Hay una niña que vive en mí.
No en el pasado, no en la nostalgia
sino aquí, presente, respirando.
A veces me busca en los reflejos,
me toma de la mano sin pedir permiso
y me recuerda, suave,
que no todo merece el mismo peso.
Que hay cosas que escapan,
otras que piden que me ocupe,
y algunas ( las más difíciles)
que solo piden que las deje pasar.
La escucho mejor en las mañanas lentas,
con el mate entre las manos,
cuando el mundo todavía no exige nada y hay un silencio que se puede habitar.
No es un trabajo que se termina.
No hay llegada, no hay diploma.
Es volver, una y otra vez,
cebar de nuevo,
y confiar en que hoy es suficiente.
La adulta navega el mundo… la niña recuerda para qué.
OPINIONES Y COMENTARIOS