Ella no solo habita el arte, lo desarma y lo vuelve a crear con cada gesto.

Hay personas que se parecen a un poema, pero ella es la pausa entre los versos, ese instante donde uno respira y entiende lo que no estaba escrito.

Es pintura, sí… pero no de esas que se cuelgan en una pared, sino de las que te miran de vuelta, de las que cambian según la luz y según el ánimo de quien las contempla.

Su voz no hace música: la recuerda. Como si el sonido supiera de dónde viene antes de existir.

Y su silencio… su silencio no es ausencia, es un idioma que pocos saben traducir, una canción que no necesita oídos porque se escucha en otro lado, más profundo, más inevitable.

A veces uno se cruza con alguien así y no entiende si admirar o resguardarse, porque lo bello también puede ser peligroso: te obliga a sentir, te rompe la costumbre, te arranca de lo simple.

Hay personas que no pasan por tu vida, te atraviesan. Y después de eso, ya no volvés a mirar el mundo de la misma manera.

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