Como si nunca te lo hubiera dicho.
Sí, eres preciosa, ¡ni cómo negarlo! Pero no es suficiente para tapar ese orgullo tuyo tan propio de ti, por cierto.
Te he dicho que con tu aguijón dañas a cualquiera. Recuerda morder tu lengua, cuando una palabra «sincera» tuya considere salir de esa boca.
Que sí, dañas demasiado. A mi también me has dañado, pero que yo haya decidido soportar no significa que los demás deban hacer lo mismo.
Falta agregar que eres obstinada, tercamente obstinada. Nunca callas por más errada que estés, y nadie puede detenerte, aun si el mundo girara al revés.
¿Habrá algo que pueda detenerte?
Sí, esto y más es lo que eres, pero tranquila, que así y más puedo amarte.
Mi preciosa, terca y obstinada.
OPINIONES Y COMENTARIOS