Blaze! Capítulo 125

Capítulo 125 — Incertidumbres.

No es necesario –respondió
Hänä, procediendo a comunicarse con Claire que se encontraba dentro
del castillo, invocando a las Ondinas más próximas que estaban
cerca del campo de batalla para que le llevaran el mensaje de su
reina.

Una
pequeña y solitaria Ondina que revoloteaba cerca se aproximó a su
reina al ser invocada y escuchó atentamente el mensaje que debía
llegar a Claire, viajando a toda velocidad al castillo, buscando a la
destinataria de las preciadas palabras que Hänä le pidió
encarecidamente entregar, encontrándola luego de unos minutos frente
a la gente que se refugiaba en los salones de la construcción,
cuidándolos como otra más de los guerreros que batallaban por el
reino de Baal, reconociéndola por su aura acuática, acercándose a
su oído falso, comenzando a gritar y repetir las palabras de la
reina de los mares.

Claire
le respondió a la Ondina y le mandó un mensaje de vuelta a Hänä,
volviendo de inmediato al lado de su reina para informarle de que
entregó el mensaje inicial y que había obtenido una respuesta. Por
su parte, Claire se dispuso a investigar si es que efectivamente se
había colado algún enemigo dentro del castillo, buscando también a
Starmancer y Camellie, topándose en su camino algunos muertos
vivientes que acudían al llamado del falso Chained God.

Deben
estar buscando lo mismo que yo –pensó Claire, no prestándoles
mucha atención a los cuerpos móviles y sin vida que avanzaban sin
consciencia, siguiendo con lo que su reina le había pedido.

Entiendo
–respondió Hänä al terminar de escuchar el mensaje que le llegó
de Claire—. No te vayas muy lejos, para poder seguir comunicándonos
con Claire y la gente dentro del castillo. ¡Blaze! Ya tenemos como
comunicarnos con el interior, estarán bien esos tres juntos cuando
se encuentren.

Que
suerte poder contar con Claire allá dentro como parte de las líneas
de defensa, espero se encuentren todos bien allá –expresó Blaze
con cierto alivio luego de escuchar el mensaje de la Ondina mensajera
en palabras de su amiga, mirando la columna del castillo destruida,
sin saber que era realmente lo que se fraguaba al interior de la
construcción.

Starmancer
logró salir desde la parte colapsada del castillo y se encontró de
frente con una gran cantidad de muertos vivientes que lo esperaban
con especificas instrucciones: unirlos a sus filas, no sin antes
hacerlos sufrir para pagar la afrenta al ego del falso Chained God.
El mago albino se agachó con cautela, mirando en todas las
direcciones, encontrándose completamente rodeado, dejando a Cami en
el piso con delicadeza, encendiéndose múltiples brillos alrededor
de su cuerpo.

Shining
Eyes
–murmuró
Starmancer, rodeado con luces que le servían de ojos extras, los
cuales reaccionaban y enviaban imágenes de lo que reflejaban al
cristal dentro de su ojo, permitiéndole ver todo su entorno casi al
mismo tiempo, solamente dependiendo de su tiempo de reacción ante
los ataques enemigos.

El
mago invocó también su guadaña, esperando a que atacaran los que
no debiesen ser sus enemigos, sin dejar de mirar a Camellie mientras
esta reposaba en el piso. El falso Chained God llegó también a
escena, comandando a sus marionetas a mantenerse alerta y no
acercarse a Starmancer.

No
conocía esa técnica –observó el inquilino del cuerpo de Ed al
quedar frente a Starmancer, revisando en los recuerdos del dormido
muchacho sin su permiso.

Es
nueva… –respondió Starmancer con enojo, apretando su mandíbula,
sabiendo que su amigo aún estaba allá dentro, lo que limitaba su
actuar—. Ed no la alcanzó a conocer…

Tienes
razón, casi le cortas el cuello rato atrás –respondió el falso
demonio haciendo el ademán de haber sido decapitado con el índice
de su mano izquierda, todavía sintiendo una delgada y fría línea
atravesando su cuello de lado a lado, aunque no alcanzó a recibir un
corte real.

¡¿Cuál
es tu puto problema?! –exclamó con rabia Starmancer, apretando sus
puños en torno al mango de su guadaña, cayendo en las provocaciones
del falso Chained God—. ¿Acaso te entretiene hacernos sufrir?

La
verdad es que no lo había meditado hasta ahora, pero creo que la
cercanía que tengo con ustedes dos me hace querer verlos sufrir
–respondió el controlador del aparato bucal de Ed, sonriendo de
forma macabra.

Los
muertos vivientes comenzaron a recoger piedras desde el piso mientras
empezaban a rodear a Starmancer desde una distancia segura para no
ser rebanados por la larga y delgada hoja de su guadaña de luz.

Humanos,
peces, rocas –pensó el mago, sintiendo la presión de estar
rodeado y no saber si iba a ser capaz de detener todos los golpes que
se dirigieran a Camellie y a él, priorizando a su alicaída mujer
por sobre todo—. ¡Maldición!

¿Qué
pasó? –preguntó el maestro de las desmembradas marionetas con
tono burlesco—. Rato atrás te retirabas de forma muy dramática y
ahora te veo un poco… ¿petrificado?

El
falso Chained God dio la orden y los muertos comenzaron a lanzar su
primera oleada de piedras, siendo repelidas casi en su mayoría,
mientras que otras fueron tan mal lanzadas que solo le bastó con
evitarlas para no ser golpeado, aunque de igual manera recibió
algunos pedradas en las zonas cubiertas por sus ropajes, comenzando a
sentir como los lugares impactados se hinchaban lentamente. Al menos
logró proteger exitosamente a Camellie, por lo que sonrió por su
fugaz victoria.

¡Ah,
ahora entiendo! Estás protegiendo a Cami –comentó el invasor del
cuerpo de Ed al entender la estúpida sonrisa que veía en el rostro
de Starmancer—. ¿Crees poder lograrlo ahora que apuntaremos a los
dos al mismo tiempo?

Starmancer
levantó en vano sus brazos para pedirle al falso ser que no lo
hiciera, que se detuviera, pero las rocas volaron igualmente hacia su
posición casi sin dilación. Sin embargo, antes de que Starmancer
alcanzara a reaccionar para agacharse y proteger a Cami con su
cuerpo, fue cubierto por una semiesfera de color azul Capri claro y
transparente, rebotando todas las piedras lanzadas antes de que
pudieran impactarlos, salvándose los enamorados de la segunda oleada
de piedras.

¿Qué…?
¡Yiiiihihi! –exclamó con repelús Starmancer al mirar hacia todos
los lados y encontrar sobre uno de sus pies una especie de piel
desollada con un rostro derretido y de orificios vacíos, alejándolo
con una leve patada para no tocarlo con sus pies, notando el cabello
y ropajes del cuero desparramado después de su acción reflejo,
entendiendo la situación de inmediato—. ¡Dios, me casi me matas
de susto, Claire! Perdón por patear…te, patear tu piel…

Claire
respondió con bellos trinos acuáticos, repeliendo una tercera
oleada de rocas que se inició de inmediato al ver que los magos
humanos estaban siendo protegidos.

¿Puedes
seguir protegiéndola? –preguntó Starmancer a las Ondinas
unificadas, de pie dentro de Claire.


–respondió Claire con decisión, dejando al mago pasar a través
de ella sin mojarlo, quien se lanzó contra los muertos vivientes con
un veloz salto.

Starmancer
cercenó a los primeros enemigos, recibiendo unas leves pedradas al
abalanzarse contra estos, siendo mordido en los brazos por las
marionetas a las cuales no les importaba ser rebanados mientras
pudieran dejarse caer sobre él después de ser cortados. El falso
Chained God se alejó de sus criaturas, sabiendo que era el verdadero
objetivo del mago de la guadaña, aunque sin dejar de dirigirlas para
atacar a su único contrincante. Desde el exterior comenzaron a
llegar nuevos muertos para reemplazar a los completamente
inutilizados, lo que fue notado de inmediato por Blaze y Hänä.

En
serio, ¿qué mierda está pasando allá adentro? –preguntó con
cansancio Blaze, viendo como los muertos las abandonaban y dejaban de
ayudar en el campo de batalla—. ¿Qué fue lo que se nos pasó?

Enviaré
a mi Ondina a investigar –dijo Hänä, aunque la gran cantidad de
nuevos enemigos que los estaban comenzando a atacar no le dejaba
concentrarse para llamar a su pequeña amiga.

Blaze
protegió a Hänä mientras esta lograba contactar a la Ondina
mensajera y que en el campo de batalla los titánicos contrincantes
continuaban con su contienda.

Los magos amalgamados ahora apostaban por sofocantes y gigantes bolas
de fuego para asar vivos a sus contrincantes.

¡Solo
se los permito mientras no me roben el protagonismo! –exclamó
Blaze a los magos al ver las que ella consideraba unas copias baratas
de sus Fire Balls, olisqueando el campo de batalla después de los
impactos—. Qué bien huelen los pescaditos…

Los
monstruos agrupados exudaron tinta para hidratar las quemaduras que
humeaban en la superficie de su ya oscura piel, chorreando el piso
con el exceso de líquido, escuchándose crujidos desde el interior
de la criatura, emergiendo sobre su piel múltiples placas
opalescentes que lo cubrieron enteramente, adoptando también una
forma humanoide, como si fuera una armadura de infinitos y vibrantes
colores. Los magos atacaron nuevamente con sus bolas de fuego, pero
estas parecían resbalar sobre la vistosa coraza, desviándose hasta
caer sobre el la orilla del mar, evaporando el agua de la húmeda
arena.

¡Cambiaron
de nuevo! –exclamó Blaze a Hänä por la nueva transformación de
los gigantes acuáticos, quien recién había logrado enviar a su
emisaria a comunicarse con Claire, retomando la defensa del
castillo—. ¡¿Crees que deberíamos ir a ayudarlos?!

¡¿A
quiénes?! –consultó Hänä, sin haber escuchado bien la primera
exclamación de su amiga—. Recién envié a la Ondina al interior
del castillo, esperemos que llegue con una respuesta.

¡No,
no al castillo! ¡A los magos! –exclamó Blaze, acercándose a la
ubicación de su amiga, no sin antes reventarle la “cabeza” a un
mini cangrejo que cargaba con un par de espadas entre sus tenazas en
el campo de batalla—. ¿Cómo estás?

Creo
que igual que tú… ¿agua? –ofreció Hänä a su amiga, formando
dos bolas de agua flotantes frente a ellas, bebiéndolas ambas de
inmediato con desesperada sed, tosiendo la maga del agua.

Que
delicia… –dijo Blaze en forma de agradecimiento, secando la
comisura de su boca y respirando de forma profunda, esperando que sus
enemigos se abalanzaran sobre ellas, para no seguir perdiendo parte
de su desgastada energía que debían gestionar hasta que la batalla
finalizara—. Aunque no me molestaría que la
convirtieras en cerveza.

Hänä
la miró con los ojos entrecerrados con expresión de hartazgo,
suspirando con resignación, sintiendo la misma trivial urgencia que
su amiga.

Sí,
en este momento también me vendría bien una jarra… –respondió
con evidente cansancio Hänä, arrojándose al piso para descansar un
rato, viendo las batallas que se gestaban lejos de ellas—.
¡Y todavía faltan los más grandes!

Tienes
razón –respondió
Blaze, sentándose al lado de su amiga, observando las grescas como
si se tratara de una obra de teatro en extremo realista—.
El problema son los medianos que aún no acaban de arrasar el campo
de batalla.

Y
no sabemos qué es lo que pasa allá dentro –apuntó
Hänä, viendo si su Ondina mensajera estaba por ahí ya de vuelta,
no encontrándola en ninguna parte.

Sí,
no sabemos nada… –respondió meditabunda Blaze, quedándose
mirando un rato al infinito, pegando un salto repentino al recordar
algo—. ¡Knohsees!

Hänä
dudó unos segundos y dio un respingo al recordar en lo que estaban
antes de iniciar la batalla.

Estaba
cansada, pero ya no –dijo
Hänä, levantándose del suelo, sacudiéndose la tierra de las
posaderas—. ¡Vamos a
buscarlo!

Al
fragoroso centro de la batalla –complementó
Blaze, levantándose de un salto, con los ojos encendidos y
vigorosos.

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