La ingeniosa e hidalga

Indignada me hallo ante tamaña desfachatez que se acaba de poner en mi conocimiento. Pues antaño, una noble compañera de ciencias recibió una nota de su esposo que vergüenza me da reescribir aquí en esta página. Sepan vuestras mercedes que no hubo caballero más cobarde que hiciera poner mano a mi pluma con mayor indignación. Y puesto que su cobardía le hace desmerecedor de tan noble título, hete aquí su nombre, Sr Einstein, para vergüenza de quienes lo conocieron u oyeron de sus andanzas de inteligente caballero, pues quedan destronadas por sus otros menesteres.

Pongo en conocimiento de vuestras mercedes que dicha nota manuscrita negaba techo y comida a la esposa si esta no obedecía menesteres de sirvienta o dejaba escapar palabra sin licencia dada. Además, debía renunciar a la intimidad conyugal, pues en el lecho del mancebo esperaba otra señora para el refocilamiento o, dicho de otro modo, sosegar su intimidad.

La historia ya está escrita y no puede deshacerse mas yo, como caballera literante de la noble escritura, bajo el justo mandato de mi humilde pluma, deseo poner en conocimiento de vuestras mercedes la colaboración de la sin par Mileva Maric en los quehaceres que coronarían a su desleal esposo, Albert Einstein, con el Premio Nobel, y las humillaciones a la que esta fue sometida por parte de tan deshonroso caballero.

Desde este mismo instante y lugar doto con el noble título de caballeras andantes a todas las señoras, princesas o Dulcineas. Les hago entrega de la armadura de la autoconfianza para no mantenerse calladas ante el agravio de sus esposos y defenderse. Pues no deben divisar gigantes en su camino, sino simples molinos de viento ante los que blandir la espada y luchar si fuera menester.

Y hete aquí que signo con mi pluma para que por todas y todos sea sabido,

La ingeniosa e hidalga,

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