prefiero tomarme mi tiempo para hacer mis cosas, ¿Sabes?
La tortuga empieza entonces con un largo, aburridísimo monólogo en el que hace recuento de su rutina habitual durante los últimos días, describiéndote con gran lujo de detalles cómo es que se pasó observando el crecimiento de unos hongos en las raíces podridas de un árbol viejo…
La tortuga habla con suma lentitud, mientras su avance a través de las aguas del río parece ralentizarse hasta un punto casi insoportable.
Esta situación termina colmando tu paciencia, razón por la cual decides tomar medidas al respecto…La más drástica de todas las medidas.
Lee la parte F.
D
En el tiempo que demoras buscando una vía de escape alterna, la zarigüeya consigue darte alcance, atrapándote entre sus zarpas.
Son completamente vanos todos los intentos que haces resistirte a tu inminente fin, picando repetidas veces a la zarigüeya en el hocico; lo único que consigues es enardecer su instinto depredador:
—¡Pica todo lo que quieras, pobre bichito! —se mofa de ti la zarigüeya—. ¡Me encanta que mis presas ofrezcan la mayor resistencia posible! ¡Me abre el apetito como no tienes idea, querido señor escorpión!
Y abriendo sus horrendas fauces, la bestia horrible procede a devorarte de un solo bocado.
FIN
E
—¡Amiga rana, no seas ingenua! ¿No te das cuenta de que si yo hiciera tal cosa me ahogaría yo también? ¡Sólo los necios acarrean su propia ruina, y yo jamás haría tal cosa!
La rana permanece meditabunda por unos instantes.
Los feroces gruñidos de la zarigüeya son cada vez más cercanos.
«¡Decídete rápido!», piensas, invadido por el desasosiego.
—¡De acuerdo! —anuncia finalmente la rana—. ¡Súbete a mi lomo!
Haces tal como te es indicado, alejándote a buena distancia de la orilla en apenas cuestión de minutos.
En cuanto la zarigüeya se aparece, se dedica a olfatear el lugar donde estuviste conversando con la rana:
—¡Aquel maldito bicho estuvo por aquí, yo estoy segura de ello! —murmura entre dientes—. ¡Pero es imposible que haya huido por el río! ¡No debe estar muy lejos!
Y habiendo dicho esto, tu perseguidora procede a irse en la dirección opuesta, sin saber que ya te encuentras muy lejos de su alcance.
«¡Qué cerca estuve de morir!», reflexionas con alivio, apenas alcanzas divisar a tu enemiga alejándose.
—¡Pronto llegaremos al otro del bosque, escorpión! —anuncia por su parte la rana—. ¡Allí estarás a salvo!
—Sí… ¡Muchas gracias, ranita! —dices, pero lo cierto es que has empezado a sentir desde ya la imperiosa necesidad de dar uso a tu aguijón…Sabes perfectamente bien que no te conviene en lo absoluto, pero lo cierto es que este es un llamado a tus instintos más primordiales, ha llamado demasiado difícil de ignorar, incluso si termina acarreando tu propia ruina.
¿Serás capaz de dominar tu propia naturaleza, aunque sea sólo por esta vez?
Lanza una moneda al aire.
Si sale cara, lee la parte G.
Si sale cruz, lee la parte H.
F
—Amiga tortuga —anuncias entonces—. Más te vale dejes de hablar y te apures, o si no…
—¿O si no qué? —pregunta la tortuga, con tono sumamente despreocupado.
—Entonces tendré que picarte con mi cola.
—¿Serías capaz de picarme, después de que he salvado tu vida? ¡Piensa que, si me picas y me envenenas, sería tu perdición, porque no tardarías en ahogarte!
—¡No me importa! ¡Picar y envenenar es mi naturaleza! —proclamas orgullosamente.
—Pues entonces creo que yo también debo actuar según mi naturaleza —no tarda en responderte la tortuga del río, y antes de que tengas tiempo de hacer nada, ella se sumerge en el agua, ahogándote de inmediato.
Por cierto, apenas si restaban unos minutos para que la tortuga de río llegase a la otra orilla: Tu impaciencia terminó costándote la vida.
FIN
G
Sabes que no debes hacerlo. Sabes que tú también saldrás perjudicado.
Pero de igual manera, picas con tu aguijón a la rana.
—¡Maldito escorpión! —alcanza a decirte la rana en su agonía—. ¡Prometiste que no ibas a picarme! ¡Ahora los dos moriremos por tu culpa!
—No pude evitarlo. Es mi naturaleza… —alcanzas a decir, antes de que la rana y tú se hundan.
Antes ahogarte, no puedes evitar sentirte el animal más estúpido del mundo, al tiempo que recuerdas tus propias palabras:
«Sólo los necios acarrean su propia ruina…»
FIN
H
Lo deseas con todas sus fuerzas.
Quieres hacerlo, a pesar de que sabes bien que no te conviene.
Sin embargo, al final consigues dominarte un poco, y controlas aquel pérfido instinto que te hace descargar tu venenoso aguijón contra las demás criaturas.
«Un poco más…Sólo debo esperar un poco más…», te dices a ti mismo, mientras la rana va atravesando a nado al río, hasta llegar finalmente a la otra orilla.
Una vez allí, te bajas de su lomo y te alejas a toda prisa, sin siquiera haberle dado las gracias.
Has conseguido a sobrevivir a toda experiencia, pero no puedes evitar sentirte insatisfecho, e incluso avergonzado de ti mismo.
«No me he comportado como un verdadero escorpión…», meditas, con amargura. «Cierto es que lo hice para sobrevivir, pero ahora que lo pienso bien, perdí la oportunidad de picar a esa rana al momento de llegar a la otra orilla…»
Resuelves entonces picar y matar a todo animal que se cruce en tu camino a partir de este momento, decidido nunca más a volver a traicionar tu naturaleza, así te cueste la vida. ¡Por algo has nacido escorpión, diablos!
Por su parte, la rana se ha quedado muy sorprendida de que el escorpión no le haya picado, comenzando a pensar que a lo mejor no todos los escorpiones son malos, sino solamente «incomprendidos».
Quizá un día de estos, algún otro escorpión vuelva a pedirle ayuda…Y ella no dudará en brindársela, esperando no ser envenenada…
¡Pobre ranita ingenua, que ignora las mil maneras que el Mal consigue disimularse en este mundo, ya sea por conveniencia, o por el mero placer de engañar!
FIN
***
Y bien, querido lector:
¿Sabrías precisar con exactitud lo que eres realmente en el fondo de tu corazón? ¿Cuál dirías que es tu verdadera naturaleza?
¿Eres acaso un escorpión, incapaz de controlar sus instintos malévolos? ¿O acaso una ingenua ranita que prefiere creer que incluso a los malvados se les debe dar siquiera una pequeña oportunidad?

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