Perdida

De alguna manera supo que todo llegaba a su fin.

Tanto tiempo ahí, en ese lugar. Nada le faltó, todas sus necesidades fueron atendidas puntualmente. No sintió hambre, ni frío, ni calor.

Estaba vivo. Sin embargo…

¿Era eso vivir?

Ahora estaba frente a lo desconocido. Siempre supo que el día llegaría, pero, la inminencia lo asustaba.

Sintió una sacudida, luego otra, después la calma. Comenzó a irse. Atrás quedo el cuerpo, una extraña fuerza lo empujaba hacia la luz.

A veces retrocedía, pero ante su asombro, él mismo luchaba por avanzar. Ya no había retorno posible. La luz lo atraía, sabía que hacia ahí debía dirigirse.

La fuerza lo empujaba cada vez con mayor intensidad, él se dejaba llevar.

Intentó volverse para ver el lugar que había dejado. No pudo, ya casi estaba al final del canal.

La luz lo cegó. Sintió frío. ¡Estaba afuera!

—¡Es un varón! —dijo el médico.

Madre e hijo lloraban. Cada uno a su manera, había perdido algo.

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