El tiempo no pasa. El tiempo arrastra.
Es como un río ancho que no se detiene jamás. Uno se sienta en la orilla creyendo que todavía queda mucho paisaje por delante, que siempre habrá otro amanecer para decidir, otro verano para intentar ser feliz. Pero cuando mirás hacia atrás, descubrís que el río ya se llevó media vida sin pedir permiso.
Y entonces aparece ese amor. Un amor que no pudo ser.
No porque no existiera, sino porque nunca tuvo un lugar donde vivir.
Era como una casa construida en el aire. Hermosa desde lejos, imposible de habitar. Un faro que iluminaba el mar, pero cuya puerta siempre estaba cerrada. Y uno se queda ahí, mirando la luz durante años, esperando que alguna vez se abra.
Pero los años pasan igual. Las estaciones cambian como páginas de un libro que alguien hojea demasiado rápido. Y un día te das cuenta de que el tiempo no te estaba esperando. Que el tren siguió avanzando mientras vos te quedaste en el andén de lo que no fue.
Y entonces llega esa pregunta incómoda, esa que nadie quiere hacerse:
¿En qué momento se me fue la mitad de la vida?
Es extraño… Porque por fuera todo parece normal. Uno sonríe. Habla. Hace chistes.
Sigue trabajando, saliendo, viviendo. Como un actor que se aprendió bien el guion.
Pero por dentro hay habitaciones en silencio. Lugares donde el polvo se acumula sobre las ilusiones que nunca se usaron.
A veces la tristeza es así: no hace ruido.
Es un invierno silencioso que vive dentro del pecho mientras afuera uno sigue diciendo que está bien.
Y lo más difícil no es haber perdido ese amor.
Lo más difícil es mirar el reloj de la vida y pensar que tal vez ya no queda tanto tiempo para empezar de nuevo.
Porque cambiar de vida cuando el tiempo parecía infinito era una aventura, pero cambiarla ahora, se siente como intentar girar un barco enorme en medio de un río que corre demasiado rápido.
Y entonces uno se queda en ese lugar extraño: entre la vida que tiene y la vida que alguna vez imaginó.
Sin amar del todo la primera, sin poder regresar a la segunda.
El río sigue corriendo. Y a veces me pregunto si todavía estoy a tiempo de nadar hacia otra orilla o si simplemente voy a seguir mirando el agua pasar, aprendiendo a vivir con la sensación de que mi historia se quedó en la página donde ese amor no pudo ser.
OPINIONES Y COMENTARIOS