La realidad (según un manuscrito encontrado en una biblioteca hogareñas)
En una sala lateral de una mansión, situada en un rincón del mundo; un bibliotecario anónimo dejó un cuaderno. En la primera página escribió: “La realidad es resbaladiza”. —No añadió fecha.
En el cuaderno hay tres definiciones, como si el autor hubiese querido ordenar el caos con la certeza de un índice.
Física (ciencia)
Decía que la realidad era aquello que podía describirse con leyes y modelos matemáticos.
No lo que vemos, sino lo que puede medirse.
Añadía que, en la mecánica cuántica, la realidad depende del observador:
una estructura profunda, invisible, coherente, pero no necesariamente fija.
El bibliotecario anotó al margen:
“ La realidad cambia cuando la observo.
Esoterismo
Aquí el tono humano es otro.
La realidad, es solo una capa: detrás hay planos, energías, conciencias.
Lo visible es un velo.
La verdadera realidad se oculta en dimensiones que no admiten descripciones.
Alguien, quizá otro lector, escribió con tinta roja:
“Lo oculto no es más real: solo es más paciente.”
Budismo
La tercera definición era la más austera.
La realidad no es sólida ni permanente.
Todo es impermanente y sin esencia fija.
Lo que llamamos “realidad” surge de la mente y de la interdependencia.
Síntesis final (hallada en la última página, escrita con otra caligrafía)
Para la física: Es medible, pero extraña.
Para el esoterismo: aparente, multidimensional.
Para el budismo: transitoria, sin esencia fija.
Y luego, una frase que parecía un intento de clausura.
“La realidad es aquello que parece sólido… hasta que se la observa profundamente.”
Debajo, con letra pequeñita, alguien añadió:
“¿la realidad es real?” No había firma.
Un músico que leyó este texto dijo:
“La realidad es vibración”. Y agregó:
Lo real —no existe—, pero se puede escuchar.
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