¿Qué le digo a ella?
Encendí mi computadora con prisa,
apenas apartando a mi hija del asiento,
mientras en mi mente desfilaban
las palabras que quería escribir.
Buscaba entre todas
aquellas que pudiera decirle a ella,
palabras capaces de curar su alma dolida.
Porque de mí necesita escuchar algo:
un gesto de apoyo,
una voz de amigo,
de hermano.
Pero… ¿qué le digo a ella
si en su rostro se dibuja un dolor
tan insondable como la vida misma?
¿Qué palabras pueden nacer de mi boca?
para sacarla de esa zona oscura,
oscura como la noche profunda
cuando la luna brilla con ímpetu
y las cigarras entonan
sus cantos de tristeza nocturna
¿Qué le digo?
si mi consuelo apenas habita
en pensamientos profundos,
tan profundos
que a veces ni siquiera yo
logro encontrarlos o recordarlos
Allí, en ese rincón del alma
donde termino odiando mis propias palabras,
descargando mi mente
con reproches impropios de mi propio ser.
¿Qué le digo a ella?
si en sus pensamientos aún descansa la esperanza,
la esperanza de no perder
algo que cree haber ganado
Pero…
¿qué ha ganado realmente?
¿Acaso lo que creemos nuestro
es verdaderamente nuestro?
¿Qué quiere escuchar ella?
Si en mí no habita la certeza del saber,
pero sí el deseo sincero de su bienestar.
Y cuando abre la puerta,
la tristeza camina a su lado.
Su rostro, vacío de alegría,
parece decir que el tiempo pasa demasiado rápido,
como si las manecillas del reloj
zumbaran apresuradas
sobre su propia vida.
¿Qué le digo a ella?
si la alegría desbordante de su juventud
la abandona con cada paso,
con cada lágrima derramada
¿Qué puedo decirle a ella?
cuando ha sido ella misma quien me enseñó
que la calma y la serenidad
deben habitar en cada una de mis decisiones,
para que, en un futuro lejano,
no sea el arrepentimiento un juez amado.
Y el tiempo, enemigo silencioso que no espera,
va marcando con su tic tac
las punzadas de un camino sin retorno.
¿Qué te digo, querida amiga,
que alivie tu dolor
y encienda nuevamente
la esperanza que necesita tu corazón?
¿Que puedo decirle a ella?
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