La preocupación que se instaló en Víctor fue real cuando observó las manos desnudas de Micah sobre la nieve. Las veía rojízimas, probablemente heladas estarían también, aunque el mago ni se inmutaba mientras formaba bolas de nieve para unirse a la pelea con los demás estudiantes.
Desde ese día, a Víctor le fue imposible olvidar aquella imagen, así que decidió comprarle un par de guantes tejidos a Micah. Iba caminando con total determinación en dirección al centro de entrenamiento donde el mago practicaba.
<<Te compré estos guantes porque me preocupé por ti>>.
<<Toma, son para que no pases frío>>.
<<Micah>>, y se imaginó aventándole los guantes a la cara, pero de inmediato descartó ese escenario, no era muy propio de él.
Cuando menos se dio cuenta, ya había llegado al campo abierto, y justamente Micah se encontraba en pleno entrenamiento, controlando un pilar de nieve que se transformaba en diversas armas medievales.
Las manos frías.
—¡Vic! —el mago lo llamó desde lejos.
Víctor llegó a la conclusión de que quizá Micah no necesitaba de un par de guantes para calentar sus manos, ya que siempre podía usar el Hwansu para invocar el fuego, pero el pensamiento le vino demasiado tarde.
—Micah, hola…Te compré estos guantes porque tus manos… Bueno, me imagino que están frías por el invierno y ahora que estás entrenando al aire libre, supongo que se te llegan a congelar; aunque ahora que lo pienso, creo que puedes mantenerte caliente con el fuego, ¿puedes hacer eso? Y en dado caso de que uses los guantes, ¿puedes seguir usando magia o te estorbarían?
—Víctor… —Micah lo interrumpió curvando los labios en una sonrisa traviesa—. Gracias por los guantes, me hacían falta unos.
En ese momento, el mago le tomó de las mejillas con suavidad, sus manos se sintieron tibias.
OPINIONES Y COMENTARIOS