El tiempo es un ser envidioso, envidioso de la belleza, la juventud y la energía. Busca, de cierta forma, arrebatar las cosas que tanto anhela: roba esperanzas, amores, energía y pasiones. Las reemplaza con simple experiencia y unas cuantas arrugas. A veces es un poco encantador y te regala sabiduría, pero al final también decide negar todo lo dado, dejando únicamente un cuerpo sin alma, sin nada que lo simbolice como “ser”. El tiempo solo deja un cascarón hecho de calcio y hierro.

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