El ayuno de la existencia

El ayuno de la existencia

Ema UB

06/04/2026

¿Qué me ocurrió?

Recuerdo ir a dormir, sumirme en una profundidad que no logro recordar. El reloj marcaba 18h41 y supuse que me había extraviado en una especie de marejada de sueños. El calendario bautizaba el día como viernes 19 y yo había ido una noche de miércoles 17.

¿Acaso es posible dormir tanto sin medicarse? ¿Qué me ocurrió, y lo más importante por qué no recuerdo los eventos de aquellos días?

Deambulé por mi habitación, mis ojos se cansaban rápidamente, reclamaban atascarse en el interior del descanso; volver al mundo onírico en el que estaban. El cuerpo me dolía, el moretón de la mano izquierda había crecido exponencialmente, la sangre se había detenido entre las uñas, el púrpura comenzaba a divagar hasta los ganglios axilares. Sin embargo, el dolor seguía latente en el movimiento total del brazo. Sintiéndome un poco atónita bebí agua en el lavadero del baño, levanté mi rostro y el espejo me dio un azotón. Mis ojos completamente manchados de coágulos rojos, ojeras existenciales sostenían la carne a punto de obscuridad y los labios sangraban con tan solo una gesticulación facial, mi apariencia se había demacrado totalmente.

¿Qué me ocurrió? La sed y los indicios dictaban nada sorprendente, solo había dormido bien, había logrado descansar después de tantas noches macabras de parasomnia, pesadillas, parálisis del sueño y extrañas alucinaciones mentales. Si de esto se trata descansar, he de decir que quiero volverlo a intentar, en especial, ya no siento la misma emoción reverberante en mi cabeza durante aquellas noches pasadas. Ya no me llama la atención ese gran enamoramiento, erotomanía o locura por saber qué es lo que hacías, siento un total desapego, esto último es lo que más me sorprende.

Regresé al abrazo de sábanas, mis ojos se entregaron a sus propias pasiones y olvidé.

Lo que en verdad ocurrió…

La luz del día no ha llegado, amaneció y la oscuridad se disfraza sempiterna. ¿Ceguera voluntaria?

Hoy decidí morir por algunas horas, estando muerta mi piel desnuda se enfriará del infierno que suele sentir por el trajín diario. Mis latidos se suspenderán, la adrenalina ya no impulsará la marcha del motor. Mi mente agotada encontrará la vacuidad del olvido. Mi motricidad reposará en un rincón, así por fin me habré detenido. Los gusanos le harán el amor a la carne y los huesos se desnudarán de esa vestimenta extraña, harapienta y pesada.

Decidí morir por algunas horas. Muerto el perro, acabada la rabia. Desaparecida de los caminos se termina la curiosidad de esos ojos malvados que me esperan para examinar la naturaleza de mi soledad.

¿Por qué me miran tus ojos con tanta nostalgia, acaso esperabas que te devuelva ese mirar con la misma devoción?

Muchos inviernos solitarios este cuerpo ha soportado, yo no soy lo que estás imaginando, lo que tu mente va recreando para la satisfacción de tus noches abismales es una errata. Mi mano no sostendrá la tuya, gusta de acariciar el viento insociable y mis labios jamás aterrizarán sobre los tuyos. Comprenderás que prefiero dejar morir el gusto de verte, alargar la madrugada nigérrima con tal de tranquilizarme.

Me dejé morir por algunas horas y cuando desperté ya no sentía nada. La razón volvió a su silla, gobernó, la emoción murió y el “amor” se convirtió en palabra que no conjugaré en mi corazón, sobre mi piel o el reflejo de tus ojos.

Fue extraño lo que sucedió y personalmente me gustaría encontrarle una razón, pero generalmente siempre que pienso en exceso termino con sueño y me suelo perder por días enteros.

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