Hay personas que llegan como si hubieran estado buscándote toda la vida.

Se sientan en lo más cálido de vos, en ese rincón donde guardás lo genuino, y ahí se quedan el tiempo suficiente para aprender tu forma de querer.

Aprenden tu paciencia, tu manera de escuchar, tu forma de hacer sentir importante a alguien sin pedir nada a cambio, y cuando ya lo conocen, cuando ya lo sienten propio, se van, como si lo bonito que tenés fuera un lugar de paso y no un hogar.

Y vos te quedás ahí, mirando el espacio que dejaron, preguntándote si diste demasiado, si fuiste mucho, o si hay algo roto en vos.

Pero no. Sos alguien que sabe dar sin medida en un mundo donde muchos solo saben recibir.

Lo que duele no es que se vayan, es que se llevaron partes tuyas sin aprender a cuidarlas. Y aun así seguís teniendo algo que ellos nunca van a poder llevarse: la capacidad de amar así.

Algún día, alguien no va a venir a tomar. Va a venir a quedarse, a construir, a devolverte todo eso que siempre diste sin garantía.

Y ese día, vas a entender que nunca fue un problema ser quien sos, solo que estabas rodeado de personas que no sabían quedarse.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS