CASO 16 – “El hombre que coleccionaba despedidas”

CASO 16 – “El hombre que coleccionaba despedidas”

LuFer

08/03/2026

El Tribunal del Tiempo abre sesión.

Entra un hombre con un aura extraña.

No parece triste…

pero carga algo que huele a estaciones que se van.

No arrastra maletas.

Arrastra ausencias.

El Tiempo lo observa con gravedad.

Lo reconoce.

Los que coleccionan despedidas no lo hacen por gusto…

sino por miedo a quedarse demasiado.

I. Recepción de Testigos

El primer testigo es un boleto de autobús doblado, tan viejo que casi se deshace.

—Fui su primera huida —dice—. Cuando se asustó del cariño, me tomó y se fue.

El segundo testigo es una foto de pareja cortada por la mitad.

—Yo fui un “te quiero” que él abandonó antes de que se volviera compromiso —declara—. Tenía miedo de ser elegido… porque eso significaba no poder escapar.

El tercer testigo es un mensaje no contestado, flotando como un fantasma digital.

—Ella le escribió: “¿Estás bien?”. Él lo leyó. Lo ignoró. No sabía quedarse cuando lo necesitaban.

El cuarto testigo es una cama vacía, perfectamente tendida.

—Nunca durmió abrazado —dice la cama—. Siempre dejaba un espacio por si necesitaba irse.

El último testigo es una despedida que nunca dijo, un eco suave.

—Yo debía pronunciarme —susurro—, pero él se fue sin explicaciones. Se fue para no ver el dolor de los demás.

El hombre traga saliva.

Finalmente escucha todo aquello de lo que siempre huyó.

II. Examen de los Hechos

El Tiempo despliega la cinta.

Aparecen:

• relaciones que rompió antes de sentir algo profundo

• amistades que dejó enfriar para no comprometerse

• ciudades donde vivió suficiente para no extrañar

• trabajos que abandonó para no encariñarse

• vínculos que evitó para no tener que despedirse luego

• abrazos que cortó demasiado pronto

• promesas que no hizo para no fallar

• personas que lloraron su ausencia y nunca escucharon el porqué

El hombre intenta defenderse:

—No quería lastimar a nadie.

El Tiempo responde:

—Y terminaste lastimando a todos.

La cinta muestra la verdad oculta:

Él también lloraba cada despedida.

Pero lloraba solo.

Le asustaba más ser querido…

que estar solo.

Se ve una escena clave:

Una mujer llorando en una ventana.

Él caminando hacia la calle sin mirar atrás.

Y cuando está solo…

se desploma.

El Tiempo lo mira con ternura brutal.

—No huías de ellos. Huías de la posibilidad de quedarte.

III. Sentencia

La sala se llena de un silencio tibio,

casi como una mano que se posa sobre el hombro.

El Tiempo dicta:

—No te culpo por tener miedo de perder.

Te culpo por no haber permitido que algo realmente fuera tuyo.

El hombre tiembla.

—La vida no es una colección de adioses —continúa el juez—.

Es una serie de presencias que hay que cuidar.

La sentencia final cae con precisión:

—Tu condena será esta:

quedarte una vez.

Con alguien.

En un lugar.

En un proyecto.

En un abrazo.

—Aunque te dé miedo —añade el juez—.

Sobre todo si te da miedo.

El reloj marca 03:17,

la hora en que algunos dejan de irse

y aprenden, finalmente, a quedarse.

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