Extraños del Infierno

Extraños del Infierno

Aibun

15/03/2026

Cuando llegas a un lugar nuevo, rodeado de personas que no conoces, metafóricamente estás entre extraños. Algunos pueden convertirse en aliados, incluso en personas que te tienden la mano; pero otros pueden complicarte la vida. Por eso, a veces siento que uno convive con una mezcla de ángeles y demonios. El ser humano muchas veces busca aprovechar las oportunidades que se le presentan y, cuando tiene poder o ventaja, no siempre duda en imponerse sobre los demás. Pareciera que muchos están acostumbrados a recibir ayuda, pero no necesariamente a ofrecerla.

Entonces surge una pregunta inevitable: ¿vivimos en una sociedad donde muchas personas prefieren agachar la cabeza antes que cuestionar o cambiar las cosas?

En el terreno político esto se vuelve aún más evidente. Cada tres o seis años, durante los procesos electorales, muchos políticos reaparecen, salen de sus oficinas y comienzan a acercarse a la gente, especialmente a quienes viven en condiciones más vulnerables. Se toman fotos, escuchan problemas, reparten apoyos o pequeñas ayudas. Pero la duda siempre queda en el aire: ¿hasta cuándo muchas personas se darán cuenta de que entregar su voto a quienes solo aparecen cuando lo necesitan no necesariamente cambia su realidad?

Las despensas o el dinero momentáneo pueden aliviar una necesidad inmediata, pero no resuelven los problemas de fondo. Una vez que quienes buscan el poder lo consiguen, muchas veces las promesas desaparecen y los ciclos de corrupción o abandono vuelven a repetirse.

Esto recuerda, de alguna manera, a la historia que describe el gran escritor colombiano Gabriel García Márquez en Cien años de soledad. En el mundo de Macondo, al inicio la comunidad se sostenía a partir del apoyo mutuo entre sus habitantes: se cuidaban entre sí, compartían recursos y buscaban el bienestar colectivo. Sin embargo, con la llegada de la política y la lucha por el poder, comenzaron los conflictos, las divisiones y las tragedias.

Por eso surge una reflexión: ¿qué pasaría si las comunidades volvieran a priorizar la solidaridad, el apoyo mutuo y la organización entre las personas, más allá de los intereses de quienes buscan poder? Tal vez el verdadero cambio comenzaría cuando la gente se reconozca como mayoría y entienda que, unida, tiene la capacidad de exigir gobiernos más justos y una política verdaderamente al servicio de la sociedad.

Ese día podría nacer una nueva forma de hacer política: una que realmente responda a la gente y se construya desde la gente misma.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS