Las almas de los vivos se quedaron.

Las almas de los vivos se quedaron.

«Las almas nunca permanecen muertas, como si fuesen un humo que no tiene nada que decir, lo supe al abrir  aquella puerta, y escuchar ese roce inigualable que no sobra, cuando  tus dedos que se aferran a lo humano, a lo que fuiste, y que quieres recordar con los demás. 

Nos habíamos anteriormente percibido, en el mundo casi exacto de lo vivo. Fue ese camino que nos desveló la trayectoria, de los que creen ahora o ya han creído, tratando de cambiar con voz cerrada, la exquisita frialdad de lo más viejo, por el elegante adjetivo de lo antiguo.

Ya en una época,  los muertos habían sido prohibidos, mas tuvieron que anular la ley pactada, porque muchos de los vivos quedaron apartados, de ese espacio compactado e ilimitado, según se dijo.

Fue el amor el que  se interpuso con inusitada seriedad; su breve risa, su fragancia, su indulgencia y ordenó, con esa persuasión de abrazos compartidos, que había que otorgar a los que existen, el principio del útero tranquilo, por un espacio donde al final, después de amarnos, seguramente  seríamos trascendidos. 

Aquel pacto de la Tierra con nosotros, eterna madre de las criaturas circunspectas, que fue aprobado  por intuición de todos, que  nos entregaríamos después nosotros mismos, para que la tierra  nutriera sus entrañas, en armisticio. 

Primero devoramos a sus hijos, después anulamos con blasfemias, el justo culto, por los seres que pidieron  su clemencia, y le temieron, tan justo a tiempo, que la tierra sonrió con indulgencia. 

Pero la admiración y la bondad que acompaña al viejo amor, siempre resucitará en  cada pecho, si al final  se constatara que el sentimiento, esa mezcla del afecto extraordinario  y la gratitud, la admiración  tan primordial, fue verdadero.» 

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